Shia LaBeouf, durante la entrevista con Andrew Callaghan
«Puse una pistola en mi boca»: la radical conversión de Shia LaBeouf, el actor que encontró en Dios el orden que el éxito le robó
Tras años de excesos, juicios públicos y un éxito temprano que describe como «ganar la lotería», el intérprete sigue buscando hoy la reconciliación consigo mismo y con Dios, dejando atrás las luces y sombras de la fama
Shia LaBeouf (1986) no busca la validación de la industria que lo convirtió en estrella a los diez años. En una reciente y extensa entrevista en Nueva Orleans, ciudad donde reside actualmente, el actor se muestra como un hombre que ha sustituido el «brillo ciego» de sus días en las grandes producciones de Transformers de Michael Bay, por un compromiso radical con su fe.
Aunque ya era conocida su conversión al catolicismo tras interpretar a Padre Pío en 2022, el proceso personal de Shia sigue dando de qué hablar. Su persona recuerda en cierto modo a aquella escena del Evangelio de Lucas, cuando Jesús narra la parábola del fariseo y el publicano: este último se golpea el pecho y suplica: «Dios, ten piedad de mí, pecador», a diferencia del fariseo, que presume de su propia justicia. Sin embargo, es del publicano de quien Jesús dice que «se fue justificado».
Mucho de esa actitud aparece en el propio relato del actor en la reveladora conversación con Andrew Callaghan. Incluso después de su reciente implicación en una pelea durante las celebraciones del carnaval —hechos por los que asegura asumir una «responsabilidad del 1000 %»—, LaBeouf no intenta ocultar sus caídas. Al contrario, se describe como un pecador en busca de orientación, una guía que afirma encontrar en el silencio de la oración ante el sagrario.
De la «lotería» de Disney al abismo
La trayectoria de LaBeouf ha sido una montaña rusa de éxito comercial y colapsos personales. El actor, que creció en un hogar sin fe, describe su entrada en Hollywood como un golpe de suerte azaroso. «Gané la lotería, no existe el talento», afirma con una mezcla de humildad y cinismo sobre sus inicios en Disney.
Sin embargo, ese ascenso meteórico vino acompañado de una vida marcada por el alcohol, las adicciones y la inestabilidad. El punto de inflexión llegó en sus momentos más oscuros, cuando la desesperación lo llevó a considerar el suicidio. «Me puse una pistola en la boca, estaba listo para pegarme un tiro», confiesa.
Pero si por algo no apretó el gatillo es por lo que él describe como su propia cobardía y el amor hacia su madre, quien lo mantuvo vivo esa noche. Resultó también decisiva la llamada inesperada de un compañero de su programa de recuperación, quien al escucharlo desesperado le respondió con aparente indiferencia que le contara sus problemas a la mañana siguiente.
Esta reacción le provocó una rabia e indignación tan profundas que lo anclaron a la realidad, obligándolo a sobrevivir solo para poder enfrentarse a aquel hombre al día siguiente. De este modo, una combinación de vínculos familiares y una 'furia providencial' impidieron el desenlace fatal, permitiéndole posteriormente encontrar un nuevo sentido en su fe.
Un católico «de pleno derecho»
Lejos del sincretismo superficial y la espiritualidad 'a la carta' que suele imperar en las colinas de Hollywood, Shia se posiciona con una rotundidad poco común en la esfera pública actual. El actor se define como un «católico de pleno derecho». Su relación con Dios no es algo que mantenga en la esfera privada de forma pasiva. «Estoy en un idilio total con Jesús y creo en lo que creo», explica al ser cuestionado sobre sus convicciones. Para él, el catolicismo no es una filosofía de bienestar, sino una estructura de orden y verdad. Se define como un «tradicional» que prefiere y necesita del dogma a las versiones más progresistas del cristianismo.
Esta fe es su referente constante porque, según sus palabras, es la única que le ofrece una salida al narcisismo de la fama. «Cada vez que una persona piensa en sí misma, es infeliz», reflexiona, defendiendo que el servicio y la conexión con los demás bajo la mirada de Dios son su verdadera medicina.
Además, para el actor, el sufrimiento y los errores no son obstáculos, sino el terreno fértil donde crece la sabiduría. «Aprendo más cuando las cosas salen mal», asegura, contrastando su situación actual con los años en los que era «próspero» pero estaba «espiritualmente estancado».
Incluso sus fracasos más recientes, como su detención en Nueva Orleans, lo procesa a través del prisma de la Providencia. En lugar de culpar a factores externos, LaBeouf ve la mano de Dios en sus propias caídas: «Dios está involucrado. Estoy aprendiendo mis lecciones... estas personas son una bendición para mí porque voy a aprender lo que sea que tenga que aprender».
«¿Qué le dirías a Jesús si lo tuvieras delante?»
En un momento especialmente intenso de la entrevista que se ha hecho viral, el actor es confrontado con una pregunta de Callaghan: «¿Qué le dirías a Jesús si lo tuvieras delante?». La reacción es inmediata. LaBeouf se emociona, se le quiebra la voz y los ojos se le llenan de lágrimas. Tras unos segundos, responde: «Si pudiera conocer a Jesús… No diría nada en absoluto... lo besaría... besaría sus pies».
Michael Knowles, el conocido comentarista político estadounidense, quien se declara católico y que en múltiples ocasiones ha afirmado que asiste a misa en latín —la cual, según ha explicado, atrae especialmente a los jóvenes por su belleza— comentó sobre este extracto de la entrevista.
«La respuesta que da es perfecta. No diría nada: le adoraría. Además añade: 'Soy un católico real'. No dice 'soy uno perfecto' o 'soy más santo que antes', sino que dice: 'soy real'. Todo el tiempo habla de lo pecador que es» explica Knowles. "Escuchamos hoy en día a muchos teólogos y apologetas muy edificantes, al menos para mí–añade el comentarista– pero creo que esa respuesta que da Shia en ese minuto de la entrevista tiene más fuerza evangélica que ninguna otra afirmación. Permanece algo de eso en la gente, porque, aunque ninguno de nosotros haya vivido la vida de Shia, todos hemos experimentado esos sentimientos o esa proximidad a la desesperación».
Un futuro fuera del sistema
Shia LaBeouf ha dejado claro que no tenía —ni tiene— interés en regresar al Hollywood de antes. Su prioridad ahora es otra: su hija, su familia y la búsqueda de una vida auténtica, aunque esté llena de imperfecciones. Él mismo se define como uno de esos «cristianos sucios», creyentes poco refinados que, pese a todo, intentan mantenerse en el camino.
En lugar del ruido que marcó buena parte de su carrera, dice preferir hoy el silencio de la oración, un espacio donde busca escuchar una «guía amorosa» capaz de acallar su propio ego. Desde esa nueva perspectiva, no se describe como alguien que haya quedado a la deriva, sino más bien como un hombre bendecido que camina con Dios mientras aprende de cada uno de sus errores.
Así, quien durante años fue el rostro de algunas de las mayores franquicias del cine parece haber encontrado ahora su papel más exigente: el de un creyente que acepta que no es él quien está al mando.