El perol sideralAlfredo Martín-Górriz

El Jardín de los Raperos

«¿De verdad no existía la posibilidad de mantener la forma, estructura y carácter de tan bellísimo, genuino e imaginativo jardín?»

Act. 09 jul. 2026 - 08:46

Decíamos ayer, y con ayer queremos decir el 20 de marzo del año pasado en el artículo 'El jardín de los poetas muertos', que el llamado Jardín de los Poetas, tras la muralla del Marrubial, llevaba un lento, constante e inexorable proceso de degradación. El menudeo de drogas, la presencia de vagabundos, muchos de ellos en estado de extrema ebriedad, los botellones, los actos vandálicos y la indispensable suciedad que procede de multitud de perros haciendo sus necesidades, habían convertido a uno de los rincones más singulares de Córdoba en un lugar conflictivo, sucio y desagradable. Todo ello teniendo en cuenta el gran componente familiar que tiene debido a su pequeña zona de atracciones infantiles, que ha sufrido de la misma manera de la situación de deterioro global. A todo ello se sumaba el hecho de que los estanques estaban vacíos desde noviembre de 2023, ofreciendo un panorama desolador.

El Jardín de los Poetas tiene dos peculiaridades fundamentales. La primera procede de su vista cenital. Antes se diría a vista de pájaro, hoy emplearemos el término a vista de dron. Pues bien, si observamos el lugar a vista de dron veremos la forma de una guitarra, desarrollada por un estanque circular arriba, continuada por otro grande y rectangular, hasta llegar al semicircular del final. Esa forma se logra también por el apoyo de setos, arrayanes y diversas estructuras con enredaderas. Todo ello no se percibe desde un plano normal, como diría el hortera «a pie de calle». Pero lo que sí es característico para el visitante es que el estanque circular cercano a Ollerías conecta mediante atarjeas con una fuente vertical en un muro y luego con los otros dos ya comentados. Todo el jardín está dividido con el agua corriendo a ras de suelo, además en forma de cruz, una verdadera peculiaridad que refuerza la estructura de la guitarra en la comentada vista de pájaro o dron, y que sin necesidad de ella hace de este rincón un sitio único.

¿Hace? Queremos decir... hacía. Hace unas semanas se llenó por fin de agua el estanque grande. Días después el circular. ¿Volvería a lucir este sitio como merece? Nada más lejos de la realidad. El Ayuntamiento ha suprimido las atarjeas. Sencillamente las ha tapado. Ya no habrá conexión entre las aguas.

Si la forma de guitarra desde arriba es su cuerpo, las atarjeas desde abajo son... eran... su alma. Eliminar estas estructuras supone no ya una alteración, sino una verdadera mutilación con respecto al diseño que convertía al Jardín de los Poetas en excepcional.

Pueden esgrimirse razones de filtraciones de agua o de ahorro, pero, ¿de verdad no existía la posibilidad de mantener la forma, estructura y carácter de tan bellísimo, genuino e imaginativo jardín? ¿Cómo justificar semejante supresión capaz de acabar con la idiosincrasia de este espacio? Todo ellos se une a la eliminación de chorros diversos en los estanques, algo enormemente alegre... cuando funcionaba.

En lugar de realzar como merece la extraordinaria obra de Juan Serrano, decorada además con un mural de José Duarte, el Jardín de los Poetas parece haberse rebajado a la naturaleza de los problemas que lo asolaban y asuelan, vulgarizándose.

Ya nada quedará de poesía. Habrá que cambiarle el nombre, con justicia y realismo, al Jardín de los Raperos.

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