Capital riesgo sin capital público
El Gobierno no quiere que sus ayudas y las de la UE sigan sirviendo para apalancar la inversión de los fondos de capital riesgo, habrá que ver hasta dónde es capaz de llegar en un mercado tan repleto de turbulencias como el actual
En medio de la madre de todas las salidas a bolsa, con Elon Musk convertido en el primer billonario de la historia, sólo le faltaba al mercado del capital riesgo una subida de tipos de interés del Banco Central Europeo (BCE). Pero la situación aún puede ser más inestable. En nuestro país, la Administración no quiere seguir sirviendo de muleta a demanda para el capital riesgo, lo que podría adentrarnos en una era cualitativamente distinta a la de las dos últimas décadas.
Forma parte de los intentos del Gobierno para que el ‘Perteapocalipsis’ impacte lo menos posible en el tejido empresarial e incluso pase desapercibido, especialmente en el propio sector público, principal beneficiario de los Pertes. Tiene la esperanza puesta en el as que podría sacarse Bruselas de la manga para el periodo de transición que se abre entre el fin de los Next Generation, con lo poco que le queda, y el arranque del próximo periodo presupuestario en 2028. Como no será mucho, la otra opción es España Crece.
El modelo de relación entre el sector público y el capital riesgo tiene que cambiar
El mensaje que están lanzando las entidades estatales que financian proyectos con alta carga innovadora, como ENISA y la SETT, es que el modelo de relación entre el sector público y el capital riesgo tiene que cambiar. Con el tiempo, se han consolidado prácticas como la toma de una participación en una empresa por parte de un fondo para activar, a continuación, una línea de financiación pública. De ese modo, el dinero del Estado y de la UE acaba sirviendo para apalancar la inversión. En otros casos se opta directamente por fomentar la coinversión privada y pública, que es otra forma de reducir el riesgo.
Si se altera la complicidad del sector público con el capital riesgo, ¿cómo se reasignarán los recursos que deben impulsar a nuestro tejido de emprendedores e innovadores? Será interesante ver hasta dónde está dispuesto a llegar el Gobierno. El debate entre la libertad de empresa y el intervencionismo estatal está adoptando variantes muy intrincadas en los últimos tiempos, y no resulta fácil posicionarse. El fiasco del Eurocaza, por ejemplo, con la cancelación del proyecto europeo por las diferencias entre empresas alemanas y francesas, es un episodio más, last but not least.
El debate entre la libertad de empresa y el intervencionismo estatal está adoptando variantes muy intrincadas
Ni siquiera es fácil saber el suelo que uno pisa con las sacudidas diarias de la inteligencia artificial. Uno de nuestros principales bancos se frota las manos ya ante un recorte del ¡30 %! en los gastos en el área de CIB (corporate & investment banking) gracias a la IA, lo que implicará inevitablemente una reordenación del equipo humano. Las grandes consultoras se están viendo obligadas también a replantearse el modelo de negocio: ¿seguirán facturando por horas si tres cuartas partes del proceso lo hace la IA en cuestión de minutos? Sobra gente haciendo cosas automatizables. Hay que poner precio al valor.
El mirlo blanco para el capital riesgo en el sector de servicios tecnológicos sería algo parecido a una compañía capaz de competir a nivel global con unos pocos trabajadores dotados de la cualidad clave en estos momentos: la de ser expertos y atesorar la experiencia y el criterio necesario para sacar el máximo partido a la IA. Los niveles de productividad en ese contexto pueden ser estratosféricos.
Ni siquiera es fácil saber el suelo que uno pisa con las sacudidas diarias de la inteligencia artificial
El capital riesgo no lo tiene fácil. La explosión tecnológica está provocando un fuerte desajuste temporal entre el desarrollo de un producto o servicio, que necesita ya apenas unas semanas, y su acceso al mercado y a los clientes. Hasta la tecnología queda obsoleta con rapidez, de modo que hay que buscar compañías con una alta capacidad de resistencia y adaptación.
Se valora más a aquellas que resuelven problemas reales y aplican la IA de forma práctica que a las que buscan crear modelos fundacionales o usar la tecnología por simple moda. Uno de los puntos de interés es, por eso, el sector de la salud y la longevidad, donde las patentes, la propiedad intelectual y los tiempos de desarrollo evitan que las soluciones queden anticuadas en pocos meses.
La explosión tecnológica está provocando un fuerte desajuste temporal entre el desarrollo de un producto o servicio y su acceso al mercado y a los clientes
También se buscan oportunidades de futuro en sostenibilidad y defensa, aunque en este último caso el efecto embudo de las grandes corporaciones, como Indra, Airbus Defense o GMV, sigue siendo demoledor para startups y pymes. Ni la propia Defensa consigue saltárselo muchas veces. Y nadie se atreve a decir que el rey está desnudo.
Tras la pandemia, el capital riesgo comenzó a exigir a las empresas y startups retornos reales e ingresos en lugar de promesas de crecimiento insostenible. Fue un fenómeno global. Ni siquiera un recién doctorado de Harvard, Stanford o el MIT recibía con su título dos millones de dólares, como antaño, para hacer lo que su ingenio considerase oportuno.
La irrupción de la IA y las salidas a bolsa de Space X (con Xai), OpenAI y Anthropic, han puesto el mercado patas arriba y han alimentado un nuevo hype, con valoraciones a máximos históricos en ese nicho específico, altas concentraciones de capital y rondas de inversión pre-semilla que antes eran de 150.000 euros ahora alcanzan los dos millones.
La irrupción de la IA y las salidas a bolsa de Space X, OpenAI y Anthropic, han puesto el mercado patas arriba
Demasiado pedir para un país como España que comparte con el resto de Estados miembro de la UE una aversión ancestral al riesgo y no acaba de encontrar la vía para transferir los resultados de investigación al mercado. Que en la Administración central y en muchas de las autonómicas cada uno de esos ámbitos (empresa e investigación) pertenezca a departamentos distintos (curiosamente, suelen estar gobernados además con sensibilidades políticas diferentes), es una de nuestras peculiaridades más pintorescas.
En este contexto, habrá que seguir de cerca hasta dónde se atreve el Gobierno a desacoplar sus instrumentos de financiación de empresas y proyectos innovadores de las prácticas habituales del capital riesgo. O, para que no suene tan provocador, cómo pretende reinventar la situación y hacerla compatible con su apuesta por invertir en sectores emergentes para ayudar a construir un nuevo modelo productivo.
España comparte con el resto de Estados miembro de la UE una aversión ancestral al riesgo
Eugenio Mallol es periodista especializado en innovación tecnológica, autor, conferenciante y columnista. En la actualidad es director de estrategia y comunicación de Atlas Tecnológico, el primer ecosistema de la industria 4.0 en España, y coordinador y analista de la Cátedra Ciencia y Sociedad de la Fundación Rafael del Pino.