Eduardo López, director de Imaging y Recording Media de Fujifilm España
Entrevista al director de Imaging y Recording Media
Eduardo López (Fujifilm): «Los jóvenes buscan la imperfección en la fotografía analógica»
Fujifilm celebra 60 años en Europa y cuatro décadas de la QuickSnap. Su director de Imaging y Recording Media analiza el regreso de la fotografía analógica, la pérdida del recuerdo físico y el impacto que tendrá la inteligencia artificial
Durante décadas, hacer una fotografía era elegir el momento, encuadrar con cuidado y esperar. No había pantallas para revisar el resultado ni almacenamiento ilimitado. Cada disparo tenía un valor único y cada copia impresa podía pasar de generación en generación. Hoy, en cambio, se capturan miles de imágenes que rara vez vuelven a verse y que pocos imprimen.
Ese contraste atraviesa dos aniversarios especialmente simbólicos para Fujifilm. Por un lado. los 60 años de la compañía en Europa y, por otro, las cuatro décadas de QuickSnap, una de las cámaras de un solo uso más reconocidas del mundo.
Eduardo López, director de Imaging y Recording Media de Fujifilm España, ha vivido buena parte de esa evolución desde dentro. Con más de 30 años de trayectoria profesional, analiza para El Debate el regreso de la estética analógica entre los jóvenes, el valor de los recuerdos físicos, la convivencia entre cámaras y móviles y los riesgos que plantea una tecnología capaz de generar imágenes cada vez más difíciles de distinguir de la realidad.
— Fujifilm cumple 60 años de presencia en Europa. ¿Cómo ha evolucionado la compañía en el continente durante estas seis décadas?
— Cuando empecé a trabajar en Fujifilm, hace más de 30 años, todo era absolutamente analógico. La tecnología digital prácticamente no existía en ninguna de nuestras áreas de negocio.
En el ámbito de la salud, por ejemplo, las radiografías se hacían con película. En fotografía existían los carretes, las cámaras de un solo uso y el papel fotográfico. Fujifilm se instaló en Europa hace 60 años con una primera fábrica en Tilburg, en los Países Bajos, que continúa siendo nuestra principal fábrica europea.
Cuando empecé a trabajar en Fujifilm, hace más de 30 años, todo era absolutamente analógico
Actualmente, los carretes ya no se fabrican en Europa, sino en Japón. La gran transformación desde lo analógico hacia lo digital se ha producido, sobre todo, durante los últimos 25 años. Hasta aproximadamente el año 2000, Fujifilm era una compañía esencialmente analógica en Europa.
El año 2000 marcó el pico de ventas de carretes. En España se vendía aproximadamente un carrete por habitante y año, lo que suponía unos 40 millones de carretes. Actualmente pueden venderse tres o cuatro millones, pese a que durante los últimos años se ha producido cierto resurgimiento.
Actualmente pueden venderse tres o cuatro millones de carretes al año
En aquella época, una persona hacía de media un carrete al año, es decir, unas 36 fotografías. Hoy resulta inconcebible pensar que alguien haga únicamente 36 fotografías con el móvil durante todo un año.
Fujifilm ha evolucionado desde una compañía totalmente analógica hacia una empresa muy digital. Sin embargo, durante los últimos diez años también se ha producido un regreso a lo analógico, impulsado especialmente por la gente joven y por la fotografía instantánea. Las cámaras Instax ayudaron a recuperar esa experiencia física entre una generación que había nacido en un entorno completamente digital.
El año 2000 fue el pico de ventas de los carretes
— ¿Cuál ha sido el momento más decisivo en la transformación de Fujifilm desde la fotografía química hasta su actual perfil tecnológico?
—Para mí existen tres grandes puntos de inflexión en la transición de lo analógico a lo digital. El primero se sitúa alrededor del año 2000, cuando la fotografía analógica alcanzó su máximo y comenzaron a aparecer las primeras cámaras digitales que podían almacenar apenas un megabyte.
Con la llegada de las cámaras digitales, la gente comenzó a abandonar progresivamente los carretes. En ese momento se perdió algo muy importante: la impresión dejó de ser obligatoria. Cuando se utilizaba un carrete, era necesario revelarlo e imprimir las fotografías.
Eduardo López, director de Imaging y Recording Media de Fujifilm España
Con las cámaras digitales, los usuarios comenzaron a guardar las imágenes en tarjetas de memoria y a descargarlas en los ordenadores, pero no sabían muy bien qué hacer después con ellas. Incluso las tiendas de fotografía tardaron en disponer de dispositivos capaces de leer todos los modelos de tarjetas.
El segundo punto de inflexión fue la aparición del teléfono móvil como cámara. El iPhone y los teléfonos que llegaron después comenzaron a comercializarse, en gran medida, por sus capacidades fotográficas. Actualmente, cualquier anuncio de un móvil destaca la cámara, el número de objetivos, el teleobjetivo o el tratamiento de la imagen.
