Pista a Begoña
En España la mujer del primer ministro no tiene cargo institucional alguno ni agenda oficial ni protocolo de Estado. Con Pedro Sánchez las cosas han cambiado
Las cloacas socialistas, que codirigían Leire Díez y Santos Cerdán, se activaron, no por Ábalos, ni por Koldo, ni para evitar que Zapatero fuera imputado. El punto de inflexión de la trama engendrada en Ferraz para abortar sumarios judiciales en marcha contra el entorno del presidente no es otro que la imputación de María Begoña Gómez Fernández en abril de 2024. Salvarla a ella y aplacar al iracundo Pedro fue definitivo para que, según el auto del juez Pedraz, el partido pusiera su estructura a disposición de una red criminal dispuesta a iniciar una guerra sucia contra fiscales, jueces, guardia civil y periodistas. Que no lo consiguieron lo demuestra que esta tarde está citada la cónyuge presidencial a testificar ante el titular del Juzgado de Instrucción número 41 de Madrid: una vista preliminar para sentarla ante un jurado popular por cuatro delitos de corrupción.
¿Será capaz Gómez de dar plantón al juez Peinado después de que éste le recordó que tenía obligación de comparecer personalmente para evitar ser conducida por las Fuerzas de Seguridad? Nada es imposible en el sanchismo, que cree tener patente de corso para actuar fuera del radar de los jueces que le perjudican. La coinquilina de Moncloa se enfrenta a delitos de tráfico de influencias, apropiación indebida, malversación de caudales públicos y corrupción entre particulares. Ante ellos, y si no tuviera nada que ocultar, debería dar explicaciones de manera transparente e indubitada. Si no usó medios públicos, brindados por su condición de consorte presidencial, para sus negocios particulares; si la cátedra que le cedió la Universidad Complutense era legal y tenía méritos académicos para codirigirla; si no se apropió de un software propiedad de la UCM; si las empresas del IBEX que apoyaron su carrera profesional lo hicieron en base a un baremo técnico irreprochable; si no intercedió para que Air Europa recibiera 475 millones de euros de un rescate público durante la pandemia; y si su asesora, Cristina Álvarez, cuya nómina sufragamos con nuestros impuestos, no dedicó un solo minuto de su tiempo a gestionar sus intereses mercantiles, entonces, es evidente que Begoña comparecerá y ofrecerá un testimonio irrebatible para cualquier juez. El problema es cuando uno no puede demostrar la correcta trazabilidad de su comportamiento. Cuando eso sucede, hay que ensuciar el terreno, victimizarse –que es lo que hizo Pedro en esos cinco días de retiro que puso a hiperventilar a Leire– y desacreditar al poder judicial, precisamente desde otro de los poderes del Estado: el Ejecutivo. Ahí los Óscar, López y Puente, llevan la voz cantante.
En España la mujer del primer ministro no tiene cargo institucional alguno ni agenda oficial ni protocolo de Estado. Así lo entendieron Amparo Illana, Pilar Ibáñez, Carmen Romero, Ana Botella, Elvira Fernández y hasta la zarina Sonsoles Espinosa. Con Pedro Sánchez las cosas han cambiado. Como siempre, a peor. Él preside el Ejecutivo, pero cree ostentar una Presidencia de República. En esa República imaginaria que lidera, su controvertida esposa también gusta de actuar de «primera dama». Como en 2018, cuando viajó a Nueva York sin que la delegación oficial supiera que iba en el avión y, al estilo de la casa, Sánchez se negó a informar sobre los gastos de su pareja, que dijo que eran indivisibles de los suyos. Tenía razón, también los pagábamos los mismos.
Después del ridículo morrocotudo de su marido persiguiendo por un pasillo de la OTAN en Bruselas al presidente estadounidense Biden, Begoña no quería irse a la urbanización de Pozuelo donde vivía antes de estrenar colchón en La Moncloa sin su mundo de Matrix particular, en el que ella cree ser la profesional más exitosa del sur de Europa. Así que el momento clave se va a producir hoy. Es de esperar que la mujer del César, ese que baja su pulgar cuando tiene que sabotear la actuación de las instituciones democráticas que osan investigar la comisión de delitos de los suyos, demuestre de una vez por todas que no es una señora sin mucho éxito laboral que aprovechó su estancia en el corazón del poder para acceder a puestos de relumbrón que jamás soñó. Pista a Begoña.