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Sylvester Stallone, en el pasado Festival de Toronto

Sylvester Stallone, en el Festival de TorontoGTRES

La sorprendente confesión de Stallone: «Cuanto más me entrego a Jesús, más presión se me quita de encima»

Su vida guarda momentos únicos: Desde verse obligado a dormir en una estación de autobuses por la pobreza extrema hasta ser recibido por el Papa Francisco en 2023

Son varias las generaciones que crecieron junto al fervor de las peleas épicas que protagonizaba sobre el cuadrilátero Rocky Balboa. Fueron hasta 6 los volúmenes de una de las sagas cinematográficas más famosas de Hollywood. La última entrega, que disfrutaron millones de personas en la gran pantalla, cumple ya 20 años desde su lanzamiento.

En una entrevista concedida hace unos días a The Dove Foundation, el actor confesó que no se atribuye el mérito absoluto de aquella genialidad, sino que se considera un instrumento de Dios: «Sentí como si me impulsaran a hacer algo. En la primera película de 'Rocky'... nunca fui escritor y, de repente, un día sentí que me pedían que escribiera esto. Sentí como si Dios me estuviera moviendo a hacerlo. Por eso comencé la primera película de 'Rocky' con una imagen de Jesús».

Sylvester Stallone, el exitoso actor que dio vida al boxeador más famoso del mundo del cine, celebró a principios del mes de julio una fecha redonda: su 80 cumpleaños. Durante su larga vida ha protagonizado numerosos filmes, desde cintas eróticas más subidas de tono hasta la película Rambo IV, que él mismo califica de «cristiana». La trayectoria de Stallone dibuja una línea de ascenso desde la pobreza extrema hasta la cima de Hollywood, desde donde también se ha acordado en varias ocasiones de las raíces de su fe católica.

Una infancia marcada por la adversidad

Stallone nació con una parálisis facial parcial, debido a una complicación médica durante el parto, y cargó desde niño con dificultades para hablar. En su casa practicaban la fe católica y se la trasmitían entre generaciones. Sin embargo, la dura relación con su padre y las carencias económicas lo empujaron gradualmente a una deriva vital sin rumbo fijo.

A principios de la década de 1970, Stallone era un actor desempleado en Nueva York. Estaba sumido en una pobreza tan extrema que se vio obligado a dormir durante semanas en una estación de autobuses. Fue en ese momento de máxima vulnerabilidad cuando tomó una decisión de la que se arrepentiría públicamente durante años: protagonizar una película de corte erótico titulada The Party at Kitty and Stud's (1970). En una entrevista para PlayBoy declaró los duros momentos que vivía: «Era hacer esa película o robar a alguien, porque estaba en el límite absoluto de mis fuerzas».

Por aquel trabajo de dos días, el actor recibió apenas 200 dólares. Años más tarde, tras el descomunal éxito de su obra cumbre, los distribuidores reeditaron la cinta bajo el explícito título de El semental italiano para capitalizar su fama planetaria.

A pesar del bache moral que supuso aquella producción, el punto de inflexión definitivo llegó en 1976. Inspirado por una pelea entre Muhammad Ali y Chuck Wepner, Stallone se encerró a escribir un guion que cambiaría el destino del cine: Rocky Balboa. Aunque Hollywood le ofrecía grandes sumas de dinero por el texto a condición de que una estrella consagrada asumiera el papel principal, él se negó en redondo, manteniéndose firme a pesar de tener menos de cien dólares en el banco.

El ego, la fama y el vacío espiritual

El éxito masivo de Rocky Balboa (1976) —que se alzó con tres premios Óscar, incluido el de Mejor Película— catapultó a Stallone a un estatus de icono en la cultura global. Fue durante este periodo de opulencia y excesos en el que el actor admite haber perdido por completo el rumbo espiritual que le inculcaron en su hogar católico.