Con las cámaras digitales, los usuarios comenzaron a guardar las imágenes en tarjetas de memoria y a descargarlas en los ordenadores
El teléfono terminó canibalizando a las cámaras digitales compactas. Había una razón muy sencilla: el móvil era un dispositivo que siempre se llevaba en el bolsillo, mientras que la cámara había que cogerla expresamente para hacer fotografías.
La tercera fase, probablemente todavía más potente, fue la llegada de las redes sociales y, concretamente, de Instagram. En ese momento se produjo una conexión directa entre el teléfono, la fotografía y la posibilidad de compartir imágenes, mostrar la vida cotidiana o expresar la creatividad.
Las cámaras compactas terminaron convertidas en un producto de nicho. Permanecieron las cámaras réflex y los equipos de ópticas intercambiables para quienes buscaban unas prestaciones que el teléfono no podía proporcionar.
Después de esas tres fases estamos viviendo otra: la vuelta al pasado.
—La llegada de la fotografía digital pareció anunciar el final del carrete. ¿Cuándo percibieron que la fotografía analógica todavía tenía futuro?
—El punto de partida fue la fotografía instantánea. Al final de la primera década de los años 2000 comenzó a aparecer una tendencia en Asia, especialmente en el sudeste asiático, entre chicas muy jóvenes que ya habían nacido en un entorno completamente digital.
Estas jóvenes comenzaron a descubrir que la fotografía digital no proporcionaba una experiencia física. Con la fotografía instantánea hacían una imagen, recibían la copia en ese mismo momento y podían tocarla. Curiosamente, después fotografiaban esa copia con el móvil y la subían a las redes sociales.
QuickSnap
Buscaban precisamente ese componente físico, la posibilidad de tocar algo y vivir una experiencia diferente. Ahí comenzó la recuperación de la fotografía analógica a través de la fotografía instantánea.
Fujifilm estuvo cerca de cerrar su fábrica de fotografía instantánea, pero descubrió un camino para mostrar a la gente joven
Fujifilm estuvo cerca de cerrar su fábrica de fotografía instantánea, pero descubrió un camino para mostrar a la gente joven, que era completamente digital, que también existía una experiencia analógica. A partir de ahí se amplió la gama de productos y se llegó a perfiles de consumidores muy diferentes.
El verdadero motor de la fotografía analógica es la gente joven
Sin embargo, los jóvenes buscan precisamente la imperfección, la experiencia de tocar algo físico y la necesidad de pensar antes de hacer la fotografía. También valoran no saber inmediatamente cuál será el resultado.
Cuando se utiliza una cámara QuickSnap, que ahora cumple 40 años, se hace una fotografía sin saber exactamente cómo quedará. Como el número de imágenes es limitado, hay que decidir qué fotografía merece la pena y cuál no. Después hay que esperar varios días, hasta revelar el carrete, para conocer el resultado. Esa experiencia, que la generación digital no había vivido, se ha convertido en uno de sus principales atractivos.
—QuickSnap cumple 40 años. ¿Qué explica que una cámara tan sencilla se haya convertido en un producto reconocido en todo el mundo?
—Fujifilm fue la compañía que inventó la cámara de un solo uso. Desde 1986 se han vendido alrededor de 1.700 millones de unidades en todo el mundo.
Además, estas cámaras se reciclan. Cuando se llevan a revelar, la empresa encargada del proceso abre la unidad, retira el carrete y recupera el resto de los componentes. Se reciclan el plástico, el flash y la pila.
QuickSnap Active
—¿Qué buscan los jóvenes en la fotografía analógica que no encuentran en el teléfono móvil?
—Buscan tocar el resultado, vivir la experiencia y reflexionar antes de hacer la fotografía. Vivimos en un mundo extremadamente rápido, en el que las imágenes se capturan y se consumen a gran velocidad en los móviles y en las redes sociales.
La fotografía analógica propone algo más pausado. También existe un elemento muy importante relacionado con la imperfección. Es muy difícil obtener una fotografía técnicamente perfecta con una cámara de un solo uso.
Vivimos en un mundo extremadamente rápido, en el que las imágenes se capturan y se consumen a gran velocidad
Un teléfono móvil genera un archivo digital muy limpio. Ajusta los colores, la exposición y otros muchos parámetros. En una cámara analógica existe un proceso físico: entra la luz y el resultado depende de si incide de frente, de si existe poca iluminación o de muchas otras circunstancias. Esa imperfección forma parte del atractivo.
—Actualmente se hacen miles de fotografías que rara vez vuelven a verse. ¿Se capturan más recuerdos que nunca, pero se conservan peor?
—La pregunta tiene dos respuestas. Por una parte, se guarda prácticamente todo porque las fotografías quedan almacenadas en la nube. Todo lo que hacemos con el móvil termina archivado en algún lugar.
El problema aparece cuando se intenta recuperar una imagen concreta. Los sistemas como Google Fotos muestran de vez en cuando recuerdos de años anteriores, pero encontrar una fotografía específica dentro de ese océano de imágenes puede resultar complicado.
