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Domingo pacheco

Magnífica Humanidad… ¿eres tú, Rousseau?

El Papa propone mirar a Cristo para entender al hombre, porque en Él se descubre esa magnífica humanidad, creada a imagen y semejanza de Dios y llamada a encontrarse con Él

Cuando se enseña filosofía, hay dos modelos antropológicos que se contraponen de una manera un poco maniquea: de un lado, la afirmación pesimista de Hobbes acerca de que «el hombre es un lobo para el hombre» y, de otro lado, la negación optimista del mal en el hombre, descargando el peso del mal en una falta de educación y una sociedad corruptora, de manos de Rousseau. Y ahora, aparece la última y primera encíclica del Papa León XIV que lleva por título Manifica Humanitas, evocando ese optimismo rousseauniano. ¿Es cierto esto? ¿Quiere el Papa proponer de nuevo la visión del hombre que, huyendo de los condicionantes sociales, manifiesta su bondad intrínseca?

Lo cierto es que esta encíclica ya ha recibido muchos comentarios de distinta cualificación. Algunos positivos, otros negativos; unos convergentes, pocos divergentes. Sin embargo, hay una crítica bastante repetida: «León ha querido poner en el centro al ser humano, y esto ya sabemos cómo acaba». Permítame decir que, si se queda con esa visión, es, o bien que no ha leído la encíclica, o bien que no ha entendido nada.

La primera encíclica de un Papa suele tener un cierto carácter programático

La primera encíclica de un Papa suele tener un cierto carácter programático y, por el contenido de esta, León XIV nos está recordando algo que manifestó al inicio de su pontificado: todo en él es una declaración de intenciones. Si la elección de su nombre ya fue comentada por la vinculación a su predecesor, iniciador de la Doctrina Social de la Iglesia, esta encíclica solo hace que confirmar lo que él ya vaticinó al inicio de su pontificado: el pensamiento social cristiano ha venido para quedarse, porque la Iglesia tiene la obligación y la responsabilidad de hacer una propuesta humanizadora para el mundo. Ahora bien, para humanizar la sociedad, ¿es cierto que el papa propone poner al hombre en el centro?

León XIV, siguiendo la estela de la valiosa declaración del Concilio Vaticano II del diálogo de la Iglesia con sus contemporáneos, quiere recordarnos algo fundamental: reconocer la encarnación significa asumir la perfecta y verdadera humanidad de Cristo, semejante en todo a nosotros, menos en el pecado. Esto significa que en Cristo no hay nada ajeno a Dios, lejos de Él. Pero el Hijo de Dios, en su encarnación, hace ver que, con la gracia, todo lo genuinamente humano se puede vivir desde Dios y se convierte en un camino hacia Él. Como nos recuerda Gaudium et Spes, «el Hijo de Dios con su encarnación se ha unido, en cierto modo, con todo hombre. Trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre» (n. 22). La humanidad de Cristo es el fundamento del «antropocentrismo» cristiano, porque mirándole a Él, hay una propuesta humanizadora para el hombre que es un don y, al mismo tiempo, una tarea. La fe cristiana pone en el centro al Dios-hecho-hombre, lo que significa que no podemos dejar de lado la humanidad de Cristo como modelo y guía para una nueva humanidad. Si pretendemos ver al Jesús de los evangelios al margen de su humanidad, habrá muchas cosas que no comprenderemos: que llore por su amigo Lázaro, que sufra en Getsemaní o que sea tentado en el desierto… la humanidad de Cristo no es postureo, es la afirmación de que la humanidad se ha constituido en un camino para llegar a Dios, lo que el hombre por sí mismo no puede conseguir.

Si pretendemos ver al Jesús de los evangelios al margen de su humanidad, habrá muchas cosas que no comprenderemos

Por eso el Papa propone mirar a Cristo para entender al hombre, porque en Él se descubre esa magnífica humanidad, creada a imagen y semejanza de Dios y llamada a encontrarse con Él. Y cuando esto se aplica a la realidad social, es cuando se descubre que todo se ordena a que el ser humano se pueda desarrollar en plenitud, haciendo brillar esa dignidad que nace de su imagen divina. El Papa pone en el centro la dignidad de la persona humana, porque es lo único que puede ser considerado un fin en sí mismo. De este modo, recuerda cómo la Doctrina Social de la Iglesia ha servido para poner esta dignidad en el centro de cuestiones sociales variadas, como son el mundo del trabajo o las relaciones internacionales.

Esta es la base desde la que el sucesor de Pedro realiza sus consideraciones sobre la Inteligencia Artificial, porque en ella detecta el desafío del mundo actual, y no quiere que la Iglesia llegue tarde en su consideración, ni que se conforme con una condena por el miedo a lo desconocido. De ahí la llamada del Papa a los fieles laicos, a «no tener miedo de dejarse interpelar por la realidad, de ponerse a la escucha recíproca y de asumir con firmeza la propia responsabilidad en la construcción de una sociedad más humana y fraterna» (MH 91). De lo que se trata no es de demonizar la IA, o la tecnología, o los avances de la técnica: se trata de no olvidar que el único fin en sí mismo es el ser humano, porque es el único que tiene un valor absoluto, al que hemos dado el nombre de «dignidad».

La magnificencia de la humanidad no nace de su autorreferencialidad, sino de Aquél que le ha dado vida

Así que no, no es Rousseau el que habla. Es la voz de aquél que quiere que Dios esté en el centro para que el ser humano descubra su auténtico valor y su auténtica belleza. La magnificencia de la humanidad no nace de su autorreferencialidad, sino de Aquél que le ha dado vida. Y el Papa León es un fiel defensor de que, en la medida en que no olvidemos esto, el hombre y todo lo que realiza en su colaboración con la obra creadora de Dios, puede ser un instrumento para la realización de una nueva humanidad que ponga en el centro la dignidad de cada persona.

Domingo Pacheco es sacerdote diocesano de Valencia, Capellán y director de la Cátedra de Teología Joseph Ratzinger de la Universidad CEU Cardenal Herrera y Consiliario Diocesano de Juniors M.D. Licenciado en Teología Histórica y Máster en Ética y Democracia. Es, además, coordinador del Grupo de Reflexión sobre IA del área de Filosofía y Ética del CEU.

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