Fundado en 1910
LiberalidadesJuan Carlos Girauta

El revoltijo ruso

La ventaja que tienen los autócratas tipo Putin, Sánchez, Ortega el niñero, Lula, Chávez antes de habitar el corredor de la nada, es que cada uno de ellos puede confiar en que su igual hará trampas por sí solo, sin ayuda

Las elecciones a la Duma en Rusia han durado tres días. Creo que ha habido injerencia rusa. Su ansia intrusiva es tal que se injieren en sí mismos cuando no hay otras elecciones a mano. No quiero decir que se ocupen de la logística electoral, que gestionen el voto secreto y libre, el recuento. Eso se lo puede hacer Indra. Bueno, no. Los sondeos se los puede hacer el CIS. Bueno, tampoco. Una cosa es condenar la invasión de Ucrania y otra es quererles tanto mal. Están obsesionados con mentir y con desnaturalizar las democracias. Si injieren, se injieren y se vuelven a injerir, y al tercer día salen con algo que recuerda a Tezanos porque nadie se lo cree y, aun así, se pone en los titulares como si nada, y lo explican en los noticiarios loretes muy serios, sin reírse.

La ventaja que tienen los autócratas tipo Putin, Sánchez, Ortega el niñero, Lula, Chávez antes de habitar el corredor de la nada, es que cada uno de ellos puede confiar en que su igual hará trampas por sí solo, sin ayuda. Cuentan con ello y no ven necesario malmeter contra la oposición ajena desde fuera, movilizar ejércitos de bots. Salvo Putin. Es porque Rusia combina varias herencias autoritarias, totalitarias, genocidas, antisemitas, imperiales, y se ha hecho un lío. No puede parar de moverse, como el conejito aquel o la boquita de Marlasca. Va a piñón. Se mete en todo, Putin. Lleva haciéndolo desde que dejó el taxi, como el Fary, en San Petersburgo. Un ínterin poco estudiado –quizá porque carece del menor interés– entre su etapa KGB y su encarnación del orgullo herido, cuando empezó a triunfar el nauseabundo cóctel arriba citado.

La estética friqui desarrollada en Rusia desde los noventa, cuando la severa crisis y la rebatiña de las empresas públicas, es un reflejo del sincretismo al que conduce la nostalgia de poderío. Mezclan el martillo y la hoz con la cruz gamada. Al cabo, el Holocausto industrializó los pogromos rusos decimonónicos. Y Los Protocolos de los Sabios de Sión, que alimentaron la judeofobia en la Alemania prenazi y nazi (y que la alimentan ahora en Gaza), los había confeccionado el servicio secreto de Nicolás II. Añadan al collage imaginería religiosa ortodoxa y grandezas imperiales. Una abominable mezcla de resentimientos y teorías conspirativas subyace. El ideólogo: Aleksandr Duguin.

Familiarizarse con la perspectiva rusa exige algún conocimiento de los ingredientes del brebaje. Es aconsejable empezar con Limonov, de Emmanuel Carrère, una biografía implacable del notable literato, violento delincuente y fundador de dos partidos que resultan inconcebibles fuera de sus microclimas delirantes: el Partido Nacional Bolchevique y La Otra Rusia (su logo es una granada de mano y un rayo). La famosa injerencia rusa no es solo guerra híbrida, es el contagio deliberado de una epidemia que porta lo peor de la historia contemporánea, para repetirlo. El virtuosismo en la injerencia es que Rusia tenga varios activos españoles colocados en programas de prime time.

comentarios

Más de Juan Carlos Girauta

Últimas opiniones

tracking

Compartir

Herramientas