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Un soldado opera un dron (Imagen referencial)

Un soldado opera un dron (Imagen referencial)Shutterstock

SAN, el sistema con el que Polonia redefine la defensa aérea en Europa del Este

El Ministerio de Defensa ha firmado un contrato para desarrollar e implementar el sistema antidrones SAN que desplegará a lo largo de la frontera oriental

Polonia ha decidido no esperar. Mientras la Unión Europea (UE) continúa discutiendo cómo articular una respuesta común frente a la proliferación de drones militares, Varsovia ha optado por actuar por su cuenta y acelerar el despliegue de un escudo antidrones nacional, concebido para proteger su territorio y reforzar el flanco oriental de la OTAN. El programa SAN (System Antydronowy), aprobado y contratado a finales de enero, refleja una convicción cada vez más extendida en Europa del Este: la amenaza es inmediata y requiere soluciones operativas, no solo marcos estratégicos.

La firma del contrato ha tenido lugar en Kobyłka, cerca de Varsovia, en un contexto marcado por la invasión rusa de Ucrania, el uso intensivo de drones por parte de Rusia y la creciente presión híbrida sobre las fronteras orientales de la Alianza Atlántica. Para el Gobierno polaco, SAN no es un proyecto experimental ni un complemento, sino una pieza central de su futura defensa aérea.

La experiencia ucraniana ha cambiado radicalmente la percepción de la defensa aérea en Europa. Los drones –baratos, numerosos y difíciles de detectar– han demostrado su eficacia tanto en misiones de reconocimiento como en ataques de precisión y saturación. Este fenómeno ha puesto en evidencia las limitaciones de los sistemas tradicionales, diseñados para interceptar aviones o misiles mucho más costosos.

En Varsovia, esta lección se ha visto reforzada por incidentes recientes de drones no identificados en las proximidades del espacio aéreo polaco. El primer ministro polaco, Donald Tusk, ha defendido que el país no puede depender de cazas o misiles de alto valor para hacer frente a amenazas de bajo coste, ni esperar a que se materialicen soluciones europeas aún en fase de diseño.

El sistema SAN ha sido concebido como una arquitectura antidrones integral, capaz de operar de forma autónoma o integrada en la red nacional de defensa aérea. Combina sensores de detección –radares, sistemas electro-ópticos y medios de vigilancia pasiva– con capacidades de neutralización tanto no cinéticas (guerra electrónica e interferencia de señales) como cinéticas (armas automáticas, misiles de corto alcance y drones interceptores).

A diferencia de otros proyectos europeos centrados en la protección puntual de bases o infraestructuras críticas, SAN está diseñado para cubrir amplias zonas del territorio, especialmente en el Este del país. Su carácter móvil, basado en decenas de baterías y centenares de vehículos, permite adaptar el despliegue a la evolución de la amenaza.

Adelantarse a Bruselas

SAN se integrará en la defensa aérea en capas que Polonia ha construido en la última década. En el nivel superior opera Wisła; basado en sistemas Patriot, orientado a misiles balísticos y amenazas aéreas de medio alcance. Por debajo, se sitúa Narew; un sistema de corto alcance pensado para proteger nodos estratégicos y áreas sensibles. Y en la capa más cercana actúa Pilica y su versión Pilica+, destinada a la defensa de muy corto alcance.

El nuevo sistema antidrones no sustituye a ninguno de estos programas, sino que rellena un vacío crítico: la defensa frente a UAVs, una amenaza que hasta ahora no estaba cubierta de forma específica y sistemática. Su integración permitirá evitar el uso de interceptores costosos contra objetivos de escaso valor económico.

Aunque SAN contará con financiación procedente del mecanismo europeo SAFE, impulsado por la Comisión Europea para reforzar las capacidades industriales y militares de los Estados miembros, la decisión de avanzar con el proyecto ha sido exclusivamente nacional. Bruselas ha respaldado el refuerzo de capacidades antidrones, pero no ha impuesto un diseño común ni un calendario compartido.

Varsovia ha justificado su decisión de no esperar a un sistema paneuropeo alegando urgencia operativa y especificidad geográfica. Polonia protege una de las fronteras más sensibles de la UE y de la OTAN, frente a Bielorrusia y el enclave ruso de Kaliningrado, un escenario muy distinto al de otros Estados miembros situados en el interior del continente.

Mientras países como Francia, Alemania o España han desplegado sistemas antidrones más limitados, enfocados a la protección de eventos, bases militares o infraestructuras críticas, Polonia ha apostado por una solución de escala territorial, plenamente integrada en su defensa aérea. Otros estados priorizan la guerra electrónica o sistemas modulares; SAN combina todas las opciones disponibles en un único entramado operativo.

Polonia no concibe su seguridad como una promesa futura, sino como una responsabilidad inmediata

Este enfoque sitúa a Polonia en una posición singular dentro de la UE: actúa como laboratorio adelantado de una defensa que otros países podrían necesitar en el futuro, pero que todavía no han decidido desplegar.

Las autoridades polacas prevén que las primeras capacidades entren en servicio en 2026, con la plena operatividad del sistema en los dos años siguientes. Más allá del calendario, SAN envía un mensaje político claro: Polonia no concibe su seguridad como una promesa futura, sino como una responsabilidad inmediata.

En un momento en el que Europa debate su autonomía estratégica y su capacidad real de defensa, Varsovia ha optado por el pragmatismo. Ha invertido, ha decidido y ha actuado. Y con SAN, ha dejado claro que la defensa del flanco oriental comienza hoy, no cuando Bruselas alcance un consenso.

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