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Análisis económicoJosé Ramón Riera

¿Se repetirá la historia del déficit de Zapatero?

El desfase entre déficit y deuda en la Administración General del Estado alimenta las sospechas sobre posibles ajustes no reflejados

Por mucho que trato de explicarme a mí mismo los datos y de justificar el resultado, sinceramente no lo consigo. Me preocupa mucho que haya algún empleado público que, como sucedió en la época de Zapatero, haya «cocinado» los resultados de la Contabilidad Nacional para presentar un resultado que en Bruselas se acepte, porque no cabe ninguna duda de que Rajoy y su Gobierno se encontraron con un problema de 3,5 puntos de déficit oculto y que Eurostat ni se había enterado o había mirado para otro lado y dejado hacer.

Pero que algo se está cocinando me empieza a dejar pocas dudas. La nota de prensa del Ministerio de Hacienda no tiene desperdicio alguno y da mucho que pensar: «España cierra 2025 con un déficit público del 2,2 % del PIB y mejora por sexto año consecutivo el objetivo pactado con la UE».

Es sorprendente que se haya conseguido el objetivo pactado cuando en el mes de diciembre se deberían haber contabilizado 20.000 millones de euros para Defensa, que fueron adjudicados antes del 20 de diciembre, la mitad para Indra y Escribano –hoy en una guerra tan cruenta como la de Irán, que le ha costado el puesto al presidente nombrado y cesado por la Moncloa– y la otra mitad para Airbus.

Además, en el mes de diciembre se tuvo que contabilizar un pago extraordinario de más de 4.000 millones de euros a los empleados públicos por la subida de 2025, que no se había ni contabilizado ni pagado.

Pero la cosa no queda ahí y la nota de prensa sigue: «El fuerte crecimiento económico y el récord en la creación de empleo permiten una reducción del déficit de siete décimas, lo que supone 8.811 millones menos y un descenso del 19,3 % respecto al ejercicio anterior».

Sorprende todavía más cuando sabemos que lo pagado por prestaciones por desempleo ha llegado casi a los 25.000 millones, con 2,44 millones de parados más 1 millón de fijos discontinuos que también están parados, pero que no cuentan como tales, y con regiones y provincias pagando las prestaciones por desempleo a más del 100 % de los parados.

Además, sabemos que este año la economía oficial ha crecido ocho décimas menos que el año pasado, a pesar de la décima subida en marzo gracias a los redondeos. Además, en el cuarto trimestre, hasta el INE, para cuadrar la cifra de PIB, ha tenido que reconocer que toda la mejora contabilizada procede del valor agregado de los impuestos de los sectores económicos, y no del valor agregado de estos, lo que es como reconocer que en los datos que publicó en enero había un error por culpa de Hacienda de 765 millones de euros.

Pero la cosa no queda ahí y la nota de prensa sigue: «España cierra 2025 con el déficit más bajo en 18 años, es decir, desde el estallido de la crisis financiera, lo que demuestra el avance en el saneamiento de las cuentas públicas». No cabe ninguna duda de que, definitivamente, hay que aplicar el refranero español que dice: «Dime de lo que presumes y te diré de lo que careces».

Pero vuelvo al principio. Si tengo razón, el «pastel» que se va a encontrar un nuevo Gobierno es que volverá a tener que asumir un déficit oculto. Todo lo que estoy contando y voy a contar no es fácil de aclarar sin una auditoría profunda, pero si un Gobierno socialista ya hizo estas prácticas, no hay ningún motivo ni razón para pensar que el Gobierno más mentiroso de la historia de España no haya mentido también en algo tan importante como sostener que, desde el punto de vista económico, lo está haciendo bien.

Por eso hoy lo que les voy a mostrar son los motivos por los cuales creo que estos datos no son correctos, y me refiero a los de la Administración General del Estado, porque, como veremos, en las comunidades autónomas cuadran perfectamente los números y lo mismo sucede con los ayuntamientos y las diputaciones.

Para ello, lo que he hecho es comparar lo que dice el Banco de España que nos hemos endeudado y lo que dice la Intervención General del Estado que tenemos de déficit.

Así que veamos el cuadro que he preparado para que juntos lleguemos a esa conclusión:

Las comunidades autónomas, según la IGAE, han tenido un déficit de 6.650 millones de euros y el Banco de España dice que han necesitado endeudarse en 5.698 millones, lo cual significa que se han quedado con algo menos de caja que el año pasado, pero suena razonable.

Los ayuntamientos y las diputaciones han conseguido un superávit de 5.068 millones (datos también de la IGAE) y el Banco de España dice que han reducido su deuda en 2.126 millones, lo cual implica que han mejorado su caja.

Ahora vamos a analizar la Administración General del Estado, esa parte que depende directamente de Sánchez y que administraba María Jesús Montero. Nos dice la IGAE que el déficit fue de 38.748 millones, pero el Banco de España dice que, para financiar esos 38.748 millones, se han tenido que endeudar en 82.932 millones.

Es muy difícil de entender que, para cubrir un déficit que es inferior en 16.359 millones de euros al de 2024, la Administración General haya tenido que pedir 15.073 millones de euros más que el año anterior. Cuando las cifras no son coherentes es cuando saltan las alarmas.

No puede ser, y no tiene ningún sentido, que haya 44.184 millones de diferencia entre el déficit contable y la deuda. Por si alguien quiere saber cuál fue el déficit oficial de caja a 31 de diciembre de la Administración General, fue de 35.022 millones, o sea que la deuda no se ha pedido por un problema de caja, sino porque probablemente el Tesoro tenía información de facturas pendientes de pago que, por las razones que Hacienda sabe, al final no se hayan contabilizado o se hayan guardado en los cajones, como pasó con el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.

Cualquier otra cosa sería motivo de despido de todo el equipo del Tesoro por pedir deuda cuando no era necesario. Así que estos datos, que son los publicados por la IGAE, son los que pongo encima de la mesa para que la oposición sepa que, cuando llegue al poder, puede encontrarse con la misma situación que se encontró otro Gobierno y que tuvo que asumir. Pero si esta vez vuelve a suceder, los que están manipulando la Contabilidad Nacional no deberían irse de rositas.

Aquí está pasando algo, y 44.000 millones de euros no es ninguna fruslería.

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