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TRIBUNADomingo pacheco

El Papa pop

En cada intervención, en cada discurso, el Papa hace actual el mensaje del Evangelio, para que todos puedan beber de él, tanto creyentes como no creyentes

Cuando decimos que algo es «pop», estamos hablando de un fenómeno de masas, algo que responde al espíritu del momento y que se acopla a la cultura de masas. En España hoy el Papa es muy pop. Sale en todos los medios de comunicación, es generador de TT en X (antes Twitter) y ha arrancado un aplauso de 7 minutos a los miembros del Congreso de los Diputados y del Senado. Como digo, el Papa es muy pop. Sin embargo, no creo que su intención sea serlo.

La visita apostólica del Papa a un país es algo que expresa, de manera gráfica, una dimensión connatural a aquellos que se declaran católicos: la comunión. Una realidad espiritual, que se vive normalmente en la distancia, pero que en una visita apostólica toca tierra y se hace visible, se encarna. Desde siempre, los católicos han querido estar cerca del Santo Padre. No es extraño que la inmensa mayoría de órdenes y realidades eclesiales que han existido durante casi dos mil años y que se han declarado católicas tengan o hayan tenido una casa, por pequeñita que fuera, en la Ciudad eterna. La cercanía al Papa no es algo solamente espiritual: debe ser algo físico, palpable y mesurable, y cuanto más cerca, mejor. Por eso, la venida del Papa a España ha significado que miles de católicos se desplacen a los distintos lugares que va a visitar para poder estar cerca de él. No porque sea un «fenómenos de masas», sino porque quieren expresarle su afecto y cercanía. Ahora bien, este afecto no nace de las virtudes humanas o cristianas del pontífice en cuestión, sino que es algo que va mucho más lejos.

El Papa es muy pop. Sin embargo, no creo que su intención sea serlo

Hace dos años poca gente sabía quién era Robert Prevost en comparación con todos los que ahora saben quién es León XIV. A poca gente le interesaba si era de una manera u otra. Y, realmente, ahora somos muchos los que, queriendo conocerlo, hemos recibido una imagen mediatizada de él. Ahora bien, el hecho de que sea el Papa genera un interés hacia su persona que no nace de sí mismo. Desde el día en que fue elegido para esta tarea, se convirtió en el sucesor de Pedro, la piedra sobre la que se edifica la Iglesia, que representa el vínculo de unidad de todos los cristianos. Mucha gente ve la elección de un Papa como un privilegio… sin embargo, ¿a qué ha renunciado Robert Prevost para ser León XIV? Lo diré rápido y claro: a todo.

Jesús, en el evangelio, le dijo a Pedro: «cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas donde querías; pero cuando seas viejo, extenderás tus manos, otro te ceñirá y te llevará donde no quieras» (Jn 21,18). Y esto se ha mantenido en la persona del sucesor de Pedro. León XIV ya no puede hacer lo que hacía Robert, y no solo por motivos logísticos. Robert Prevost tenía una forma de vida, unas dinámicas, unas costumbres… que desaparecieron cuando terminó el cónclave. Cuando apareció León XIV, la vida de Robert Prevost se entregó completamente. Esto significa que la persona de León XIV es su ministerio, su servicio, su ser sucesor de Pedro. Y esto es algo que los católicos agradecemos en su «sí».

Cuando apareció León XIV, la vida de Robert Prevost se entregó completamente

El Papa no dijo «sí» para ser un fenómeno de masas. Simplemente, aceptó una misión: guiar la nave de la Iglesia intentando ser dócil a la acción del Espíritu Santo. Sin embargo, ni a León XIV ni a ningún papa el Espíritu Santo le ha privado de su libertad, como a ningún católico: inspira para marcar un camino, pero de manera sutil, a través del discernimiento. Y a través de esa misión, cada uno puede formarse una idea determinada. Habrá quién alabe lo que dice, y habrá quién lo condene. Muchos pensarán que sus palabras son sabias, y otros verán en él al jefe de un chiringuito de ignorantes que, en el colmo de la ignorancia, han decidido abrazar la fe. Sin embargo, lo que mueve a León XIV no es ni una consideración ni la otra: es la fidelidad al servicio que la Iglesia le ha encargado, y lo hace de la mejor manera que sabe.

Hoy el papa es pop en España. Mañana puede que se nos haya olvidado que llenó la plaza Lima o Cibeles. Sin embargo, su visita no ha sido para abarrotar vías públicas: es la visita del sucesor de Pedro que quiere confirmar en la fe a sus hermanos. En cada intervención, en cada discurso, el Papa hace actual el mensaje del Evangelio, para que todos puedan beber de él, tanto creyentes como no creyentes. No nos quedemos con la foto, por impresionante que sea: demos gracias porque la comunión con Pedro, que tantas veces afirmamos en la fe, hoy se hace presente y se palpa en las calles de nuestra tierra.

Domingo Pacheco es sacerdote diocesano de Valencia, Capellán y director de la Cátedra de Teología Joseph Ratzinger de la Universidad CEU Cardenal Herrera y Consiliario Diocesano de Juniors M.D. Licenciado en Teología Histórica y Máster en Ética y Democracia. Es, además, coordinador del Grupo de Reflexión sobre IA del área de Filosofía y Ética del CEU.

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