El oscuro (y oportuno) rediseño en la forma de medir el IPC
El dato de marzo sube un 50 % menos que el armonizado, que calcula el INE para el BCE
El 27 de marzo todos los medios de comunicación recogían la nota de prensa del Instituto Nacional de Estadística, donde comunicaba que el Índice de Precios al Consumo del mes de marzo había subido un 1 % y se había disparado hasta el 3,3 %.
Hace escasamente tres semanas publiqué en este diario un artículo: El efecto Irán se va a comer la mitad de la subida de los salarios en el primer trimestre, en donde estimaba varios escenarios de subida de precios para el mes de marzo, donde en el escenario moderado estimaba que para el mes de marzo una subida de los precios del 0,96 %. Con la cifra del 1 % debería de estar contento por haber acertado cual iba a ser la inflación que iba a sacar el INE de mi amiga Elena Manzanera.
Pero en esa misma Nota de Prensa, el INE también informaba de que el Índice de Precios al Consumo Armonizado, que es el que usa Eurostat y el Banco Central Europeo utiliza para tomar sus decisiones, resulta que la subida de precios ha sido de un 1,5 %, es decir, un 50 % más de lo que subía el IPC español. He de decir que mi segundo escenario era un escenario al que llamé conservador y la previsión era de un 1,43 % que se acerca mucho al 1,5 % que publica el INE con la metodología que exige Eurostat para la Unión Europea y que es la referencia de la inflación para el BCE.
Antes de empezar a dar cera y a pulir cera, déjenme que les explique que desde enero de este año el IPC se calcula con la nueva base, que incorpora la nueva clasificación europea Ecoicop v2 (European Classification of Individual Consumption According to Purpose o Clasificación Europea del Consumo Individual por Finalidad en español), un cambio adelantado un año respecto al calendario habitual.
Esto ha supuesto un rediseño de tal calibre que ha llevado a bajar la ponderación del peso de los alimentos de nuevo. Todos estos cambios, al menos deberían haber venido acompañados de una campaña de comunicación clara sobre lo que estos implica y haber usado el dinero que usan para buscar a gente que se mete con el INE, para explicar lo que suponen estos cambios y porque se producen, pero prefieren usar el dinero para buscar «enemigos y culpables» que para explicar los cambios que hacen.
Pero quizás lo más importante es que al usar exactamente la misma clasificación para los productos, que a su vez se organizan por subgrupos y finalmente quedan 13 grupos de productos, no parece tener demasiado sentido que para consumo interno, que nos sirve para subir pensiones y salarios públicos y es el índice de referencia para cualquier subida, tengamos dos Índices de Precios, uno para España y otro para la Unión Europea, y que en un mes de alta inflación haya una diferencia del 50 % entre los dos Índices.
Para el INE hoy los españoles gastamos lo mismo en el supermercado que en salir a comer y dormir fuera
Además, la nueva cesta española ha sufrido transformaciones tan importantes como que el Grupo 1, Alimentos y bebidas no alcohólicas, han pasado a tener un peso del 17 %, que es exactamente igual al del Grupo 11 Hoteles, cafés y restaurantes. Esto lo que nos dice, es que para el INE hoy los españoles gastamos lo mismo en el supermercado que en salir a comer y dormir fuera.
Así, entre ustedes y yo, este reequilibrio no es neutral, lo siento, pero el objetivo que hay detrás es que millones de ciudadanos crean que tenemos menos inflación y vean sus ingresos mermados por una organización que debería de estar al servicio de los ciudadanos y no al servicio del flamante nuevo Vicepresidente primero y, a su vez, de La Moncloa, para hacer y deshacer a su gusto.
Esto no va de saber cuál es el mejor de los dos Índices, sino por qué tenemos dos.
Dos cifras, una realidad
España no es una excepción. Todos los países de la Unión Europea publican su IPC nacional y su IPCA armonizado en paralelo, mes a mes, sin que ninguno de sus institutos estadísticos se moleste en explicar con claridad por qué divergen.
Es una duplicidad que nació con el Tratado de Maastricht, cuando Europa necesitó un termómetro común para vigilar que ningún país se desmadrara con la inflación antes de entrar en el Euro. Entonces quizás podría tener sentido. Hoy, 30 años después, España lleva 24 años dentro de la eurozona, el BCE toma sus decisiones mirando el IPCA europeo agregado y el IPC nacional sirve fundamentalmente para actualizar pensiones, salarios y alquileres. Dos índices, dos propósitos, dos metodologías, dos cifras distintas cada mes para describir cual es la inflación verdadera.
Esto no es un tema técnico es un tema político. Un gobierno como el nuestro que quiera moderar la inflación para no verse comprometido a seguir incrementando el gasto público, donde los salarios públicos superan los 180.000 millones y las prestaciones sociales los 200.000 millones, cada punto de inflación supone 3.800 millones más de gasto, que inevitablemente necesita de 3.800 millones más de impuestos o de deuda, lo cual nos lleva a estar en un sistema que para sostenerse necesita que los ciudadanos se vayan empobreciendo más cada año, por no ajustar nunca las bases impositivas.
Pero lo peor de tener dos indicadores es que mañana podemos pasar del uno al otro simplemente porque le convenga a cualquier gobierno.
Si la Unión Europea, considera que el IPCA es sobre el que hay que medir la inflación para que el BCE pueda o deba actuar, creo que todos nos lo deberíamos de hacer mirar.
Desde luego estoy deseando ver los resultados de marzo de los 13 grupos de productos, para ver las diferencias que hay entre los dos índices y poder contárselo. A mitad de abril se lo explicaré.