Ana y Ricardo, junto a sus cinco hijos
Un minipiso y cinco hijos: «Nos han timado con que la felicidad está en el bienestar: dar la vida es lo que llena»
Ana y Ricardo, padres de cinco hijos, explican cómo la fe, la entrega y la Providencia hacen posible su vida familiar en un piso de 73 metros cuadrados
Ana Martínez Muñoz y Ricardo del Olmo, un matrimonio de profesores con cinco hijos, no planifican su vida desde la lógica de una hoja de cálculo y un presupuesto, sino que cuentan con la Providencia y tratan de centrarse en lo importante al sacar adelante su familia.
Su historia, como otras muchas, no suele ocupar titulares... aunque después de conocerla, es fácil pensar que testimonios como el suyo deberían conocerse mucho más.
– Presentadnos a vuestra familia…
– (Ana) Ricardo y yo nos casamos hace trece años y tenemos 5 niños: la mayor es Victoria, de diez años, Sofía, de ocho, Ignacio que tiene seis, Celia de tres y el pequeño Felipe; que tienes cinco hijos causa asombro, a veces incomodidad, e incluso comentarios inoportunos. A mí me sorprende su sorpresa porque para nosotros es algo tan precioso… para mí son cinco hijos únicos; no los veo en su cantidad, sino a cada uno.
– (Ricardo) Ni Ana ni yo venimos de una familia como muy adinerada. La forma en que hemos intentado vivir desde que nos casamos ha sido poniéndonos en manos del Señor. La razón por la que tenemos tantos hijos está en la alegría profunda que nos ha aportado cada hijo. Es como un seguro porque te obliga a entregarte a una causa que merece la pena. No somos «la caña» por tener cinco hijos sino que tenemos muchos hijos porque nos gusta mucho ser felices.
– Actualmente, parece que primero es vivir experiencias, viajes, disfrutar y al final tener un hijo… ¿por qué no habéis hecho eso?
– (Ana) Sí, hay un vértigo, FOMO, ese miedo a no estar en otra parte en la que podrías estar viviendo otra cosa también estupenda... Pareciera que los hijos son algo que uno debe posponer para que no le roben estas otras experiencias, incluso que son una Wonderbox final. Pero nosotros hemos escogido la Wonderbox con mayúsculas. Para mí, casarme joven y haber tenido a mis hijos me ha permitido disfrutar de la vida en otra dimensión, nos hemos pasado el videojuego. La felicidad tiene mucho que ver con encontrarte haciendo cosas que no cambiarías por otras. Muchos viernes por la tarde, nuestro plan es estar en pijama y ver una peli con palomitas. La afortunada soy yo, porque ese plan no se puede elegir, te viene dado como un regalo. Y lo que a mí me ofrece la vida siendo madre de cinco niños y estando casada con Ricardo, me parece el plan de los planes.
– (Ricardo) Un hijo te «quita» un montón de cosas, pero la cuestión es si te las quita o tú las entregas, ¿no? O sea, que no es que me estés quitando eso, mi opción no es renunciar a todo eso, sino elegir otra cosa que es mucho mejor.
– Hay estudios recientes sobre lo que cuesta un hijo a una familia, ¿habéis tenido en cuenta esos parámetros?
– (Ricardo) Yo creo que es mentira porque nuestro salario no llega ni de coña a lo que se supone que costarían nuestros cinco hijos. Deberíamos ganar tres veces más… Otros padres se preocupan de que sus hijos tengan muchas cosas, y cosas muy buenas (idiomas, estancias en el extranjero…) pero nosotros no podemos. ¿Son realmente imprescindibles? Creo que no. Creo que lo que necesitan tus hijos de verdad es que sus padres se quieran. Para mí, lo importante de mi hijo no es que sea el CEO de una empresa. Mi objetivo vital es que mi hijo sea santo, que conozca al Señor y que pueda vivir una vida en la cual Dios sea el centro. Porque para mí eso ha sido la cosa que me ha garantizado vivir con sentido en mi vida, a pesar de las dificultades que he tenido. Todo lo demás les vendrá bien o mal, pero yo sé que a lo mejor si un hijo mío en el futuro va a estar en el paro o va a estar enfermo… si tiene al Señor en el centro, su vida va a poder seguir teniendo sentido.
El excel se puede reajustar, pero la falta de un hermano, eso ya es un bien insustituible.
– (Ana) Creo que es empobrecer mucho lo que supone un hijo y lo que supone la vida. Es mucho más lo que les quitamos cuando por ese cálculo privamos de un hermano a nuestros hijos, porque es una riqueza incuantificable. El excel se puede reajustar, pero la falta de un hermano, eso ya es un bien insustituible. No hemos pensado en el futuro al que los abocamos, de soledad enorme, de tantos hijos únicos que no tendrán primos, esa sí que es una riqueza que les hemos dado y me imagino con gran ilusión en el futuro también.
– ¿Qué papel juega la Providencia en vuestros planes? ¿Sentís esa ayuda y cercanía del Señor?
