Científica sexual
Más tarde también aboga –es mujer que aboga mucho-, por la abolición de las cárceles, desdeña la lactancia materna «porque oprime a las mujeres», y recomienda ser lesbiana. Deduzco que ella lo es, y como buena científica desea que todas las mujeres formen parte de su club
La eximia y prestigiosa científica sexual, doña Beatriz Gimeno, es la directora del Instituto de la Mujer. Jamás la mujer en España ha estado en tan buenas y acertadas manos. Dedicación, inteligencia, trabajo y equilibrio. Todo ello lo aporta doña Beatriz, que milita en el PSOE y depende de la ministra de Igualdad, de Podemos, dando con ello un ejemplo de entrega y adaptación sin límites en el cumplimiento del servicio público. No necesita vaselina para introducirse con su ciencia en los túneles fascistas que a lo largo de siglos de esclavitud y sometimiento han torturado a la mujer española.
La vaselina sirve para muchas cosas. En mis años juveniles se inauguró en San Juan de Luz, sudoeste de Francia, un circuito de «karts», lo que se conoce como «karting». Y éramos asiduos clientes muchos jóvenes españoles, veraneantes en San Sebastián, donostiarras y bilbaínos. Entre todos, destacaba un tipo divertidísimo, ingenioso y gran amigo de Neguri, Michelo Artiach, que era muy grande y voluminoso y con una enorme chochola, sinónimo cariñoso de la cabeza. Era imprescindible conducir con casco, y la encargada del «karting» no reparó en la enorme cabezota de Michelo, al que designó un casco diminuto. Michelo se lo puso, pero el casco no cubría su cabeza. Y Michelo, en perfecto francés, se dirigió a la encargada con esta lógica demanda: –Madame, s’il vous plait, pourriez vous me donner la vaseline?
Doña Beatriz es la vaselina histórica y reivindicativa de la mujer oprimida. Y nos tiene merecida manía a los hombres, a los que nos responsabiliza del imperio de la heterosexualidad. Para doña Beatriz, la eximia y prestigiosa científica sexual, «la heterosexualidad es antinatural, por ser una herramienta política y social». Lo cierto es que jamás había reparado en ello, pero no estoy en total desacuerdo con su valiente opinión. Para su jefa, la ministra de Igualdad, y lo escribo con el respeto que me inspira tan preparada mujer, la heterosexualidad ha sido su herramienta política y social para llegar a ser ministra, pues de lo contrario, seguiría en el honestísimo y decente puesto de trabajo de cajera en comercio de electrodomésticos.
Posteriormente, la directora del Instituto de la Mujer, cargo que ha conseguido después de duras oposiciones, sentencia que «los hombres se 'mansturban' (sic) con nuestro cuerpo. Son opresores, violentos y promiscuos». Creo que a doña Beatriz se le ha colado una «n» donde la «n» no tiene nada que hacer. Los hombres, como las mujeres, no se «mansturban». Simplemente se masturban, y no siempre soñando con el cuerpo de doña Beatriz. En mi caso, jamás ha sucedido semejante despropósito. Más no por ello somos opresores, violentos y promiscuos. Las mujeres también se masturban pensando en cuerpos masculinos gloriosos –no es mi caso–, y las lesbianas en cuerpos de mujeres menos científicas que doña Beatriz.
Y prosigue la científica: «Abogo por la penetración anal de los hombres por mujeres para conseguir la igualdad». Aquí le sale un vinagre rechazable. Por mucho que lo abogue, aboga con desvarío. La igualdad nada tiene que ver con esa guarradita. Eso sí que resulta antinatural, con o sin vaselina. Y no alcanzo a figurarme la metodología de esa penetración, lo cual dice muy poco de mi capacidad intelectual. Más tarde también aboga –es mujer que aboga mucho-, por la abolición de las cárceles, desdeña la lactancia materna «porque oprime a las mujeres», y recomienda ser lesbiana. Deduzco que ella lo es, y como buena científica desea que todas las mujeres formen parte de su club.
No se trata de una mujer cualquiera. Doña Beatriz es la directora del Instituto de la Mujer.
Y se dedica a estas cosas. Me pinchan y no sangro.
- Publicado en la web de Alfonso Ussía el 8 de julio de 2021