Europa no reduce su dependencia energética, solo cambia de proveedores
Estados Unidos lidera el suministro mientras Rusia sigue entre los principales exportadores
La crisis del estrecho de Ormuz y las acciones de Israel y Estados Unidos contra Irán están convirtiendo este conflicto en la tercera gran crisis mundial del precio del petróleo vinculada a Oriente Medio, o si lo prefieren, al entorno del Golfo Pérsico.
La primera de estas crisis fue la Guerra del Yom Kippur, que comenzó el 6 de octubre de 1973, cuando Egipto y Siria atacaron a Israel durante la festividad judía del Yom Kippur, el día más sagrado de su calendario. El objetivo era recuperar territorios perdidos frente a Israel en la Guerra de los Seis Días de 1967, especialmente la península del Sinaí (ocupada a Egipto) y los Altos del Golán (ocupados a Siria).
La guerra provocó una reacción histórica de los países árabes productores de petróleo. Liderados por Arabia Saudí, decidieron utilizar el petróleo como arma política contra los países que apoyaban a Israel, lo que derivó en un embargo contra Estados Unidos y otros aliados. Pero lo más relevante fue la reducción de la producción mundial. El precio del barril pasó de 3 a 12 dólares, provocando un fuerte shock económico global, con inflación, recesión y una crisis energética en Europa y Estados Unidos.
La segunda crisis se produjo en 1990, cuando Irak invadió Kuwait. El precio del petróleo pasó de 17 a 40 dólares, lo que desembocó en la Guerra del Golfo iniciada en 1991. Esta crisis fue menos severa que la de 1973 y tuvo una duración más corta.
Desde entonces, Estados Unidos optó por una estrategia distinta: el desarrollo del fracking. Esta tecnología le ha permitido pasar de ser el mayor importador de petróleo del mundo a convertirse en el mayor productor global de petróleo y gas, superando a Arabia Saudí y Rusia.
En cambio, la Unión Europea ha seguido un camino diferente para reducir su dependencia energética a través de la diversificación de proveedores, la eficiencia energética y la transición hacia otras fuentes. Sin embargo, la realidad es que Europa sigue siendo uno de los mayores importadores de energía del mundo. La UE depende en torno a un 55-60 % de energía procedente del exterior, lo que explica que las crisis geopolíticas en Oriente Medio, Rusia o el mercado global sigan teniendo un impacto directo en nuestra economía.
Para entender de quién dependemos realmente, les muestro, con datos de Eurostat, los principales proveedores energéticos de la Unión Europea:
La primera sorpresa es que el principal proveedor es Estados Unidos, al que en 2025 se le compró el 15,3 % de todas las importaciones energéticas. Un país que antes dependía del exterior y que hoy vende a Europa más de 103.000 millones de euros.
La segunda sorpresa es que el valor de las importaciones ha caído un 16,4 % en 2025 respecto a 2024. Sin embargo, esto no responde a una menor dependencia, sino a la caída de los precios. El Brent bajó un 18,5 % y el West Texas cerca de un 20 %, según datos de la EIA.
La tercera sorpresa, y especialmente relevante, es que la Unión Europea no ha roto sus relaciones energéticas con Rusia. Al contrario, Rusia ha subido posiciones en el ranking y se sitúa como octavo proveedor, con cerca de 15.000 millones de euros en exportaciones hacia la UE, lo que representa el 2,2 % del total.
La cuarta sorpresa es que Irán es prácticamente irrelevante como proveedor energético de la Unión Europea. Ocupa el puesto 42 de 43, por lo que el suministro europeo no depende de este país.
La quinta y última sorpresa es que el primer país árabe proveedor es Emiratos Árabes Unidos, que ocupa el puesto número 16.
Todo ello indica que, ante un repunte del precio del petróleo, la Unión Europea verá incrementada de forma significativa su factura energética. No por falta de recursos, sino por decisiones estratégicas que no han logrado reducir la dependencia exterior.
Europa sigue siendo vulnerable. Y lo seguirá siendo mientras no adopte decisiones estructurales en materia energética.
Esperemos que esta nueva crisis sirva para abrir un debate serio sobre el papel de la energía nuclear, la explotación de recursos propios y la necesidad de una estrategia energética más realista y menos dependiente del exterior.