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Los que no están

¿Qué pecado ha cometido Domingo García-Sabell para que no se le dedique el Día das Letras Galegas? ¿Por qué no están Alfredo Conde o Xosé Carlos Caneiro en la Academia?

Act. 17 may. 2026 - 08:58

Hoy se celebra el Día das Letras Galegas. Este año se recuerda a Begoña Caamaño. Nada que objetar. Solo una pregunta y sin ánimo de incomodar: ¿qué pasa con los autores a los que nunca se rendirá tributo por el 17 de mayo?

Sin pensarlo demasiado, se me ocurre un escritor mayúsculo al que todavía no se ha decidido homenajear. ¿Qué pecado ha cometido Domingo García-Sabell? Cumple el requisito esencial: lleva diez años muerto. ¿Alguien piensa en serio que la obra de Caamaño se puede comparar con la de García-Sabell? Por supuesto que no. Pero su bibliografía no puede compensar una tara insuperable: don Domingo no era nacionalista. Sus detractores aseguran que no estaba comprometido (signifique lo que signifique eso). A mayores, era un hombre blanco occidental heterosexual y cisgénero. Vaya atrevimiento. ¿Qué vale una prosa frente a una pancarta o frente a un pañuelo palestino? Se lo resumo: nada.

Superada cierta edad, a mí ya todo me parece bien mientras no me muevan los marcos (soy un gallego incurable, ya me sabrán disculpar). Lo único que me irrita es que se cometan injusticias en mis morros. Por eso no puedo comprender que la Real Academia Galega todavía no se haya decidido a reconocer a gigantes como Lois Tobío o Isaac Díaz Pardo (no se me ocurre nadie que haya aportado más a la cultura gallega que don Isaac, pero qué sabré yo, pobre peatón de la literatura y el columnismo).

Domingo García-Sabell

Domingo García-SabellEL IDEAL GALLEGO

Desde mi ignorancia enciclopédica, creo que Pucho Boedo, Ana Kiro y Xosé Ramón Gayoso forman parte del dream team de la defensa de nuestra lengua. Claro que, si por mí fuese, empezaría a regalar días das letras a gente tan sospechosa como Ramón María del Valle-Inclán, Emilia Pardo Bazán, Wenceslao Fernández Flórez, Gonzalo Torrente Ballester o Camilo José Cela.

Y, si me dejasen, nombraría numerarios de la Real Academia Galega a individuos como Alfredo Conde, Tucho Calvo, Iolanda Zúñiga, Xosé Carlos Caneiro, o Ramón Loureiro. ¿Hay alguien en el plenario de la RAG que los supere, de una u otra forma, en su contribución a la literatura gallega? Se me ocurren dos o tres académicos que empatan, pero ninguno que les gane (recordemos que el gran Xosé Luís Méndez Ferrín ya no está, por obra y gracia de Henrique Monteagudo).

Pero estoy razonando como si esto de las academias fuese algo parecido a un concurso de méritos y luego me doy cuenta de que en la RAE —donde nunca dejaron entrar a Pardo Bazán o a Galdós— cuelga su sombrero el superventas Arturo Pérez-Reverte y ya se me pasa.

Tal vez se deba a que, durante 20 años, fui vecino de la Ciudad Vieja coruñesa y la calle Tabernas me sirvió, entre otras cosas, para enseñar a mis hijas a andar en bicicleta. Lo admito. Soy un sentimental (lo de feo y católico lo dejamos para otro artículo). He querido demasiado a la Real Academia Galega como para tener que soportar ahora tanta incoherencia y tanto descabello.

Pero qué se le va a hacer. Al final, ignorando la exclusiva lista de los nuestros, decido aplicar la gran lección de Orson Welles. Cuando un periodista le preguntó si volvería a contar con amigos para hacer sus películas, a pesar de que su contribución no fuese del todo memorable, el director más grande de todos los tiempos explicó que, en su escala de valores, la amistad es mucho más importante que el arte. Haciendo el cálculo inverso, yo me quedo con todo lo que me ha regalado la amistad impagable de Caneiro, Conde, Zúñiga, Díaz Pardo o García-Sabell.

Qué más dará si les consagran o no un Día das Letras si puedo leer las páginas formidables que nos han entregado.

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