Ay, ministra Robles
¿No siente vergüenza por su silencio ante el ataque de vándalos separatistas a tres soldados españoles en Navarra? ¿Lo que sea por el coche oficial?
En tres comunidades autónomas, Cataluña, Navarra y el País Vasco, existe a efectos prácticos un déficit de libertad que no se denuncia como se debería. Responde a una presión nacionalista que hace imposible expresar en las calles cualquier signo de patriotismo español, so pena de agresión, e impide escolarizarse con normalidad en castellano, pese a tratarse del idioma más hablado en las tres regiones.
La velada del domingo pasado, con el sensacional triunfo de España en el Mundial, mostró el problema referido en toda su crudeza. Al margen de desprecios nacionalistas aquí y allá, como el ridículo del soriano y el burgalés que mandan en el PNV, hubo dos agresiones graves contra aficionados que apoyaban a España en espacios públicos. Ambas las protagonizaron jóvenes encapuchados de ideología separatista, herederos de lo que era la kale borroka de ETA. Una sucedió en Bilbao, donde arremetieron contra quienes veían el partido en un céntrico parque a través de una pantalla facilitada por el PP. Algunos de los atacantes portaban incluso armas blancas.
La otra sucedió en un bar-restaurante de Berriozar, municipio obrero de 12.000 habitantes pegado a Pamplona, con mucha población inmigrante, española en el siglo XX y ahora extranjera. El alcalde es de Bildu, el partido creado por lo que fue ETA, como el de la propia Pamplona.
Cerca de Berriozar se encuentra el cuartel de Aizoáin, que es de lo poco oficial que queda en Navarra que suene a España, pues todo se ha ido retirando poco a poco. Los soldados del acuartelamiento frecuentan el bar donde se produjo la agresión. Tres de ellos, vestidos con camisetas de la selección española, se fueron a ver allí la gran final, colocando además en su mesa una bandera de España. En esa terraza del establecimiento estaban también otros clientes, algunos con sus niños. De repente, y existe un vídeo tremendo donde se ve todo perfectamente, irrumpen una veintena de encapuchados, armados con bates y porras, que rápidamente golpean a los soldados, destrozan todo el mobiliario de la terraza y se retiran.
Los militares sufrieron numerosas lesiones, con fracturas de costillas y muñecas y brechas por golpes de cristales. A una mujer le partieron la nariz. El alcalde de Bildu ha reaccionado diciendo que «estos hechos no deberían darse en nuestro pueblo». Nótese que no habla de agresión, son «hechos», como si hubiese caído una granizada. También alegó que uno de los militares portaba un emblema neonazi, singular justificación para la violencia, y más en una Navarra que lleva décadas tolerando sin problemas la simbología proetarra y procomunista.
Pero todavía peor que el alcalde de Bildu, que al menos ha hecho algo parecido a un levísimo reproche, ha estado nuestra ministra de Defensa, que a estas horas no ha dicho nada sobre la agresión. Ni una palabra de condena cuando golpean a tres soldados españoles que estaban viendo pacíficamente la final de la selección en una población española pegada a Pamplona.
Ay, ministra Robles, qué vergüenza. Mucha palabrería heroica elogiando a nuestras Fuerzas Armadas cuando entrega unas medallas, o cuando da un discursito… y luego, a la hora de la verdad, deja tirados a unos soldados magullados por proetarras solo porque no se atreve a molestar a Sánchez, que está sostenido por ellos. Grimoso, ministra, y siento tener que decirlo.
¿Qué avería sucede en la conciencia de esta persona, que a sus 69 años tiene su carrera hecha, que ha sido magistrada del Supremo, que a ratos parece sensata, para caer en tan oprobioso silencio? Señora Robles, ¿de verdad le vale la pena arrastrarse así por un añito más en el coche oficial? ¿Con qué dignidad va a encararse usted con los mandos del Ejército la próxima vez que le toque reunirse con ellos después de la indignidad de no condenar un acto de salvajismo separatista contra nuestros soldados?
Recapacite y reaccione, que está a tiempo. Defienda de verdad a aquellos a los que se debe, como española y por razón de cargo. Condene con toda la energía este acto de execrable violencia separatista. Y si no lo hace, por favor, no nos sigan aburriendo con la milonga de que usted tiene «mucho sentido de Estado», porque está denotando que en realidad no tiene ninguno (más allá de adular al jefe, el presidente de la corrupción, la amnistía a los golpistas catalanes y la inacción presupuestaria).
Pero bueno, para gustos se pintan colores. Y se ve que a usted le gusta todo esto del sanchismo y la coalición con los separatistas antiespañoles, pues ahí sigue, encantada de la vida en el peor y más nocivo Gobierno de nuestra democracia.