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Pecados capitalesMayte Alcaraz

Ellos nos odian

Desde Pujol a Miriam, desde Rufián a Silvia Orriols, desde Aitor Esteban hasta Otegi. Todos ellos tienen un sentimiento tóxico contra lo que nos es común. Todos abonan una pura invención histórica que, cuando se impuso en Europa, terminó con dos guerras mundiales

Santidad, no crea que en esa tierra catalana que le acoge desde ayer todos son como esa señora de lengua larga y pensamiento corto que le sermoneó el lunes en el Congreso, aprovechando que es portavoz parlamentaria en el Reino de España. Es posible que Vuestra Santidad no entendiera por qué córcholis una parlamentaria española, que cobra su nómina de España, que ocupa un escaño en las Cortes españolas y que se dirigía a un hispanohablante como usted, lo hiciera en inglés, pero esta es una de las anomalías del país que está visitando. Tenemos sentados en escaños antaño sublimes a tardoadolescentes salidos de un parque de bolas con la única misión de explicitar su odio a España. A usted, que tiene las sandalias del pescador más gastadas que las de San Pedro de tanto predicar el Evangelio en tierras hermanas, sin abandonar esa lengua universal que une a 635 millones de ciudadanos del mundo, le viene con esto. A usted, que ha vivido en carne propia el fruto de ese proyecto del imperio mestizo que soñó Isabel la Católica, a la que invocaba en su hondísima alocución en el hemiciclo, le espeta necedades. Los entorchados que luce esta separatista son por representar a un prófugo de la justicia que salió de España escondido en un maletero, tras intentar dar un golpe institucional contra la nación que todavía usted pisa; esta deixis separatista desprecia cuanto ignora, como escribió don Antonio Machado, un «fascista español», según el credo de su espontánea interlocutora.

Ya sabrá que ese señor que le visitó en la Nunciatura para hacerse una foto y tapar sus escándalos mundanos quiere convertir esta vieja nación en un Estado plurinacional, como pago para ver si la susodicha Nogueras y otros le siguen votando y acaba el siglo de presidente del Gobierno. Aquí, tenemos al enemigo en casa. Sentados en el Congreso, y con un poder fuera de toda lógica, hay un puñado de políticos que solo han conseguido en las elecciones 27 de los 350 escaños de la Cámara; estos son justo los que quieren devolvernos a las cavernas. Recelan de la apertura y abrazan el supremacismo de unos hombres sobre otros, de unas lenguas sobre otras, de una sangre sobre otra. La pureza de la raza.

Estos, con los que se cruzará sobre las moquetas de la bella Ciudad Condal, tienen claro –aunque lo disimulan–, que no hay nada más universal que la Iglesia, cuya doctrina desafía al provincianismo que ellos despliegan, precisamente porque habla de valores, del bien común, del diálogo, del respeto, del mestizaje, del apoyo al débil. Ellos, sepa Santidad, desprecian al vecino que no habla su idioma y quieren imponer su ideología trasnochada a quien no comulga con su xenofobia, aprovechándose de un Estado de derecho garantista que incluso protege al que le odia. Pedirles a estos excluyentes que lean a Pío Baroja sentenciar que el nacionalismo se cura viajando es como reclamar a Nogueras que se comporte como una adulta.

Ellos reparten carnés de ciudadanía en función del pedigrí nacionalista. El que no es de su secta es un charnego. Sepa, Santo Padre, que a los escolares de esa ciudad que pasea hoy les impone ese nacionalismo excluyente el idioma regional por encima del que comparten todos los españoles. Ese hermoso vehículo de comunicación con que usted declama, con el dulce dejo con el que ha repartido verdades a diestro y siniestro. Ellos son la carcoma del gran país que ha visitado y cuyo arte y literatura ecuménicos, de Cervantes a Lope, de Moneo a Gaudí, de Pla a Lope, de Lorca a Unamuno, de Miró a Dalí obran como un antídoto contra su monserga casposa y reduccionista.

Ya sabe que los mismos insufribles cantamañanas han protestado porque su bendición de hoy, aprovechando el centenario de la muerte de Gaudí, de la torre de Jesucristo en la Basílica de la Sagrada Familia, en Barcelona, se efectuará en castellano y no en catalán. Desconocen que León XIV claro que dirá palabras en catalán, como hace en todos los enclaves que tienen una lengua vernácula. Pero lo lógico que es que se bendiga en la lengua que mayoritariamente hablan los catalanes, la misma que les une a ellos con el resto de España. Pero tenga en cuenta que el ruido de esta minoría separatista, con eco agigantado en los medios de comunicación, es inversamente proporcional a la grandeza del país que le alberga.

Todo esto es, Santidad, la claudicación de España a un insaciable chantaje nacionalista. Desde Pujol a Miriam, desde Rufián a Silvia Orriols, desde Aitor Esteban hasta Otegi. Todos ellos tienen un sentimiento tóxico contra lo que nos es común. Todos abonan una pura invención histórica que, cuando se impuso en Europa, terminó con dos guerras mundiales. Ahora su objetivo es acabar con nuestro proyecto constitucional, aquel que nos ha ofrecido los años más felices y prósperos. Ese consenso de honda legitimidad histórica al que usted apeló al evocar la Escuela de Salamanca. Seguro que no me equivoco si concluyo que tanto Nogueras como Aizpurúa corrieron a mirar en Google cuántos ultraderechistas cursan estudios allí.

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