Rocky 3

Sylvester Stallone en Rocky 3

«Sentí que al personaje de Rocky también le pasó algo parecido. Simplemente no tuvo la guía adecuada. Y entonces se le dio una oportunidad en la película, como si lo hubieran elegido. Jesús estaba con él y él iba a ser el tipo que viviría a través del ejemplo de Cristo», explica ahora Stallone en la entrevista con The Dove Foundation. «Es muy indulgente, no hay amargura en él. Siempre pone la otra mejilla. Es como si toda su vida hubiera sido un servicio», define el actor a su personaje.

«Y dije: 'Hombre, si pudiera tomar mi historia, mis sentimientos, y ponerlos en el cuerpo de un boxeador, porque el boxeo es un símbolo de la lucha constante y del ejemplo de Cristo', pensé, 'esto sería realmente interesante' y eso fue exactamente lo que pasó», detalla. «Fue como un regalo inesperado, la verdad», reconoce Stallone.

La tentación del mundo real y de la industria del entretenimiento sustituyó los altares por el culto al ego y la autorrealización material. «Te crees el dueño de tu propio destino, te vuelves arrogante y dejas de pedir guía», afirmó. La desconexión espiritual que vivió durante esos años afectó directamente a su trabajo. «Me distraje muchísimo y me absorbí en mí mismo», reconoció.

El regreso a casa: «La iglesia es el gimnasio del alma»

El verdadero retorno de Stallone a la fe activa no ocurrió en un momento de triunfo cinematográfico, sino a través del dolor familiar. En 1996, su hija mayor Sophia llegó al mundo con una grave cardiopatía que puso en riesgo su vida. Ante la impotencia médica, Stallone recurrió a la oración y depositó el destino de su familia en las manos del Creador: «Ahí fue cuando volví a ponerlo todo en manos de Dios. Te das cuenta de que tú solo no puedes cargar con el peso del mundo».

A partir de ese instante, su perspectiva sobre el cristianismo dio un giro radical. Sylvester Stallone comenzó a hablar de manera explícita sobre su fe en Jesucristo y la importancia fundamental de pertenecer a una comunidad religiosa institucionalizada. Una de sus metáforas más célebres combina su pasado atlético con su presente espiritual: «No tener a la iglesia es como tener un bote sin timón: piensas que puedes hacerlo por tu cuenta, pero necesitas ayuda. La iglesia es el gimnasio del alma».

«Toda mi vida he estado involucrado con el ejercicio, pero no importa cuánto —y sé mucho sobre el cuerpo—: necesitas ayuda. Necesitas un entrenador. Necesitas ir a un gimnasio y necesitas tener la experiencia y la guía de alguien más. No puedes entrenarte solo. Siento lo mismo sobre el cristianismo y la Iglesia», prosigue el célebre autor. «Los sacerdotes, los reverendos, los ministros y los pastores: ellos son los entrenadores, ellos son los que te guían en ese momento difícil y te llevan a ese lugar al que no crees que puedes ir, pero con su ayuda puedes ir», señala.

Sylvester Stallone bromea con una anciano Papa Francisco en septiembre de 2023

Sylvester Stallone bromea con una anciano Papa Francisco en septiembre de 2023

Pero advierte: «No se consigue eso solo. Mucha gente dice: 'Oh, puedo hacerlo solo'; 'tengo una relación personal con Dios'». «No es lo mismo», sentencia. Por eso, reconoce que «cuanto más voy a la iglesia y más me entrego al proceso de creer en Jesús, de escuchar su palabra y dejar que él guíe mi camino, siento que la presión se me quita de encima. De verdad. Si le dedicas tiempo, cosecharás los frutos».

El impacto de su conversión no solo transformó su vida privada; también redefiniría el propósito de su arte. Al filmar Rocky Balboa se aseguró de que el trasfondo teológico del personaje fuera evidente para el público. «Lo primero que hace Rocky después de salir del ring es apuntar directo hacia Dios. Justo antes de la pelea, lee las escrituras. Al final, mientras la gente aplaude su despedida, él apunta hacia los cielos para que se entienda de dónde viene su fuerza», explicó.

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