A cada maestrillo, su librillo
«Tres trimestres, nueve meses, un embarazo completo»
22 de junio de 2026 .Y tú, que estás tranquilamente leyendo esta columna, dirás: «¿Qué pasa ese día?».
Pues para muchos estudiantes será su última jornada lectiva del curso, una fecha que acogerán con gozo y entusiasmo, el mismo que quizás no muestren sus progenitores al pensar dónde colocan a la criatura durante tres meses.
¡Ay, querido padre, ha llegado ese momento! Hasta septiembre toca inventar planes, juegos y algún día de vacaciones en la costa. Todo esto bajo el clima agradable y soberano de nuestra querida ciudad, en la que, con suerte, puedes salir a pasear a eso de las 10 de la noche sin abrasarte la mano al abrir la puerta de casa.
«Papá, me aburro», «Mamá, ¿qué hacemos ahora?». Más que preguntas, parecen cuestiones de un examen muy difícil de resolver, porque las ideas, querido adulto ocupado, se acaban agotando. Y es en este preciso instante, en este justo momento, en el que nos acordamos de esa figura esencial en la vida de nuestros hijos, ese actor invisible que los aguarda de septiembre a junio: el profesor.
Tres trimestres, nueve meses, un embarazo completo. Veinticinco mini personas a cargo de un solo adulto que instruye sus mentes y va aplicando las herramientas que les ayudarán en el futuro.
¿Dónde queda en la temporada estival el manual de educar hijos? ¿Cómo se gestiona esto? Querido padre o madre que lees esta columna, ármate de paciencia: acabará pronto y el sufrimiento será rápido.
Por favor, recuerda, cuando quieras realizar una reclamación al profesional de turno, que luchan no solo con muchas clases de pequeñas almas dispuestas a comerse el mundo, sino también con muchos padres que han olvidado la humanidad y que han cambiado alzar su mirada hacia el de al lado por la individualización de sus niños.
Querido profesor, suerte para el próximo septiembre.