– (Ana) En nuestro caso es un factor que ha sido muy importante, primero en nuestro matrimonio, que nos ha hecho conocernos de una manera absolutamente providencial, pero luego también que camina y vive aquí, también en este piso pequeño con nosotros. Como madre, me hace descansar mucho saber que estos cinco niños tienen a Dios como padre también y que Él es el quien va a cuidar de ellos en primera instancia.
Cuando me quedé embarazada de mi tercer hijo, Ignacio, yo no tenía trabajo. Hice varias entrevistas, parecía posible que alguna de ellas saliera, pero nació Ignacio y ninguna salió. Ese verano habíamos ido a Fátima de peregrinación familiar para pedir un trabajo. Y resulta que nos encerraron a todos en casa, llegó el confinamiento, y vi que la providencia era no trabajar, tener tiempo de cuidar de ese bebé que era muy pequeño, y de las otras dos niñas. Y estando encerrados en nuestra casa, el día de la Virgen de Fátima me llamaron para trabajar en la universidad en la que hoy trabajo. Después de colgar, se me caían los lagrimones, pero no por el trabajo, sino porque me abrumó ver hasta qué punto Dios es un Padre. Además, para que te enteres y te quede claro, te acuerdas de esa foto que nos hicimos en Fátima pidiendo un trabajo y que fuera ese día y no otro, pues a mí me conmovió profundamente y para mí fue un sello que me hizo tener claro que no había nada que temer.
– (Ricardo) Cuando estábamos a punto de casarnos, yo trabajaba en una empresa de arqueólogo y el salario era muy bajo. Entonces, se empezaron a romper los radiadores del piso y salía agua por todos lados. Llamé a un sitio a preguntar cuánto costaría arreglarlo y me dijeron que unos tres mil euros. Yo no tenía ese dinero y estaba angustiado, porque era invierno, no podía poner la calefacción y además era la casa que heredé de mis padres, ya fallecidos, y ver cómo se desmoronaba me causaba bastante dolor… Entonces un amigo sacerdote me llamó y me dijo: «alguien me ha dado este sobre para ti con la única condición de que no te diga quién es». En el sobre había tres mil euros. Yo no había contado a nadie lo de la casa, sólo lo sabía Ana y ella no tenía ese dinero. Yo lo viví totalmente como un guiño del Señor, en plan «tranquilo, las cosas van a ir bien».
– La clave de la felicidad parece estar hoy en la capacidad de elegir, pero en vuestra vida hay muchas cosas que vienen dadas. ¿Se puede ser feliz así?
– (Ricardo) La gente confunde el albedrío con la libertad. Albedrío es la capacidad de elegir entre distintas opciones y parece que cuantas más opciones tienes mejor es todo. Pero elegir siempre la que te hace daño o la que te lleva hacia el sumidero, eso no es ser libre. Por ejemplo, no creo que yo sea menos libre que uno que puede irse a Tailandia en verano y hacer un montón de cosas. Uno puede tener cien mil opciones y no ser nada libre, y uno puede tener muy pocas opciones en su vida y ser totalmente libre.
Yo creo que la gente vive en la ficción de que puede controlar su vida y no es verdad. Hay gente que se planifica «dentro de tantos años ya tendré mi primer hijo…». Eso es una ficción porque la realidad es que tu vida la controlas muy poco o nada. Si yo tuviese que ser el responsable de que todos mis hijos y mi mujer y yo mismo alcanzásemos todo lo que tenemos que alcanzar y todo saliese como tiene que salir, ¡ostras, qué presión! Pero yo sé, porque lo he vivido, que eso no es así. Por supuesto que hay que ser responsable, no hay que ser un cabeza loca y Ana y yo tenemos horizontes clarísimos, pero ¿cómo vamos a llegar a ese horizonte o cuándo? Pues no tengo ni idea. Y ahí es donde intentamos dar el «sí» al Señor y es un regalo porque es un descanso saber que no depende de mí todo, y que la vida de mis cinco pequeños está en manos de Dios.
Ricardo y yo somos ricos en lo importante y verdaderamente ambiciosos en el mejor de los sentidos
– (Ana) A nuestra generación nos han timado totalmente y nos han hecho creer que la felicidad tiene mucho más que ver con el bienestar que con dar la vida, que es lo que verdaderamente llena. Entonces, claro, efectivamente tener cinco hijos te quita mucho bienestar, tiempo, dinero, confort… además en este piso es fácil verlo.
También nos han engañado mucho con la realización profesional. Hipotecamos lo que verdaderamente es importante, haciéndonos sentir contentos por haber podido llegar a cotas profesionales altísimas. Eso sí puede esperar, pero por el camino perdemos el sentido auténtico de la vida, que tiene mucho más que ver con que mi vida sea para otros, con que mi vida dé fruto. Ricardo y yo somos ricos en lo importante y verdaderamente ambiciosos en el mejor de los sentidos, porque tenemos algo grande que no es mérito nuestro porque nos ha sido regalado, y no me arrepiento de nada, al contrario, cada vez soy más feliz, y me siento más agradecida de tener esta familia.
Esta entrevista ha sido publicada originalmente en el último número de La Antorcha, la revista por suscripción gratuita que edita la Asociación Católica de Propagandistas.