Éste va 'palante'
«La prescripción no salva la inmoralidad del comportamiento. Zapatero no ha tributado por unos acrecimientos patrimoniales muy pingües»
Mi padre, que en Gloria está (nótese que no digo que en Gloria esté, como un deseo o un futurible, sino «está», cual afirmación categórica) mi padre, digo, no era hombre especialmente sentencioso pero, ello no obstante, me ha dejado una madeja de pensamientos, enseñanzas o filosofías que ahora, que ya no está entre nosotros, suelo mascullar y meditar. Siempre me queda la desazón de saber que, en mi mucha estulticia, no le di el valor que tenían cuando él estaba en vida y, lo que es más grave, que tampoco hice caso a muchas de sus indicaciones. En el pecado, como suele decirse, llevo la penitencia.
Algunas de esas enseñanzas eran propias, o sea, nacidas de su caletre o de su experiencia, y espetadas a quien quisiera oírle (y a quien no, también) con la naturalidad y el desahogo de quien lleva muchos años pisando la tierra y además está convencido de que tiene razón. Mi padre, por ejemplo, era refractario a los «curas callejeros» y sostenía que el sacerdote debe estar en su parroquia y dedicarse a la oración, a confirmar a sus feligreses en la Fe y a impartir los sacramentos. Era más papista que el Papa, pero no veía con agrado a los grupos eclesiales, tan en boga hoy: le parecían iglesias dentro de la Iglesia, un poquito competitivos entre sí, y un «muchito comeollas». También fue franquista hasta la muerte ( hasta la suya propia, no hasta la de Franco, como otros…) y sostenía, con muy sólidas y variadas razones, que Franco había sido un gran socialista, pues había hecho por las clases trabajadoras y menos pudientes mucho más que la retahíla de «Felipes», Zapateros y Sánchez con las que, a su juicio, nos había castigado la historia. Y eso lo defendía con bastante naturalidad, en el foro en el que estuviese. Mas si entre los oyentes notaba la crispación propia de los «rogelios» , soltaba una gracia y abrochaba la faena humorísticamente. Y es que no tenía interés alguno en molestar a nadie.
También solía citar aforismos que, leídos de terceros, se le habían quedado en la memoria. Uno que gustaba usar era la moraleja del célebre fabulista Don Félix María de Samaniego que dice así: «Procure en todo lo posible el que ha de reprender, ser irreprensible». Esta frase cobra pleno significado estos días en que los socialistas, y la izquierda en general, tan dados a atribuirse (¿por qué?) una suerte de supremacía moral que los eleva por encima de los mortales, está viendo como ese «tótem» ético en que han convertido a Zapatero va a comer el polvo de la indignidad.
El Derecho, lo sabemos sobradamente los que nos dedicamos a su estudio y a su ejercicio, y en especial el Derecho Penal, tiene tantos perfiles, sutilezas y matices que, muchas veces, la culpa real no se traduce en una culpa jurídica. De los muchos frentes jurídicos que tiene abiertos el ex presidente, tal vez sea el más fácil de comentar el relativo a las joyas, básicamente en su aspecto tributario. Si las famosas joyas han sido un regalo, debieron tributar por Impuesto sobre Donaciones, y Zapatero no lo hizo; si fueron una retribución en especie por servicios profesionales (las famosas consultorías de Don José Luis) debiera tributar en IRPF o incluso en IVA, y Zapatero no lo hizo; si no se sabe su origen, podría ser una «ganancia patrimonial no justificada», también sujeta al citado IRPF.
Sea como fuere, habida cuenta del valor que se atribuye a las joyas, es fácil que estemos ante un delito fiscal. Y, llegado este punto, salvo matices, sutilezas o añagazas, sólo la prescripción, podría salvar a Zapatero. Quiero decir: si se demuestra que estos bienes fueron adquiridos hace más de 10 años, el delito estaría prescrito y, por tanto, no habría consecuencias penales. Ello no querría decir que Zapatero fuese materialmente inocente; querría decir, simplemente, que el delito se ha extinguido, por seguridad jurídica, al no haberse descubierto en el periodo que la ley prevé para perseguirlo.
Sin embargo, la prescripción no salva la inmoralidad del comportamiento. Zapatero no ha tributado por unos acrecimientos patrimoniales muy pingües. Pero las izquierdas que atosigan a impuestos a los ciudadanos, que los persiguen fiscalmente, que crean normas opresivas, callarán, como siempre, porque para ellos, la moralidad de los comportamientos no depende tanto del hecho en sí como del autor del hecho y si el autor es un socialista, el hecho no es censurable. Qué bien les vendría, dejar el engolado moralismo que practican, y recordar a Samaniego: «Procure en todo lo posible el que ha de reprender, ser irreprensible». Y ser más recatados. Y más humildes. Y algo, si bien no demasiado, algo más imparciales. Porque Zapatero, ya sea penal, ya sea reputacionalmente, va 'palante'. Y con él, P. S. Al tiempo