¿Quo vadis, Néstor?
El frente de la estrella roja tiene muy claras sus prioridades: primero, es un bloque; en segundo lugar, es nacionalista; y ya, por último, y solo en los ratos libres, es gallego
El solitario diputado del Bloque Nacionalista Galego por la circunscripción coruñesa, Néstor Rego, decidió no acudir este lunes a su centro de trabajo, el Parlamento español, para no tener que escuchar la intervención ante las Cortes Generales de León XIV. Si el señor Rego tuviese un empleo normal, como usted que me lee y yo que tecleo, seguramente recibiría una reprimenda por parte de sus jefes, ya que en las empresas no son nada fans del absentismo laboral y a los de recursos humanos tampoco les gusta que uno se escaquee de los cursillos de formación. Pero don Néstor es un cargo electo y puede saltarse esas normas que usted y yo recitamos cada mañana al fichar en la oficina. A ver si vamos a ser todos iguales.
Es una lástima que el parlamentario único del Bloque haya hecho novillos porque, durante el besamanos de los portavoces, podría haber aprovechado para reiterar la invitación al Papa para que visite Galicia el próximo Año Santo. Ya sé que a la hora de animarlo a viajar a Compostela por el Xacobeo 2027 se le han adelantado el Rey, el arzobispo y la Xunta. Pero el argumento definitivo para convencer a Prevost lo tenía don Néstor. Esa voz de párroco rural con la que Dios ha bendecido al señor Rego —siempre que lo oigo me parece que están reponiendo Padre Casares en la TVG— resultaría irresistible para Su Santidad. Si ese tono de homilía no fuese suficiente para persuadir al sucesor de San Pedro, el diputado separatista siempre podría apelar a su título de líder supremo de la UPG y hablarle de Sumo Pontífice a Sumo Pontífice.
Comprendo que todos llevamos a cuestas nuestras contradicciones. Pero autoproclamarse el exclusivo y genuino representante de la soberanía gallega y, al mismo tiempo, declararse marxista-leninista y radicalmente anticlerical en una Galicia devota hasta el tuétano es algo que supera mis limitadas entendederas. Claro que, hablando de paradojas, el señor Rego y sus coroneles de la Unión do Povo (sic) Galego lo mismo levitan con la ensoñación de una Compostela convertida en capital de su reino imaginario que abominan de la idea que explica la existencia misma de Santiago: el sepulcro del apóstol y la catedral que le plantó encima el Maestro Mateo.
Néstor Rego
Lo mejor del BNG es lo bien que escogieron sus fundadores el nombre del partido. Me refiero a que dieron en la diana con el orden de las siglas. Porque el frente de la estrella roja tiene muy claras sus prioridades: primero, es un bloque —monolítico, sin fisuras y donde impera el silencio norcoreano—; en segundo lugar, es nacionalista —con el aire supremacista de quien se cree ungido por la Historia—; y, por último, y solo en los ratos libres, es gallego. Don Néstor, que como Gran Timonel de la UPG es el guardián último de las esencias bloqueiras, ha aplicado a rajatabla los sagrados estatutos: primero, el Bloque; después, la nación; y ya luego, si tal, Galicia.
Tal vez el parlamentario único del BNG se ausentó del Congreso por motivos médicos. En un momento de debilidad identitaria —hasta en la UPG son humanos y de vez en cuando sucumben a Hollywood—, estuvo sesteando la tarde del domingo con Mars Attacks en la tele. Vio la escena en que la entrañable abuelita hace explotar los cerebros de los alienígenas con una vieja canción country y pensó que algo parecido le podría suceder a su cráneo si tenía que escuchar a Prevost elogiando el colosal legado histórico, cultural y espiritual de un país llamado España.
En mi tortuosa mente, me imagino a León XIV entrando por la puerta de los leones en el Palacio de las Cortes justo cuando, por un ventanuco, se escabullía el solitario diputado del BNG para no coincidir bajo el mismo palio con Su Santidad. En ese instante, Prevost atajó al señor Rego con un ademán típicamente romano y dejó flotando en la Carrera de San Jerónimo la pregunta que nos hacemos todos los gallegos:
—¿Quo vadis, Néstor?