Encontrar una fotografía específica dentro de ese océano de imágenes puede resultar complicado
Existe una diferencia importante entre guardar y conservar. Las fotografías digitales quedan guardadas y, en principio, no se pierden. Sin embargo, nadie puede asegurar que dentro de 40 años puedan recuperarse con facilidad. Los sistemas, los formatos y las plataformas pueden cambiar.
Una fotografía impresa, en cambio, permanece físicamente. Puede guardarse en una caja, en un libro o en un álbum. Si está bien conservada, protegida del sol, de la humedad y del calor excesivo, puede mantenerse durante 60, 70 u 80 años sin una pérdida significativa de color.
La pregunta es cómo encontraremos dentro de 100 años una fotografía concreta en medio de un océano de datos. Guardar no significa necesariamente conservar.
La pregunta es cómo encontraremos dentro de 100 años una fotografía concreta en medio de un océano de datos
También existen cajas llenas de fotografías analógicas sin ordenar. En esos casos las imágenes están guardadas, aunque quizá no correctamente organizadas. Sin embargo, siguen siendo físicamente localizables.
En el entorno digital, no todo lo que está archivado resulta fácilmente encontrable. Creo que ahí la inteligencia artificial puede desempeñar un papel muy positivo, al ayudar a buscar e identificar imágenes en el futuro.
—El teléfono móvil ha sustituido a la cámara para millones de personas. ¿Qué debe ofrecer actualmente una cámara para continuar siendo relevante?
—La cámara ofrece, fundamentalmente, prestaciones técnicas superiores. Los móviles son grandes cámaras y no se puede negar esa realidad.
De hecho, el teléfono es un gran aliado de la fotografía. Permite imprimir imágenes y ha contribuido enormemente a divulgarla. La fotografía está actualmente más democratizada y globalizada que nunca gracias a los móviles y a las redes sociales.
La fotografía está actualmente más democratizada y globalizada que nunca gracias a los móviles y a las redes sociales
Todo el mundo puede hacer fotografías, documentar su vida y guardar imágenes. El inconveniente es que también se valora menos el trabajo de los profesionales. Cualquier persona con un móvil puede pensar que es capaz de hacer la misma fotografía que un fotógrafo profesional.
Ahí es donde entra la cámara fotográfica. Las cámaras actuales son tecnológicamente muy avanzadas y permiten obtener buenos resultados sin disponer de grandes conocimientos. Sin embargo, cuando el usuario también posee formación fotográfica, puede aprovechar unas capacidades que un móvil no ofrece.
Creo que las cámaras y los móviles pueden convivir perfectamente
Creo que las cámaras y los móviles pueden convivir perfectamente. De hecho, algunos productos actuales buscan acercarse a los hábitos de los usuarios de redes sociales. Existen cámaras con formatos verticales o planteamientos destinados a conectar con personas acostumbradas a utilizar exclusivamente el móvil.
—¿Cómo afectará la inteligencia artificial al trabajo de los fotógrafos y a la confianza que depositamos en las imágenes?
—Los fotógrafos profesionales mantienen una relación de amor y odio con la inteligencia artificial. Por una parte, puede canibalizar una parte de su trabajo. Para crear la imagen de un objeto, quizá ya no sea necesario realizar la producción fotográfica tradicional, porque la inteligencia artificial puede generar el fondo, la iluminación y muchos otros elementos.
Creo que durante los próximos diez años la inteligencia artificial revolucionará completamente la fotografía, tanto en un sentido positivo como negativo. Habrá buenos usos y también malos usos.
Uno de los principales riesgos será la dificultad para determinar si una fotografía es real
Uno de los principales riesgos será la dificultad para determinar si una fotografía es real. Esto resulta especialmente importante en el fotoperiodismo.
Los fabricantes estamos trabajando en sistemas y algoritmos que permitan demostrar que una imagen se tomó realmente en un lugar y en un momento determinados. Un fotógrafo puede acudir a un conflicto bélico y entregar a un medio unas imágenes manipuladas o generadas con inteligencia artificial. Eso podría incluso provocar un segundo conflicto.
—Después de 60 años de Fujifilm en Europa y 40 años de QuickSnap, ¿cómo imagina la fotografía dentro de una década?
— Creo que la inteligencia artificial cambiará profundamente la fotografía. También pienso que la imagen tendrá todavía más presencia en nuestra vida diaria. Actualmente ya vivimos rodeados de fotografías, pero esa presencia será aún mayor.
Creo que la inteligencia artificial cambiará profundamente la fotografía
Además, probablemente se reducirá la distancia entre la imagen fija y la imagen en movimiento. Las cámaras podrán capturar ráfagas similares a un vídeo y el usuario escogerá posteriormente el fotograma adecuado. Incluso puede que sea la propia inteligencia artificial la que seleccione automáticamente la mejor imagen.