Al tenazónRafael del Campo

Algunas formas de ser sociata en nuestros días

«Prudente es el que calla por sabiduría; pero cobarde el que lo hace por temor; e indecente el que lo hace por interés»

Dice el refrán que hay que tener amigos hasta en el infierno. Yo, y que no deduzca el lector concomitancias excesivas ni maldades que no están en mi ánimo, puedo decir que los tengo hasta en el Partido Socialista. Amigos de muchos años de antigüedad, que he conocido en diversas etapas de mi vida, son sociatas. Y aprecio mucho su compañía y los valoro. En lo que valen. No he dicho si mucho o poco. He dicho en lo que valen. Algunos son amigos de la niñez, otros de la vida universitaria. También los hay de épocas posteriores surgidas en el ámbito de relaciones profesionales o puramente lúdicas…También tengo imaginarios amigos que son socialistas ( Uno, que es un poco soñador ) En los últimos tiempos, he conocido a socialistas que representaban al PSOE en colegios electorales a los que yo acudía como apoderado: gente razonable, ponderada, buena…Hemos trabado conversación y luego afable cercanía a lo largo de la jornada electoral. Y nos hemos deseado (con la boca chica y cierta hipocresía) suerte con los resultados.

Hay diversas razones para ser socialista. Hay sociatas por tradición. La tradición, como es sabido, es una institución que amalgama la costumbre y el sentimiento y que, cuando cuaja, es ya difícil de modificar. Los socialistas por tradición votarán siempre al PSOE porque en su casa siempre se votó al PSOE. Es una razón que es todo menos una razón. Pero es lo que hay. Si nos situamos en el plano de lo superfluo debemos concluir que este comportamiento es melancólico y enternecedor. Casi agradable. Tal que un verso de Gabriel y Galán. O sea : un poco tierno y un poco tontín. Si apelamos al entendimiento y a la responsabilidad democrática, este modo de actuar es simplemente lamentable.

Hay también otra modalidad de sociata que es el sociata memorioso. Suele ser también berrendo en resentido. En él prima el sentimiento pero, en estos casos, no es un sentimiento poético, trémulo y «gilón» , como en el supuesto anterior, sino un sentimiento trufado de antipatía , inquina u odio , según el grado de encono del sujeto. Me refiero a aquellos que conservan cuentas pendientes con la historia y como tienen familiares muertos o perseguidos durante o después de la Guerra Civil, quieren ajustar, vía voto, cuentas con la historia. Es una tipología ya añeja que tampoco tiene, a mi modo de ver, mucho sentido. Las circunstancias adornan la esencia, pero no la definen. Y el pensamiento político debe abstraerse de lo que pasó a terceros hace muchos años. Esta especie, según columbro, está en vías de extinción y no va a pervivir mucho porque la gente cada vez tiene menos memoria y cada vez le importa menos el pasado. ( Y hasta el futuro ).

Los socialistas algo más sólidos, dicho sea con respeto y sin menoscabo de las otras tipologías, son los que apoyan su criterio en valores morales. Muchas veces son como esos personajes pedantes que se creen que están en posesión de la verdad y dan lecciones de ética por «do quiera que van». Y es que tengo bien aprendido que conversar con un socialista diez minutos y que no te espete (mirándote por encima del hombro, eso sí ) que ellos , y sólo ellos, buscan la igualdad, la protección del débil y de la mujer y que los pobres sean menos pobres, es acontecimiento que rara vez ocurre. Este tipo de personas ( salvo los que se pasan de pedantes y ridículos ) tienen mi respeto pero, sobre todo, y especialmente en estos días, mi conmiseración. Porque vaya racimos de sapos que se están tragando, los «pobreticos». Uno detrás de otro.

Unos ejemplillos: declamaba ampuloso el señor Ábalos que el «era feminista porque era socialista» y luego, andando el fluir de los días, se descubre que era una «miajita» putero. Pero vamos a disculparlo porque ya lo dejó escrito Rubén Darío, en sabio y musical verso: «la carne que tienta, con sus frescos racimos» .Bueno, venga, vale…Una manzana podrida. Pero ahora llega «la reserva moral del PSOE», o sea, Zapatero. Y sale diciendo, el pajarillo: “ ser socialista es normalmente tener muy poco y estar dispuesto a dar mucho “. Bonitas palabras abrochadas al más puro estilo “ bambi “. Pero a él lo imputan por tres delitos y, no precisamente, por tener poco y dar mucho sino, más bien, por enriquecerse mediante mecanismos, tretas y movimientos que, según parece (yo sí respeto la presunción de inocencia ) no son legales.

No podré mirar a los ojos de mis amigos socialistas. Tan engañados. Tan defraudados. Tan traicionados. No quiero ver en sus ojos la decepción. Ni el desánimo. Pero, también, y disculpad mi franqueza, también vosotros sois culpables. Culpables por dejaros engañar. Por admitir sin rebelaros pactos con terroristas y separatistas para alcanzar el poder. Por tolerar los constantes «cambios de opinión» de Sánchez. Por justificar todo lo que hacen vuestros dirigentes. Tal vez, perdonadme, por ser demasiado prudentes aunque, todo hay que decirlo, prudente es el que calla por sabiduría; pero cobarde el que lo hace por temor; e indecente el que lo hace por interés.

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