Puente de Toledo sobre el río Manzanares (Foto de archivo)
Madrid
«La Toledana», un puente con historia sobre el río Manzanares
Hasta el SXX el río Manzanares establecía la frontera de la ciudad de Madrid, pero no solo se trataba de una separación física, sino también económica y social. Antes de que el proyecto de Madrid Río se pusiese en marcha el río marcaba una Madrid obrera y otra histórica.
El puente de Toledo es uno de los 33 puentes y pasarelas que cruzan el río Manzanares, un lugar que ha sido testigo de innumerables sucesos. Conecta la Glorieta de Pirámides con Marqués de Vadillo, punto de partida de Carabanchel, ancestral barrio de trabajadores de la capital.
El puente conducía a una de las entradas a Madrid, la conocida puerta de Toledo. Esta era el límite de la última muralla de Madrid, conocida como la cerca de Felipe IV, que fue derribada en 1868.
Este viaducto con aspecto de muralla tiene su origen en el SXVII, cuando Felipe IV mandó construirlo con el objetivo de crear una conexión entre Madrid y Toledo. Fue así como gracias a Juan Gómez de Mora (el arquitecto) y José Villarreal (el constructor) nació el, entonces llamado, Puente de la Toledana, construido entre 1649 y 1660.
Puente de Toledo
Sin embargo, su destino fue trágico pues se acabó derrumbado, hasta dos veces, arrastrado por riadas. No fue hasta 1732 que se levantó el puente que hoy conocemos, gracias al impulso del Marqués de Vadillo y la mano de obra de Pedro de Rivera. A día de hoy, se considera una de las obras más representativas del barroco castizo madrileño, pues en 1956 fue declarado Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumento.
En cuanto a su arquitectura y estilo, el puente está hecho todo de granito con una estructura de nueve arcos de medio punto soportados por contrafuertes y tambores que se rematan en balconcillos.
Lo más importante son las dos hornacinas que están en el centro, pues son los elementos más barrocos del puente. Estas albergan las esculturas de San Isidro Labrador y de su esposa Santa María de la Cabeza, a quienes están encomendados este puente. Las esculturas fueron realizadas en 1723 por Juan Alonso Villabrille. También se pueden apreciar elementos ornamentales como gárgolas, honduras y jarrones.
Finalmente, en el extremo norte, el más próximo al centro de Madrid, destacan dos fuentes diseñadas también por Rivera.
Preservar el puente
Por otro lado, la Toledana ha sido partícipe de distintos cambios que se han ido realizando a su alrededor, pues Madrid no es la misma hoy, 2025, que en el SXVIII.
En sus inicios, este puente era totalmente funcional, era transitado por todo tipo de vehículos, incluso tranvía. No fue hasta dos siglos más tarde cuando se planteó una acción para proteger el monumento pues estaba sufriendo deterioros notables por el tráfico, además del propio paso del tiempo. Por lo tanto, para conservar esta obra barroca, en 1972 se construyeron dos puentes en sus laterales para aliviar el tráfico y reservar este puente histórico para uso peatonal.
Otro gran evento que supuso un cambio para el puente fueron las obras de soterramiento de la M-30 entre 2004 y 2007. Este proyecto, impulsado por el Ayuntamiento de Madrid bajo la alcaldía de Alberto Ruiz-Gallardón, consistió en enterrar la M-30 en su tramo sur, que coincide con el río Manzanares y pasa justo bajo el Puente de Toledo.
Durante estas obras se quiso mejorar la hasta entonces comprometida estabilidad del puente. Se sustituyeron parte de los cimientos de pilotes de madera por micropilotes metálicos y se recalzaron con inyecciones de hormigón.
Puente de Toledo
Pocos años más tarde, surgió una de las transformaciones urbanas más importantes de Madrid de este siglo: el proyecto de Madrid Río, cuyo objetivo era crear zonas verdes además de naturalizar el cauce del rio y mejorar la conectividad de las dos mitades de Madrid. Las obras se desarrollaron entre el 2005 y 2011, con la inauguración oficial del parque.
Según indica la página del ayuntamiento, en este contexto el puente de Toledo se sometió a un proceso de limpieza y restauración, que mejoró los sillares de piedra, se incorporaron losas de granito recuperadas del casco histórico de la ciudad y se llevaron a cabo en la orientación sur, los Jardines del Puente de Toledo, inspirada en laberintos de setos de los jardines barrocos.
Finalmente, la última intervención que sufrió el puente fue de marzo a abril de 2023, cuando se llevó a cabo la restauración de las estatuas de San Isidro y Santa María de la Cabeza así como de los templetes barrocos que las custodian.
Sin embargo, parece que la mala suerte le sigue acompañando a la Toledana. No le bastó con sus dos destrucciones, tuvo que ocurrir un tercer accidente en 1952. «En efecto, el 28 de mayo de aquel año, a eso de las 20:45, un tranvía se precipitaba al vacío desde el Puente de Toledo: unos ocho metros de caída hasta las huertas que se encontraban debajo. La cifra oficial fijaba en 15 los muertos de esta tragedia, pero con toda probabilidad fueron bastantes más.», así nos lo cuenta A voces de Carabanchel.
El motivo del accidente fue que el tranvía tenía el freno roto, el conductor se oponía pero sus responsables decidieron que saliese, el vagón iba abarrotado, mucha gente salía de sus trabajos, al bajar por la calle de Toledo se fue embalando, en la curva de la glorieta de pirámides además faltaban unos 20 centímetros de rail antes de llegar al puente por eso con la velocidad que iba se descarriló, se llevó la barandilla y cayó a unas huertas que había bajo el puente, pues no debemos olvidar que como hemos mencionado antes el río se ha naturalizado recientemente. El comunicado oficial fue de 15 muertos y 112 heridos y el vehículo tenía capacidad de 47 plazas, verdaderamente estaba abarrotado