Alzar la mirada
«Mensaje sencillo, directo y revolucionario. Herencia de aquello que Cristo nos dejó»
La visita de León XIV a España esta semana ha sido un éxito arrollador. Así, sin más calificativos. El Papa ha recorrido Madrid, Barcelona y las Canarias rodeado de multitudes de personas que se arremolinaban a su alrededor buscando una mirada, un saludo o una bendición de quien representa el legado de Cristo en la tierra.
Las escenas de vigilias y misas marcadas por el silencio, la devoción y el recogimiento han dado la vuelta al mundo. Tanto como el civismo de esos millones de personas que no han protagonizado un solo altercado y que además han aplaudido y colaborado con las fuerzas y cuerpos de seguridad en su despliegue sin precedentes. España ha ofrecido una imagen internacional fantástica y ha mostrado una capacidad de organización a la altura de muy pocos.
Ha habido, sin embargo, como siempre, críticas a la presencia de Prevost en determinados sitios o a una supuesta falta de contundencia en determinados aspectos de su discurso. Hay quien ha criticado que el Sumo Pontífice se dirigiese a diputados y senadores en una sesión conjunta en el Congreso de los Diputados, aludiendo a que un líder religioso no debe contar con dicha tribuna pública. Estas críticas se basan en la incapacidad de algunos de empatizar con los católicos españoles y con un prejuicio de base basado en una presunta autoridad moral que se practica desde la agnosicidad o el ateísmo. Este rechazo radica en que se considera que no se puede hablar desde la tarima de la calle San Jerónimo desde una perspectiva ética y moral. Será la costumbre.
El papa León XIV realizó un discurso sensacional en el Congreso de los Diputados. Trasladó la doctrina de Cristo y lo hizo desde el primer minuto diciendo que actuaba como obispo de Roma. Desarrolló conceptos tan revolucionarios como el que dice que como seres humanos que somos nuestra dignidad está por encima de todo y que hay que proteger dicha condición humana desde la concepción. Que no podemos abandonar a los mayores ni a los dependientes. Que tenemos que cuidar a quienes cuidaron de nosotros. Que todos somos personas, independientemente de nuestra raza, de nuestra religión y de nuestro idioma y que las fronteras convertidas en muros no llevan a ninguna parte. Defendió que la cultura de la guerra aleja la paz. Defendió el diálogo y el respeto entre quienes piensan de diferente manera. Defendió, en definitiva, la altura de miras.
En estos días, el Santo Padre ha lanzado, además, un mensaje claro en contra de los abusos y la pederastia en la Iglesia. Ha calificado estos casos como una plaga, algo que nadie se había atrevido a hacer hasta el momento. Además, se ha mostrado cercano con quienes sufren. Ha ido a la cárcel. Ha escuchado a víctimas de violencia de género y les ha conminado a perdonar sin caer en el olvido. Se ha reunido con migrantes. Se ha reunido con las asociaciones y las organizaciones que velan porque todos tengamos una oportunidad.
En definitiva, lo que ha hecho León XIV en esta semana ha sido reivindicar que como seres humanos tenemos que ser buenas personas, que tenemos que cuidarnos los unos a los otros, que tenemos que ser conscientes de que no seríamos nada y el proyecto europeo no existiría sin la herencia ética, moral y filosófica de siglos de cristianismo. Ha defendido cosas normales. No matarás, no robarás. El Papa nos ha pedido alzar la mirada, tener en cuenta que estamos rodeados de personas que son iguales a nosotros. Alzar la mirada para hacer un mundo mejor. Mensaje sencillo, directo y revolucionario. Herencia de aquello que Cristo nos dejó.
Quien se sorprenda de estos mensajes, quien crea que el Papa no está capacitado para hablar al mundo desde las principales tarimas públicas lo único que hace es dejar claro su desconocimiento o sus prejuicios. Y, desde luego, no sabe nada de aquello de lo que habló el Papá sobre la escuela de Salamanca. Pero ya saben ustedes: lo que natura non da…