Un cordobés con el papa
El papa León XIV saluda desde el papa móvil a su llegada a la plaza Cibeles para oficiar la misa del Corpus Christi
Fui a Madrid «a por atún y a ver al duque». Treinta horas con solo cuatro de sueño que me recordaron que la edad no tiene por qué ser un disfraz de la holgazanería, como tantos otros. La misa del Corpus Cristi del papa centró todo el fin de semana, y así lo vi desde mi condición provinciana.
Centralidad
Hablé con Antonio, amigo y vecino de Madrid, quien me refirió las molestias de los vecinos de la Castellana durante toda la semana. Hablé con José Luis, que como muchos madrileños vive en un punto indeterminado entre Madrid y La Coruña, quien me habló de los problemas de organización en el centro de la capital de un acto como el del papa. Y yo me acordé de la piel fina de los cordobeses, que decidió llevar la feria del centro a un arenal, resolviendo un problema y creando otros muchos. Y me acordé de la decisión de llevar la Semana Santa de Córdoba al entorno de la mezquita-catedral, algo teológicamente fundado pero sociológicamente poco estudiado. Creo que la decisión de llevar al papa al centro de Madrid fue acertada. Dios tiene que salir al encuentro de las personas allí donde estén, que es un lugar muy alejado de Cuatro Vientos.
Periferias
Con la femoral de Madrid cortada, nos tuvimos que mover por esa M30 que es reflejo de lo peor y lo mejor del ser humano. Ello me permitió pasar por algunos de los barrios obreros que se construyeron bajo el urbanismo franquista. Haberle dado la vuelta al jamón me permite entender y decir con menos temores. No estaré nunca con un régimen que adolezca de libertad y democracia, pero ello no me impide decir que aquellos políticos encontraron la solución al problema de la dignidad de la vivienda. Ahora se dice del Sector Sur, las Moreras o Ciudad Jardín han envejecido mal, y que los alquileres están por las nubes. Estos nuevos políticos no están encontrando la solución a sus problemas.
Medios de comunicación
Me acerqué a las páginas del diario El País para ver cómo trataban la noticia de la visita a España del papa. Un titular venía a decir que el centro de la ciudad estaba lleno de cayetanos. Me reafirmo en mi abandono de los medios de comunicación generalistas. Las ideologías llenan de prejuicios la información, camuflando la noticia con opiniones interesadas. He abandonado los medios de comunicación de un lado, y los de otro. No se puede combatir al mal con el mal. Por salud mental necesito estar al margen del insulto, el menosprecio, la ofensa… en esas mil formas que tiene la superioridad moral de cualquier bando. La cruz y la espada; en esa encrucijada entre el martirio o la cruzada la historia de la Iglesia Córdoba lo ha tenido siempre claro.
La familia
¡No tengáis miedo a formar una familia! Las palabra del papa en la vigilia sabatina retumbaron en mi mente todo el fin de semana y me recordaron a san Juan Pablo II el día de su proclamación. Y me alegré de ver a más de un millón de personas encarnando la exhortación del papa. Desde los primeros rayos de luz, el domingo madrileño se llenó de carritos de niños pequeños, mochilas, sillas desplegables, y sombreros. Familias, muchas familias. Padres, madres, hijos, abuelos, primos, tíos. Unos con camisa y chino, otos con bermudas y camisetas. Unos habían llegado en Audi, otros en autobús. Todos en la sencillez de la infancia: si el papa viene a verme yo tengo que ir a darle le bienvenida. ¡Y todas eran caras alegres! La alegría de la cruz, algo tan revolucionario en la sociedad del no sufrir.
¡Todos, todos, todos!
El algoritmo de las redes sociales nos hace más tontos de lo que somos, pues solo nos muestra lo que nos gusta oír, ver o escuchar. Por ahí va la primera encíclica de esta papa, en lo que para mí es el peligro de la estulticia con la inteligencia artificial. ¡Me estoy haciendo viejo! Esas redes sociales me mostraron el comentario crítico de la visita papal, escrito por una persona a la que aprecio, y que sufre una herida abierta por el infortunio personal y algunas respuestas desafortunadas. León XIV escribe en su encíclica la necesidad de la comunión frente a la homogeneización, en una continuidad donde ampliar la acogida con el acompañamiento. Es desconcertante cuando te ponen en un mismo plano la vida eterna y la defensa de la dignidad humana. El abrazo necesita de mucho amor por las dos partes, y la vida me ha enseñado que la justicia es la aplicación de la ley al caso concreto, sin poder aislarte de la encarnación del sufrimiento.
Escuchar
Se insiste por el papa León XIV en la necesidad de la escucha. Yo estoy empezando a conocerlo, y lo que me pareció en principio un problema se está convirtiendo en una virtud. Como matemático, da respuestas sencillas a problemas muy complejos. Escuchar no es ser relativista, es entender. La escucha es sanadora para el que habla. El que se siente escuchado modera su lenguaje y de alguna forma, también empieza a entender al que escucha. Escuchar es el silencio frente al ruido. Hay respuestas que solo las da el paso del tiempo. Tengo el problema del olvido, olvido con frecuencia cosas, sobre todo las malas. Y me acuerdo de la cercanía de san Juan Pablo II, de la erudición de Benedicto XVI, de la necesaria provocación del papa Francisco. Creo que recordaré este fin de semana a un León XIV en silencio, escuchando, emocionándose, queriendo entender a esta forma de ser del español, tan mediterránea y agónica, tan del sur.
El toro
Y como decía al principio de mi artículo, también fui a Madrid «… a ver al duque». Viví el sábado en Las Ventas una de las últimas corridas de toros de su san Isidro. ¡Córdoba y los toros! Esa plaza es un dos de mayo permanente. Me fascina esa rebelión del pueblo frente a todo poder, sin complejo alguno. La afirmación de Cristo «misericordia quiero, y no sacrificio» (Mateo, 9:13) puso fin al rito. España se adaptó, transformándolo en juego. Hace tiempo que descubrí que ir a los toros es un gran gimnasio para muscular las virtudes de la moral cristiana. La letra no entra con sangre; entra con regocijo, con emociones, con cultura. Yo ya he vivido mi reencuentro.