La pedradaBartolomé Madrid Olmo

Elecciones andaluzas: poder versus honestidad

«Decía el Rey Salomón que «cuando mezclas ignorancia y soberbia obtienes una dosis de mediocridad», y de eso se ha embadurnado `la Princesa de Mopongo´»

Act. 08 abr. 2026 - 09:51

El pasado 23 de marzo el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, anunció la disolución del Parlamento y la convocatoria de elecciones andaluzas para el próximo 17 de mayo afirmando que su prioridad ha sido agotar la legislatura, y pidió para los andaluces «un proceso electoral limpio, respetuoso, sin mentira, con honestidad y con nobleza».

Se trata de poner en valor la vía andaluza en la política de una comunidad autónoma que ha sufrido como ninguna el nepotismo deslustrado y corrupto del socialismo. Una vía cargada de esperanza e ilusión, comandada por una persona que ha sabido estar a la altura de las circunstancias en momentos muy críticos derrochando empatía con quienes sufren, aceptando los errores con humildad, trabajando para encontrar soluciones y dejando una clara evidencia de que la política en la que cree tiene como único centro a las personas, con sus problemas, necesidades y anhelos.

La convocatoria electoral ha generado multitud de reacciones y decisiones en esa izquierda que parasita el Gobierno de España y las instituciones que del mismo dependen, con la vista puesta en el día después en el que probablemente sea aún más complicado mantener el tinglado abyecto que se sostiene sobre la base de unas premisas muy diferentes a las de la vía andaluza.

Prueba de ello es el retorno al ruedo andaluz de María Jesús Montero con un inicio de faena espectacular en lo soberbio y lamentable en lo humano, que la debe catapultar al rincón que los andaluces reservan para los falsos mesías perdidos en el templo de sus vanidades.

En su primera aparición pública tras el anuncio de las elecciones ha dejado una carga de egocentrismo digna de sonrojar al rostro más impasible y que con toda certeza será recordada por los siglos de los siglos. Porque la historia no puede obviar tamaño ejercicio de descaro, desfachatez, falta de pudor y de respeto hacia un pueblo que ya tiene conocimiento sobrado de sus incapacidades.

La autoproclamada «mujer más poderosa de la democracia», que renuncia por voluntad propia a tanto poder para ser la redentora de los andaluces, nos pide que valoremos tanta generosidad, y por ende, solicita de forma implícita que olvidemos el desmantelamiento de la sanidad andaluza que llevo a cabo en su etapa de consejera de Sanidad, la realidad de una ministra que ha convertido la política fiscal en una máquina de exprimir a la clase media para sostener a un Gobierno infame y su ineptitud para presentar los presupuestos en toda la legislatura.

Así, el poder del que hace gala ha generado recaudaciones récord del Estado mientras las familias son cada día más pobres, se castiga la inversión y el ahorro, se renuncia deliberadamente a presentar el principal instrumento de política económica de un país y se gobierna a golpe de decretos, propaganda y ayudas hemostáticas para taponar las hemorragias provocadas por los continuos escándalos y corruptelas. Todo se concreta en una enorme voracidad recaudatoria y en la improvisación permanente, la cual alimentada por la mayoría que otorgan los votos de los escorpiones de Sánchez ofrece un espectáculo lamentable en nuestro entorno democrático occidental.

Es decir, teniendo en cuenta el legado del personaje en su trayectoria política resulta complejo asimilar que en tiempo de cuaresma la ministra clueca y reincidente haya pedido a casi nueve millones de personas un acto de fe colectivo, sin entender que el discurso articulado por su ceguera mesiánica es tan falso que ni los rehenes de la ideología pueden comprárselo.

Decía el Rey Salomón que «cuando mezclas ignorancia y soberbia obtienes una dosis de mediocridad», y de eso es de lo que se ha embadurnado `la Princesa de Mopongo´, porque vamos a ver en qué queda el autodefinido que se ha hecho a medida.

La principal falacia parte de un enorme error en el contenido y destroza la base de su discurso, puesto que, en modo alguno, y bajo el análisis más simplista, se la puede considerar la mujer con más poder de la democracia. Si se entiende por poder «la capacidad, facultad o habilidad para llevar a cabo una acción, influir en el comportamiento de otros o tomar decisiones», es evidente que mujeres como Míriam Nogueras (Junts) o Mertxe Aizpurúa (Bildu) han tenido y tienen con el sanchismo infinitamente más poder que ella.

Solo se podría dar por cierta su auto consideración de persona poderosa bajo la acepción de ser extremadamente rica, lo cual reconozco que tiene ciertas posibilidades de ser cierto dado lo que se va conociendo sobre otros miembros del Gobierno, del Partido Socialista y de su entorno gubernativo, por los que ella ha llegado a abrasarse las manos.

Quizás, este alarde de persona dominante no sea otra cosa que el afán de justificarse a sí misma ante la vergonzosa y humillante sumisión a la que se ha sometido desde el minuto uno de la legislatura al nacionalismo chantajista y garante de los votos necesarios para mantener un poder que más bien se podría calificar como servilismo. Así, tanto intento de justificar lo injustificable, como la condonación de deuda o una financiación especial para Cataluña que cierre el círculo ventajista de los independentistas excluyentes, le ha podido traicionar el subconsciente intentando redimirse a ritmo de rumba catalana en su despedida del entorno monclovita recordando al gran Peret con su Gitana Hechicera y un estribillo diseñado ad hoc: «Ella tiene poder, ella tiene poder, la Montero es poderosa, la Montero tiene poder».

Licencia humorística incluida, lo que está muy claro es que Andalucía es más de sevillanas. «Mi tierra es Andalucía», cantan Los Romeros de la Puebla: «Mi tierra tiene olivares y labores campesinas, tiene dorados trigales, alguna pena escondía y es tan libre como el aire».

Pues bien, tan libres como el aire los andaluces vamos a elegir entre el alarde de poder de María Jesús Montero y la honestidad demostrada por Juanma Moreno.

Bartolomé Madrid Olmo es diputado nacional y alcalde de Añora

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