Atlantic CityLuís Pousa

El Dépor siempre vuelve

Muchos nos acordaremos mañana de los que ya no están y pensaremos en cuánto quisimos juntos a nuestro equipo

Este domingo, nuestro Dépor se juega una vez más la vida. Van ya tantas veces que nos hemos apostado la existencia al todo o nada que saltaremos al campo con la tranquila inconsciencia de aquella tarde en que Neymar y Alves salieron a la final de la Champions haciendo acrobacias sobre las escaleras mecánicas del estadio. No era la suya —ni lo es mucho menos la nuestra— la pachorra del sobrado, sino la seguridad del kamikaze, que se lanza al ataque sin pensar.

Para arropar a los nuestros habrá muchos que estarán mañana en Zorrilla, aunque tengan que entregar las banderas y camisetas para poder sentarse en las gradas del rival, como cuando en las pelis del Oeste el sheriff se plantaba a la entrada del pueblo a incautar rifles y revólveres a los forajidos (es un signo de los tiempos: se trata a los aficionados como forajidos y a los forajidos como aficionados).

Otros muchos se juntarán por las calles de Riazor —a pesar de que Tebas, que tanto nos quiere, ha prohibido las pantallas gigantes— o se repartirán por los bares para apagar su sed de justicia (la vida nos debe tantas que tenemos una sed histórica) mientras aguardan por el pitido final.

Algunos, los más nerviosos, se quedarán en casa, pegados a la tele o a la radio para que nadie los ponga todavía más histéricos de lo que están. Habrá incluso quien, de pura angustia, se ponga a pasear sin rumbo por Coruña, para no enterarse de nada hasta que acabe todo y se conozca el veredicto (como cuando Joan Gaspart se largó de Wembley en aquella primera final de la Copa de Europa del Barcelona en 1992).

Mario Soriano, a punto de enganchar su disparo para batir a Owono en el Deportivo-Andorra

Mario Soriano, a punto de enganchar su disparo para batir a Owono en el Deportivo-AndorraEl Ideal- Quintana

A mí me tocará hacer un poco de todo esto. Los gallegos, como somos cuánticos, podemos estar y no estar a la vez (incluso ser y no ser, al Hamlet gallego esa duda no le corroe). No estaré en Valladolid, pero sí estaré, porque estarán los míos. No iré a Riazor, pero iré, porque irán los míos. Me quedaré en casa y, al mismo tiempo, me largaré a hacer kilómetros por el dique de abrigo como si fuese un Gaspart desatado por las calles de Londres.

Por si acaso, también me encomendaré a los cielos, que por algo son blanquiazules. Como cuando Pedro Almodóvar ganó su primer Oscar. Todavía era un tipo divertido y, en lugar de recitar listas de políticos malvados, se puso a recitar una lista de santos y vírgenes a quienes daba las gracias por la estatuilla, hasta que llegó a Jesús de Medinaceli y le cortaron el sonido porque ya se había pasado de tiempo y había que ir a publicidad.

Para que el santoral nos eche una mano mañana, habrá que ponerse a rezar como si no hubiese un mañana. Hay que poner velas y más velas a la Virgen del Rosario, que lo

mismo nos libra de la peste que de los ingleses, y al San Judas Tadeo de la Orden Tercera, que también estaba en las letanías de Almodóvar, y además es el patrón de los imposibles, las causas difíciles y desesperadas (no sabemos muy bien en cuál de esos escenarios estamos, pero nos cuadran los tres, así en general).

Aún faltan unas horas para saber qué va a ser de nosotros, pero ya se puede sentir esa perturbación en la fuerza que trataba de explicar el pequeño Yoda a un escéptico Luke Skywalker. Es la conmoción de todos los que jalearán desde Valladolid, los que empujarán al equipo en Riazor y los que animarán sin pausa desde los bares, las casas o las plazas de Coruña. Muchos nos acordaremos de los que ya no están y pensaremos en cuánto quisimos juntos a nuestro Deportivo.

Se repite mucho estos días eso de que nos van a ver volver. Es cierto que el Dépor siempre vuelve. Vuelve precisamente porque nunca se ha ido a ningún lado. Ya hemos caído y salido de los peores abismos, desde la sima de Segunda B hasta un concurso de acreedores que parecía la fosa de las Marianas. Pero da igual dónde estemos. Porque quienes somos del Deportivo lo somos y lo seremos hasta el final de los tiempos.

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