El perol sideralAlfredo Martín-Górriz

Perros en los trenes

«Ninguna democracia occidental consentiría que estos animales esperen en una estación o sufran algún tipo de percance durante el trayecto»

Act. 23 jul. 2026 - 17:48

Con la admisión de perros de hasta 40 kilos en los trenes, usted podrá viajar bien con un chihuahua, un pequinés, un Yorshire o un carlino, pero también con los mismísimos Cujo, Cerbero o el sabueso de los Baskerville junto a la ventanilla. La horquilla sólo deja fuera, quién sabe por qué, al mastín español, el único que no podrá subirse en el AVE ni el Avant. Los cachorros tendrán un recargo, también las perras en celo y las razas potencialmente peligrosas. Mezclar a los dos últimos en el mismo vagón seguro que traerá alegrías. Faltan las protestas de los dueños de gatos, por la clara discriminación, para que también se añadan no a sus particulares vagones, sino a estos mismos, donde ya se están echando de menos conejos, canarios y tortugas. Incluso algún hurón. «Lo anuncié hace meses y hoy lo cumplimos. Las mascotas son familia, y ya pueden ocupar un hueco a nuestro lado en el tren», indicó hace poco el ministro Óscar Puente. ¿Y el resto no lo son? Eso merece un debate. Tan familiar nuestro pueden ser unos agapornis como una iguana.

Controversias al margen, han surgido protestas acerca de esta nueva norma, fundamentalmente por el cúmulo de accidentes, percances de todo tipo, retrasos y demás problemas que aquejan al mundo del ferrocarril en España, y de los que no se libran ni los cercanías ni los de media distancia. La pregunta que se hace mucha gente es ¿con la que está cayendo e introducen perros en los trenes? ¿Por qué tomar medidas así en lugar de resolver la decadencia imparable de este medio de transporte?

Solamente en la provincia de Córdoba en lo que va de año hemos visto desde un brutal accidente, el de Adamuz, hasta constantes demoras que han convertido varias veces a la estación de la ciudad en un lugar lleno de viajantes varados y sin apenas respuesta de las autoridades, en muchos casos con un paisaje de colas kilométricas y gente teniendo que pasar la noche donde buenamente podía. Muchos de los damnificados en diverso grado pueden extrañarse por la llegada de los perros ante semejante estado de degradación.

Es posible que suceda más bien al contrario, y la llegada de los perros a los trenes sea una magnífica noticia, no solamente por la unión con la familia en este medio de transporte, pues un perrijo es un perrijo, al igual que un gatijo, sino por suponer el principio de una solución al colapso de los ferrocarriles españoles.

¿Cómo puede suceder algo así? Sencillamente, ninguna democracia occidental consentiría que estos animales esperen en una estación o sufran algún tipo de percance durante el trayecto. Una cosa es que miles de ciudadanos padezcan contratiempos e incidentes día sí, día también. Otra que lo soporten los perros. Esto no lo puede consentir el Gobierno. Confiemos por tanto por nuestro bien que, poco a poco, los asientos se vayan poblando de caniches, teckels, galgos, pomeranos, bichones, border collies, american bullies, malinois, dóbermans, pastores alemanes y, cómo no, todo tipo de chuchos. Finalmente, llenos los vagones de perros, dejarán entrar con ellos a sus humanos hasta 120 kilos, único modo de que vuelvan a funcionar las cosas.

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