El salario y tu nómina tienen fecha de caducidad
«¿Por qué todos aquellos que ponen la lupa en el capitalismo no miran, aunque sea de reojo, los males que sufrimos por culpa del intervencionismo estatal a todos los niveles?»
La inteligencia artificial es probablemente lo mejor o lo peor que le ocurra a la humanidad.”
¿Y si el empleo ya no fuese necesario? ¿Cuándo cobraremos nuestro último salario? ¿Puede desaparecer el dinero como medio de intercambio? ¿Qué papel le queda al ser humano cuando la IA puede hacer casi todo? Estas y muchas preguntas las presenta en su último libro David Fernández Vítores, El último salario: Una economía diseñada para la escasez en un mundo de abundancia (Lengua Viva 2026) . Fernández Vítores es catedrático de la Universidad de Alcalá, politólogo y uno de los principales expertos mundiales en el valor económico y geopolítico del español. En muchos aspectos puedo no estar de acuerdo con David, pero lo que sí es cierto, y que evidencia muy bien en su ensayo, es que vivimos en una época donde toca cuestionar y repensar hasta los pilares más profundos de nuestro sistema económico, político y social. El foco de gran parte de las críticas de la inmensa mayoría de los «expertos» se fundamenta y se posiciona en contra del capitalismo, pero ¿y si tuviéramos que cuestionar con más vehemencia el papel del Estado en la economía y en nuestras vidas? ¿Quién es más culpable de todos los males que vivimos en la actualidad, el capitalismo o el Estado?
El capitalismo es un sistema que atesora en su haber muchos más detractores que aduladores y, sin embargo, el Estado goza de una situación infinitamente mejor y cuenta con una feligresía mucho más fiel y numerosa que el capitalismo, y eso hace que la intervención del Estado, sus funciones y el papel que tiene en la sociedad rara vez sea cuestionada de la misma forma que el sistema económico que más gente ha sacado de la pobreza en la historia o que ha sido capaz de generar el mayor progreso y bienestar económico y tecnológico que jamás hayamos vivido.
Hay que buscarle un sustituto al capitalismo. Y de ahí es de donde subyace el discurso que abría este artículo con preguntas como: «¿Qué viene después del capitalismo? Está destruyendo el mecanismo que durante dos siglos distribuyó la riqueza: el salario. Y con él, las reglas que organizan el capitalismo tal como lo conocemos.» Insisto, estoy de acuerdo en que el mundo como lo conocíamos ya está desapareciendo y que, por supuesto, los cambios que vienen son giros de 180 grados a la manera que teníamos de entender la vida, el trabajo, los salarios e incluso las relaciones personales, pero… ¿por qué todos aquellos que ponen la lupa en el capitalismo no miran, aunque sea de reojo, los males que sufrimos por culpa del intervencionismo estatal a todos los niveles? El precio de la vivienda, la devaluación del euro, el ingente esfuerzo fiscal que sufrimos en España, el estancamiento de la productividad, el estancamiento de los salarios, la sobrerregulación que ahoga al sistema productivo y muchos puntos más que enquistan el bienestar y el patrimonio de todos los ciudadanos. ¿De verdad hay alguien que pueda creerse que todos los males habidos y por haber son culpa únicamente del capitalismo?
La inteligencia artificial está destruyendo y destruirá muchísimos empleos y, además, gracias a ella, nacerán otros tantos que hoy ni conocemos. La pregunta aquí reside en la duda: ¿qué ocurrirá con los que no se adapten? ¿De qué vivirán? ¿No será necesario un empleo y un salario? ¿Quién pagará todo esto? Tantos interrogantes sobrevuelan el análisis económico y social en torno a la IA que hacen del momento actual una coyuntura difícil de afrontar. Es absolutamente impredecible saber lo que ocurrirá, aunque lo que sí tengo claro es que el salario y el empleo TAL Y COMO LOS CONOCEMOS HOY tienen fecha de caducidad.