Prioridades
«Moderación es la estabilidad que no claudica ante nada, ni renuncia a la contundencia en la acción de gobierno estableciendo las prioridades que marcan las necesidades y los problemas de los ciudadanos»
Elecciones andaluzas en el horizonte y nuevas soflamas populistas han intentado apoderarse del debate político para evitar lo que Juanma Moreno pedía al anunciar la convocatoria de elecciones, es decir, un proceso electoral a la altura del pueblo al que se representa, un proceso «limpio, respetuoso, sin mentiras, con honestidad y con nobleza».
Pero eso era mucho pedir, porque hay palabras que no encajan en un puzle de intereses donde el populismo y el trilerismo se retroalimentan en una simbiosis perfecta para lastrar la sensatez y la moderación que Andalucía y España necesitan, lo que convierte la política en un espacio continuo de hostilidad. La petición del presidente andaluz cayó en saco roto en tiempo récord, porque la retórica de los demagogos se alinea de forma cuasi automática con el aplauso gástrico de sus parroquias ideológicas. Un aplauso purificador que abraza discursos cínicos y condena el interés general al rincón del olvido.
Hablar de interés general y moderación en tiempos de políticas de conveniencia y posicionamientos radicales, que dinamitan los pilares del consenso, supone un extraordinario esfuerzo para mantener bien cubiertas las torres de defensa de una `Fortaleza Democrática´ que es muy necesario cuidar. Mucho más, cuando esas políticas derivan de las exigencias que generan catorce votos traidores y seis votos manchados de sangre.
Hace falta, por tanto, una reivindicación continua de la política útil, de la política que circula por la vía andaluza de Juanma Moreno. La política que respeta al discrepante y no recurre sistemáticamente a levantar muros ante la incapacidad de seguir colocando ladrillos en la casa común. Hoy, hace más falta que nunca la política que no trivializa la historia y no utiliza a los más frágiles como arma arrojadiza hacia el adversario político. La política humana, inclusiva, respetuosa y decente, pero también firme en la defensa de todo lo que nos une.
Afirmaba Séneca que «todo lo que excede los límites de la moderación tiene una base inestable». Tan inestable, que en segundos se puede derrumbar lo que ha tardado años en construirse. Porque moderación es la estabilidad que no claudica ante nada, ni renuncia a la contundencia en la acción de gobierno estableciendo las prioridades que marcan las necesidades y los problemas de los ciudadanos. Moderación es escuchar para actuar y entender que hablar de prioridades exige seriedad, rigurosidad, compromiso con el Estado de Derecho y mucha empatía con las personas más vulnerables
Pero, nada de esto ocurre en el circo creado por Sánchez y para Sánchez, en el que vuela el trapecio sin trapecistas y el vértigo se le ha asignado por Real Decreto al espectador. La cobardía campa a sus anchas por una carpa con ínfulas progresistas que se queda huérfana en los abucheos y en la que nadie afronta responsabilidades cuando acróbatas y malabaristas fallan en la ejecución de sus números.
En este circo sanchista triunfa el contorsionismo de pasarela y se reescribe una y otra vez el guion de un espectáculo en el que magos y monologuistas manipulan la realidad al antojo de un maestro de ceremonias que cada vez que sale a escena gasta en maquillaje más de lo que muchas familias disponen para la cesta de la compra en un mes. Nadie merece estar sometido a un espectáculo tan abyecto y esperpéntico, en el que las historias de miedo fluyen para anclar al espectador a su butaca. Un miedo ancestral y anacrónico, que se inyecta a diario a golpe de informativos y programas a medida en la televisión que pagamos todos para nutrir con la falsedad de la memoria histórica que interesa el aquí y el ahora de un país en el que quieren que se confunda lo necesario con la necesidad de mantener en pie un tinglado corrupto que se desmorona.
Al mismo tiempo, en el `Loropark´ del circo María Jesús Montero ha vuelto a decir eureka emulando a la gallinita de los magníficos Les Luthiers. La señora poderosa, con contrato a media jornada para las elecciones andaluzas, ha declarado en Córdoba: «Quiero hacer en Andalucía lo que Pedro Sánchez hace en España». Como afirma el portavoz del PP en el Parlamento de Andalucía, la Montero ha confesado. Pero, a pesar del arrebato de sinceridad, no es previsible que el pueblo andaluz le dé la absolución, aunque sí le mandará la penitencia de volver al escaño del Congreso de los Diputados, que mantiene como fija discontinua, el tiempo que quede entre un Gobierno que muere y un Gobierno a la espera con Alberto Núñez Feijóo al frente.
Y es que, si en esta querida y maltratada España nuestra se quieren establecer prioridades, no existe ninguna más importante y urgente que la de convocar elecciones.
Bartolomé Madrid Olmo es Diputado nacional y alcalde de Añora.