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Perro come perroAntonio R. Naranjo

Que le den a Ayuso

Una vez más Sánchez intenta convertir una tragedia derivada de sus políticas infames en una oportunidad para dañar a un rival con el que no pueden

Cuando España sufre una tragedia, Pedro Sánchez solo hace una pregunta: ¿Quién gobierna allí? Si son los suyos, lo que cada vez ocurre menos, buscará una excusa para que nadie examine su incompetencia: la mejor de todas es la «emergencia climática», el comodín de negligentes que no ven vías rotas mortales en Adamuz, llenan de masa forestal los bosques, expulsan a ganaderos y agricultores e impiden que los paisanos cuiden su entorno, bajo amenaza de multa por coger una piña del suelo.

Pero si quien manda es de los malos, ay amigo, tenemos una oportunidad y la aprovecharemos, desde el Prestige a la Dana, estrellado el primero por Rajoy contra las costas gallegas y provocada la segunda por Mazón, que estaba en El Ventorro al mismo tiempo que Sánchez de cena hindú con la imputada Begoña, aunque esto no se diga tanto.

En esos casos la «emergencia climática» seguirá valiendo para que Sánchez viaje por el mundo como profeta del antídoto, para crear y subir impuestos con la excusa verde, para acabar con el sector primario que define la identidad de un país y, desde luego, para colocar en chiringuitos internacionales regados con el dinero confiscado a los contribuyentes a nulidades como Teresa Ribera o, quizá ahora, Yolanda Díaz, ambas con los mismos méritos en lo suyo que el propio presidente socialista para pontificar contra la prostitución y haber vivido muy bien gracias a ella.

Pero desaparecerá sobre el terreno y, de repente, será un asunto estrictamente local, para el que a lo sumo él intervendrá si piden ayuda, los muy fachas: lo vimos con Mazón, lo vimos con los incendios en Castilla y León del año pasado y lo estamos viendo con el fuego que arrasa ahora Madrid y las regiones limítrofes: cuando Ayuso ha pedido ayuda, la respuesta inicial ha sido discutírsela y recalcar que, mucha cháchara, pero al final siempre necesita al Gran Pedro, con el Delegado del Gobierno y los contertulios de cabecera al frente de la deplorable consigna.

La realidad legal, objetiva e innegociable, es que Sánchez siempre tiene el derecho y la obligación de intervenir cuando una tragedia supera los recursos y competencias de cualquier administración, lo que se entiende mejor en términos bélicos: a nadie se le ocurriría decir que, si Marruecos invade Ceuta y Melilla (si acaso no lo ha hecho ya), quien debe intervenir son los presidentes de ambas ciudades autónomas. Y, en todo caso, «si necesitan ayuda, que la pidan».

Pues lo mismo ocurre con las catástrofes «climáticas», el invento retórico para tapar la negligente gestión de la España rural, desprotegida por quienes dicen querer protegerla por su proverbial mezcla de sectarismo, incultura y estupidez engolada: un presidente puede reclamar la intervención del Estado, pero el Estado puede y debe intervenir según impone la Ley de Seguridad Nacional, en la que se incluye la Protección Civil, que faculta a hacerlo tanto al presidente del Gobierno cuanto al ministro del Interior.

Pero ambos han preferido estudiar primero hasta qué punto el fuego puede achicharrar un poco a Ayuso, ya que con la guerra sucia perpetrada a través del Fiscal General del Estado no salió bien, y por eso han discutido la intervención hasta que las evidencias se han impuesto.

Pero queda en el tintero, una vez más, la inhumanidad e incompetencia de la banda que nos gobierna, resumida en un lema: si por joder a Ayuso se tienen que joder millones de madrileños, que se jodan. Que lo nuestro es sacar a etarras de prisión para tener contento a Otegi.

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