El perol sideralAlfredo Martín-Górriz

Cinedeveranitis

«El enfermo de cinedeveranitis se encaminará a una nueva misión como hipnotizado. Para ello sólo necesita dos elementos: un cine-exin y una pared»

Las autoridades controlan en estos momentos numerosos virus en Córdoba. Por ejemplo el virus del Nilo, transmitido por mosquitos. O los del dengue, zika y chikungunya, que podrían contagiar algunos viajeros. También se vigila al virus que transmite la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo. Incluso el virus usutu, que afecta sobre todo a aves pero puede pasar al ser humano. Todos ellos cuentan con planes específicos. Absortas las instituciones en estos peligros, pendiente la población de otras cuestiones, y ambas atentas al mundial, se ha colado en Córdoba un extrañísimo virus, aún no estudiado, increíblemente contagioso, y que provoca una enfermedad inédita: la cinedeveranitis.

La persona aquejada de pronto por cinedeveranitis siente una necesidad imperiosa de asistir al cine de verano, aunque no haya ido en los últimos cuarenta años, de acudir a sus inmediaciones con pancartas o, en los casos más graves, de proyectar una película en un muro aleatorio de la ciudad. En muchos documentales, determinados parásitos toman posesión del huésped y obligan al animal a hacer cosas que no quería, a tener comportamientos condicionados. El enfermo de cinedeveranitis se encaminará a una nueva misión como hipnotizado. Para ello sólo necesita dos elementos: un cine-exin y una pared.

De esta forma, recientemente, grupos deambulantes aquejados de cinedeveranitis, proyectaron películas en la fachada del Fuenseca y, esta misma semana, entre dos ventanas de una vivienda en San Agustín, donde se pudo ver Viaje a la Luna, de Georges Méliès, uno de los cineastas más queridos y demandados por los cordobeses. Cualquier cosa es posible ante este padecimiento. Un ciclo de las mejores películas de Josefina Molina emitido en una parilla de Acera del Río. La última de Almodóvar en el escaparate de una tienda de yoga y productos esotéricos. Una selección de Fernando León de Aranoa en una tapia del casco histórico. Una antología sobre la guerra civil española en la balconada de Orive. Una triple sesión con 'El salto', 'Las cartas de Alou' y 'Flores de otro mundo' en el frontispicio del palacio de los Páez de Castillejo con otro pase en los arcos de la plaza de la Corredera. ¿Quién sabe?

Todo ello se realiza fuera de los cines de verano oficiales. Recientemente, uno de los responsables del Coliseo San Andrés me comentaba que, tras una manifestación de enfermos de cineveranitis en la puerta de este negocio, todos ellos pertenecientes a determinados partidos políticos, ninguno, salvo dos, se quedaron a ver la película. Esa es otra de las características de la cinedeviranitis: aversión al cine de verano auténtico, donde no pueden entrar ahora ni entraron jamás. El cine de verano auténtico es repelente para el aquejado de cinedeveranitis, que demanda cine de verano en lugares insospechados... pero jamás en el cine de verano.

El enfermo de cineveranitis languidece en el cine de verano pero se activa con un cine de verano proyectado con cine-exin en un muro de contención o un andamio. Ahí queda absorto ante la magna obra de Jonás Trueba. Jamás, sin embargo, podría ver una película comercial o un clásico dentro del cine de verano de verdad, pues sienten un rechazo hacia estos lugares parecido al del rabioso con respecto al agua: la cinedeveranitis, siempre externa, acarrea paradójicamente una cinedeveranofobia.

Enfermedad, como indicamos, tremendamente contagiosa, no entiende de edad, y afecta al joven, pero también a la abuela. De la misma forma que algunos males generan heridas, costras, picaduras o pústulas, la cinedeveranitis hace que al afectado le salga una silla plegable. Pensábamos que el apocalipsis sería nuclear, quizá una invasión extraterrestre, acaso una guerra contra los zombis. Jamás que empezara con el anuncio de la emisión de una película de Alejandro Amenábar en un tabique.

Si ve a esas masas itinerantes vagando por la ciudad, no se acerque, o no volverá al cine de verano, quedando atrapado en un eterno camino, sin rumbo fijo, en busca de un paredón en el que poner 'Los lunes al sol'.

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