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Pecados capitalesMayte Alcaraz

Juventudes odiadoras socialistas

Que seas, pues, bienvenida, Aránzazu. Llegarás lejos. Tus mayores lo hicieron, uno tras un atentado terrorista y, el otro, firmando una moción de censura presentada bajo la impostura de acabar con la corrupción, cuando ya preparaban llevarse el botín

Coincidiendo con la semana en la que los estudiantes españoles se someten a la PAU, de soltera Selectividad, hemos tenido la desgracia de disfrutar en toda su gritona intensidad la nueva savia sanchista. Ha mitineado una madrileña, que responde al nombre de Aránzazu Figueroa, que es desde hoy la nueva secretaria general de las Juventudes Sanchistas. De solteras, Socialistas. El discurso de esta muchacha de 27 añitos estuvo preñado de rencor, sectarismo, odio al que no reconoce como progresista. Dijo que la derecha es heredera del franquismo y que los jóvenes son «pijos de salón» y «mala gente». Se declaró «tremendamente orgullosa de no tener nada parecido a ellos». Delante del césar, asistente a sus expectoraciones, tenía que demostrar que en el corazón de un socialista solo hay sitio para el amor a una persona, a la única: a él, a Pedro. Ante el Amado Líder había que tocar la mejor música para sus oídos. Y así lo hizo esta chica de la que cuesta creer que con su edad pueda albergar tanta bilis, tanta hiel, tanto resentimiento. Pero es el prototipo que nos va a dejar estos ochos años de régimen: muchachos sectarios que llevan en su cabeza y en su lengua la marca de Caín.

Sánchez se irá, pero esta es la nidada que dejará, con la que se conformarán los cuadros políticos de izquierda que intentarán volver al Gobierno, cachorros que ya solo saben gritar una cosa: «¡No pasarán!». Este es el fruto del manual guerracivilista que Zapatero pergeñó y Sánchez ha inoculado en el torrente sanguíneo de sus seguidores. Da terror escuchar los salivazos de esta chica contra media España, con la intención de evitar que algún día se produzca algo tan saludable en una democracia como la alternancia política. Esta es la juventud que genera el sanchismo. Siguiendo el magisterio de su líder, una juventud que abraza la mentira, la inmoralidad y, además, justifica la corrupción y el latrocinio como un «tropiezo», tal y como hizo el propio Sánchez en el congreso que eligió a su nueva alevín.

Pero es que además esas nuevas generaciones son el fruto más representativo de las políticas educativas de este Gobierno. De los métodos pedagógicos impuestos por la izquierda, que huyen de la cultura del mérito y minusvalora la filosofía en algunos territorios, la materia que ayuda a entender la vida, a razonar y a desarrollar el pensamiento crítico. De hecho, Aránzazu es un ejemplo palmario de esa falta de espíritu exigente con las élites políticas, que compran su mercancía podrida a cambio de agarrarse a la teta pública y no soltarla hasta la jubilación. Mejor jóvenes que pasen fácilmente por la manga ancha de la PAU, que renieguen de la exigencia y del esfuerzo, que aquellos bien formados que demanden a sus gobernantes ética y gestión eficaz. Es la hora de fórmulas educativas que traten a los estudiantes como si fueran párvulos con chupete, para que puedan ser estabulados convenientemente: de ahí Aránzazu. Si le añades que esa prueba ni siquiera aplica un mismo criterio en todas las comunidades, que se celebra con un calendario dispar en cada región, pues adiós a la añorada igualdad ante la ley y, sobre todo, a cualquier atisbo de vertebración de España. De ahí que las juventudes socialistas pidan también un Estado plurinacional y azucen a una consulta que derribe la Monarquía, uno de los últimos pilares de la integridad territorial de España.

Que seas, pues, bienvenida, Aránzazu. Llegarás lejos. Tus mayores lo hicieron, uno tras un atentado terrorista y, el otro, firmando una moción de censura presentada bajo la impostura de acabar con la corrupción, cuando ya preparaban llevarse el botín. Miedo me da pensar cuál será la coartada que te lleve a ti, o a tus compañeros de las Juventudes Socialistas, a gobernar en Moncloa dentro de unos años. Odiar desde el lado bueno de la historia es un chollo. Un futuro promisorio para los retoños del sanchismo.

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