El déficit de la Administración General del Estado se dispara un 32 % en el primer trimestre
Salvo que este gobierno siga dejando de dar subvenciones, deje de insuflar dinero a Palestina y a la ONU y siga sin invertir, el problema que vamos a tener en los próximos meses puede ser la señal de que estamos oficialmente al borde del precipicio
La Intervención General del Estado acaba de publicar recientemente los datos del déficit de la Administración General del Estado que, por mucho que las notas de prensa digan que España va muy bien y cumple con todos sus compromisos europeos, la realidad es que a pesar de que los ingresos no paran de crecer, aunque ya no lo hacen al mismo ritmo, los gastos lo hacen más.
Hoy lo que les voy a mostrar en detalle es como han evolucionado los gastos que la IGAE ha contabilizado a lo que llaman Estado, que es la suma de la Administración Central, más los Organismos Autónomos y la Seguridad Social, y vamos a ver que estos gastos han subido un 5,6 %, a pesar de que hay tres partidas que en este primer trimestre aparecen con un decrecimiento sustancial y que, a medida que pasen los meses, veremos cómo van subiendo de forma sustancial, salvo que el Gobierno haya iniciado una bajada de gastos sin comunicárselo a nadie, cosa que realmente me extrañaría muchísimo.
Por otro lado, los ingresos atribuidos al Estado crecen un 4,4 %, insuficientes para parar la carga de gastos de una Administración General que anda sin control ni supervisión. Pero además este porcentaje de crecimiento de ingresos indica una tendencia ya vista con el PIB Nominal, que solo crecía un 0,5 % en el primer trimestre de 2026 y, por lo tanto, hay síntomas de una clara desaceleración de la economía. En el primer trimestre de 2025 el PIB creció un 1,1 %, algo más del doble de lo que ha crecido este año, con una inflación menor y eso se asemeja mucho a lo que ha pasado con los datos de ingresos atribuidos al Estado, que en el primer trimestre de 2025 crecieron un 9 %.
Habrá que esperar a seguir teniendo datos en los próximos meses, pero que la recaudación atribuida a la Administración General del Estado crezca justo la mitad, lo mismo que pasa con el PIB Nominal, da los primeros síntomas de que algo está pasando y que puede tener consecuencias funestas para un Estado descontrolado en gastos.
Así que si más dilación veamos qué es lo que ha pasado en este primer trimestre:
Como pueden ver, los ingresos atribuidos a la AGE crecen un 4,4 % y suman 3.055 millones más, pero en 2025 llegaron a 69.102 millones y supusieron 5.728 millones más que en 2024, lo cual refleja lo que estaba explicando en los párrafos anteriores.
Por otro lado, los gastos siguen con su carrera al alza habitual. Los salarios suben un 6,8 % por dos motivos principales: el primero porque en el primer trimestre de 2025 no se habían subido los salarios, mientras que este año sí, y si a eso añadimos que el empleo público sigue creciendo, según los datos publicados por la Encuesta de Población Activa (EPA), estamos ante una partida que va a dar muchos quebraderos de cabeza hasta diciembre.
Los gastos generales van muy ligados a la inflación y los veremos subir algo más, también por el incremento de plantilla. Las subvenciones decrecen, pero esta es una partida que se ha frenado por decisiones estratégicas, pero no creo que esta tendencia se mantenga y, por desgracia, creo que la veremos dispararse en los próximos meses.
Los intereses continúan su escalada, bastante por encima de la inflación, lo mismo que las prestaciones sociales, pero la partida más preocupante son las Transferencias Corrientes, que han subido un 9,5 % y ese incremento de 3.850 millones se ha comido toda la subida de los ingresos y 800 millones más. Si a eso le añadimos que, a la UE, para empezar a pagar la deuda de los Fondos Next Generation y las ayudas a Ucrania, nos llevan a que esta partida de gasto se haya disparado un 48,3 % y supongan 1.517 millones más.
Para frenar esta catástrofe, no natural sino esperada, se han frenado, de momento, las ayudas internacionales y las transferencias de capital, que implican una menor inversión cuando estamos mucho más necesitados que nunca en mantener nuestro sistema ferroviario y nuestras carreteras.
Por todo ello y gracias a que hemos dejado de gastar 2.446 millones en subvenciones, cooperación internacional e inversiones, el déficit «sólo» se ha disparado en un 32 %. Si hubiésemos gastado lo mismo en esas tres partidas, el déficit hubiese sido de 6.390 millones con un incremento del 114,1 %.
Esto lo que nos quiere decir es que, salvo que este Gobierno siga dejando de dar subvenciones, deje de insuflar dinero a Palestina y a la ONU y siga sin invertir, el problema que vamos a tener en los próximos meses puede ser la señal de que estamos oficialmente al borde del precipicio.
No olvidemos que a pesar de que el déficit oficial es de 3.944 millones, la deuda de la AGE, según el Tesoro Público, ha crecido en 51.000 millones.
Nos podrá decir Carlos Cuerpo que la economía crece un 2,7 % en términos reales en los cuatro últimos trimestres, pero el PIB Nominal solo lo ha hecho en el primer trimestre un 0,5 % y los ingresos atribuidos a la AGE un 4,4 % y los gastos están desmadrados.