«Dando gracias» (Saying Grace), obra del pintor alemán Karl Gebhardt (1860-1917).
'Las pequeñas virtudes del hogar': el libro y manual de resistencia para santos de andar por casa
¿Puede una obra sobre la vida en casa y el trato con los demás ser el mejor libro de oración? En este día de San Jorge, la respuesta está en un clásico que invita a descubrir que Dios también habita en el orden y la alegría de nuestra propia mesa
Dice el refrán que «Dios está en los detalles», pero Georges Chevrot (1879-1958) prefirió ponerle nombre y apellidos a esa presencia en un texto que décadas después sigue leyéndose con la misma frescura: Las pequeñas virtudes del hogar. A primera vista, el título podría engañar al lector contemporáneo, sugiriendo una especie de manual de cómo trabajar bien en casa.
Nada más lejos de la realidad. Chevrot, que fue un hombre de acción, miembro de la Resistencia francesa y predicador en Notre Dame durante los años más oscuros de la ocupación, no se dirigía simplemente a padres de familia sobre cómo gestionar un hogar. Estas páginas nacieron frente a los micrófonos de Radio Luxemburgo, en una serie de charlas semanales destinadas a hombres y mujeres que buscaban a Dios en medio del estruendo del mundo.
¿Y cuál era la 'tesis' de Chevrot? La vida espiritual no es un complemento a nuestra jornada ni un adorno a la rutina, sino que la atraviesa por completo. Para él no existe una vida de oración que sea ajena al trato con los demás. De hecho, advierte con severidad que «es necesario ejercitarse en las pequeñas virtudes, sin las cuales las grandes son a menudo falsas y engañadoras». Un aviso para navegantes: de poco sirve soñar con grandes gestas heroicas si uno no es capaz de ceder el paso con una sonrisa o de callar un reproche a tiempo.
Un barómetro de nuestra vida espiritual
Con una elegancia y realismo ausente de cursilería, el libro profundiza en conceptos como la puntualidad, la esperanza, la economía o el buen humor. Chevrot eleva incluso la educación a la categoría de caridad. Para el sacerdote francés, «todo el mundo, sea cual fuere su condición tiene derecho a nuestra consideración». Es así como el sosiego y la armonía bajo el propio techo actúa como el auténtico barómetro de nuestra vida espiritual.
También bajo este prisma la cortesía se convierte en una forma de oración, un modo de suavizar las asperezas de un mundo plagado de prisa, eficiencia e impaciencia. «Estas virtudes no causan una ruidosa admiración, pero cuando no aparecen, las mutuas relaciones entre los hombres son tirantes, difíciles, e incluso borrascosas, hasta el punto de terminar a veces, desastrosamente», advertía.
Cuando la vida se serena en lo simple
Resulta sorprendente cómo un texto de mediados del siglo XX mantiene tal vigencia al hablar, por ejemplo, de la gratitud. En una sociedad como la de ahora, del derecho y el consumo desorbitados, Chevrot nos recuerda que «gracias es la palabra alegre que termina con una sonoridad cristalina», esa palabra 'mágica' capaz de introducir serenidad en el desorden de lo cotidiano. No hay sentimentalismo en sus palabras, sino un realismo esperanzador que entiende que «la buena armonía en el hogar será más segura cuando cada uno intente complacer a los demás».
Pero el autor tampoco pasa por alto el cansancio ni el mal carácter, sino que los incorpora a su reflexión. Su defensa del buen humor se aleja del chiste fácil y se sitúa más bien en una actitud de fondo, vinculada a la conciencia y al modo de vivir lo cotidiano. Nos recuerda que «la sonrisa es siempre graciosa y eso es lo que la hace tan agradable y bienhechora», un canto en el camino que ayuda a olvidar el agotamiento.
Chevrot entiende la sinceridad como la lealtad de «decir si cuando es si y no cuando es no», siempre tamizada por una discreción que sabe callar en aras de un bien superior. Incluso la puntualidad deja de ser una obsesión del reloj para revelarse como una exigencia del amor, pues «la falta de puntualidad supone una falta de caridad y de justicia hacia nuestro prójimo».
Solo la perseverancia permite que estos hábitos echen raíces sin ceder al cansancio que todos experimentamos, recordando que «Dios puede hacer con nosotros infinitamente más de lo que le pedimos. Comenzad de nuevo todos los días con la mirada puesta en Jesús». Una lectura que no solo llena la cabeza, sino que ordena el corazón, la vida interior y también la vida cotidiana en el hogar.