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¿Se puede ser a la vez del Dépor y del Celta?

El Nobel Camilo José Cela presumía en público de amar por igual a los dos grandes equipos gallegos, pero en privado se confesaba celeste: «El Celta es cien veces mejor que el Deportivo»

Con el regreso a Primera División del Deportivo, se han multiplicado las felicitaciones equidistantes de los políticos, que siempre tratan de quedar bien con el club coruñés sin quedar mal con sus rivales de Vigo. Saben que un traspiés en el terreno futbolístico puede ser el Día del Juicio Final en las urnas. Si se tuerce demasiado por el Norte, el Sur clamará venganza en los próximos comicios (y viceversa).

Uno entiende que Rueda, Pontón y Besteiro deben hilar muy fino para no arder en las hogueras localistas. Lo que pasa es que a menudo, de tanto querer contentar a todos, pueden caer en el poliamor, que es la forma moderna y cursi de llamar a lo que toda la vida se conoció como infidelidad, bigamia o adulterio. El caso más escandaloso es el del expresidente del Gobierno Mariano Rajoy, el más poliamoroso de los futboleros.

Así contestaba hace unos años don Mariano a la pregunta de cuál es su equipo: «El Real Madrid, salvo cuando puede ganar la Liga el Deportivo de La Coruña. Pero le diré más: soy abonado del Real Madrid, socio del Pontevedra, accionista del Celta e hincha del Dépor».

¿Es posible querer tanto a tantos? Gestionar esa promiscuidad futbolística debe de ser complicado. Pero en esto del amor, aunque se trate solo del amor a unos colores, ya se sabe que la lógica aristotélica no sirve de mucho.

Camilo José Cela

Camilo José CelaEP

El caso de Rajoy me recuerda al de Camilo José Cela (CJC). Siempre presumió de ser forofo del Dépor y del Celta. Hasta lo puso por escrito en uno de sus artículos en ABC. Era junio de 1994. Los coruñeses acabábamos de perder la Liga con el shakespeariano penalti de Djukic y los vigueses venían de estrellarse contra el Zaragoza en la final de la Copa del Rey. El premio Nobel sacaba pecho por su lealtad doble a Riazor y Balaídos, y completaba el triángulo sentimental con el recién ascendido Compostela de Caneda:

«Yo debo ser uno de los pocos gallegos partidario, al mismo tiempo, del Celta y del Deportivo; soy coruñés y por tanto deportivista, y mi padre fue uno de los fundadores del Celta, producto de la fusión del Vigo y del Fortuna, y de ahí que me sienta también celtista. Ahora se suma a mis admiraciones y lealtades el Compostela, cosa que a nadie debe extrañar porque, como es bien sabido por todos, aunque no lo proclamemos más que los padroneses, Santiago es un arrabal de Iria y los irienses, como no somos vengativos, les hemos perdonado hace ya mucho el que nos hayan robado el episcopado y los muertos: el Apóstol y Rosalía, por citar solo los dos más conocidos».

Esta era la versión pública de CJC: deportivista por su flanco coruñés y celtista por su padre, fundador del club. Pero en privado don Camilo se declaraba más celeste que blanquiazul. En diciembre de 1939 escribía a una amiga coruñesa, prima de uno de sus grandes amores de juventud. A los padres de la chica no acababa de gustarles el joven Cela y así se lamentaba él en la carta:

«Ahora parece que los 'suegros' —yo tengo muchos 'suegros'— ya no me tienen tanta rabia (a pesar de ser partidario del Celta que, dicho sea de paso, es cien veces mejor que el Deportivo) y las cosas marchan mejor».

El párrafo huele a pólvora. Como Cuatro Caminos el domingo. Camilo José admite que se dedica a coleccionar suegros y novias, o sea, que ya entonces era un fan del poliamor. Pero, cuando se trata de fútbol, no hay poligamia que valga. Ahí el Cela de 1939 deja en fuera de juego al Cela de 1994: se confiesa celtista hasta la médula y proclama que el club vigués es «cien veces mejor» que su rival coruñés.

Ignoro si fue por su desmedida afición a coleccionar suegros o porque era un celtista de tapadillo, pero aquella novia coruñesa mandó a paseo al futuro Nobel. Hay infidelidades que no tienen perdón de Dios.

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