Crónica de una noche en el caló d'en Busca o lo que va de la distinción al oportunismo
¿Puede decirse que el caló d'en Busca fue urbanizado en algún momento? ¿Esas preciosas casas que apenas asoman entre la frondosidad de la costa, serían condenadas al derribo por los ecologistas fanáticos del GOB, Terraferida y aledaños?
La noche era cálida, aunque con el paso de las horas un punto de fresca humedad flotaba sobre el embarcadero que el ayuntamiento de Santanyí, como todos los años, había convertido en el mejor auditorio de Mallorca. Encuentro con amigos lejanos y cercanos, compañeros de fatigas culturales de los tiempos en que este cronista dirigía el Institut Ramon Llull y, posteriormente, el de Estudis Baleàrics, qué tiempos. No sabría decir si mi mayor placer fue el de poder saludar a tantos amigos o el de escuchar el coro de la Generalitat Valenciana -premiado con un Grammy latino, pocas bromas- o la prodigiosa voz de la soprano Ofelia Sala, que ha actuado en los mejores teatros de ópera del mundo.
Qué placer estrechar la mano de Joan Torrens o la de Miquel Bonet, cada año más joven. Ahí estaban Tòfol Vidal, compañero de tantas aventuras y hoy, en su feliz jubilación, convertido en un correcaminos empedernido, junto con Margalida, su esposa. Llorenç Galmés, presidente del Consell Insular, lucía un bronceado incipiente. Las autoridades, empezando por la brava alcaldesa, María Pons, cuidaban cada detalle preocupándose de que los muchos asistentes al Concert ran de mar encontrásemos acomodo. Pero el más ajetreado era el regidor de Cultura, Mateu Nadal Clar, que pronunció un discurso muy completo, bien escrito y con referencias y observaciones muy adecuadas. ¿Tendrá un discursero, este muchacho, o tan bien trenzadas palabras surgieron de alguna pluma local? No sabría decirlo.
Mientras me fascinaba con la llegada de la soprano a bordo del laúd de madera, de cuarenta palmos, movido a remos por un diestro marinero, contemplé por enésima vez la belleza del caló d'en Busca, con sus casitas colgando en las laderas de los acantilados, su frondosa arboleda, sobre la que los focos del espectáculo dibujaban formas fantásticas que en algún momento podían confundirse con espectros marinos, habitantes nocturnos de aquellos parajes. Y, como me viene ocurriendo mucho últimamente, mi mente hizo abstracción del momento. Preguntas que nunca me hice llamaban a la puerta de mi entendimiento. ¿Puede decirse que el caló d'en Busca fue urbanizado en algún momento? ¿Esas preciosas casas que apenas asoman entre la frondosidad de la costa, serían condenadas al derribo por los ecologistas fanáticos del GOB, Terraferida y aledaños?
En Santanyí, lo tengo escrito, gobierna el PP desde 1979 y parece ser que le queda para mucho. Para la derecha del lugar, lengua propia, cultura y tradiciones son sagradas. Lo admiten prestigiosos intelectuales del pueblo, como el escritor Antoni Vidal Ferrando, quien, por cierto, no estaba entre la concurrencia, supongo que por motivos familiares. El detalle característico del PP de Santanyí es la distinción, el señorío, el de querer hacer bien las cosas y acertar en las prioridades. Por eso cada primer sábado de julio asombran a Mallorca entera con un concierto que no tiene parangón en la isla. Este año, por supuesto, tampoco decepcionó.
Ya en la tarde del domingo -un poco de resaca por la larga noche sabatina, mientras observaba como la tramontana se rendía a una calma un tanto pegajosa- leí las primeras noticias sobre la cadena humana que montaron quienes se auto proclaman salvadores de algo que no necesita ninguna acción salvifica. No pude dejar de preguntarme cuántos de entre los miles -¿de verdad serían tantos?- de supuestos amantes de una Mallorca que no conocen, que acudieron a sa Ràpita a poner los pies en remojo, habían leído alguna de las excelentes novelas de Sebastià Alzamora, renombrado escritor. Alzamora también estuvo conmigo en el IEB, luego viajó hasta las alturas editoriales principatinas y ahora le gusta oficiar ceremonias promovidas por la extrema izquierda. Está en su derecho de hacerlo, faltaría más, pero dejadme preferir el señorío al oportunismo.