Foto exterior del Palacio Real de Madrid, durante la proclamación de Rey Felipe VI

Foto exterior del Palacio Real de Madrid, durante la proclamación de Rey Felipe VIEuropa Press

Madrid

Los pasadizos secretos del Palacio Real de Madrid: desde bibliotecas subterráneas a vías de escape

El Palacio Real es uno de los edificios más emblemáticos de Madrid. Elegante, equilibrado, sobrio y armonioso: el paradigma del neoclasicismo. Con ese aspecto formal y respetable, nadie pensaría que en sus entrañas esconde laberintos de pasadizos subterráneos. Pero lo cierto es que más allá de las salas suntuosas llenas de turistas, hay un mundo subterráneo lleno de secretos y memorias de los personajes más poderosos de nuestra historia.

Los pasadizos entre iglesias y palacios reales eran algo habitual en los siglos XVI y XVII. Por toda España encontramos registros de pasadizos entre palacios y alcázares y las iglesias de las ciudades y pueblos. Un ejemplo muy destacado, que se sigue pudiendo recorrer hoy en día casi en su totalidad, es el pasadizo del Palacio del Duque de Lerma a la Antigua Colegiata de Lerma: un corredor que atravesaba la localidad y permitía a los duques y al rey asistir a misa sin ser vistos.

Plano del Palacio Real de Madrid

Plano del Palacio Real de MadridPatrimonio Nacional

Y aunque cueste imaginarlo hoy en día, el palacio real de Madrid en realidad se construyó sobre el Antiguo Alcázar de los Austrias, un edificio con unas características similares al actual Palacio de Lerma. En este antiguo alcázar madrileño ocurría lo mismo: en 1612 se construyó un pasadizo entre el palacio y el convento de la Encarnación. Pero no debemos imaginarnos un pasadizo oscuro y húmedo: el pasillo era ancho, estaba iluminado y sus paredes estaban decoradas con pinturas.

El pasadizo de la Encarnación se fue ampliando y cada vez adquirió más usos, hasta el punto de que en 1711 se convirtió en la primera Biblioteca Nacional de España. Ya en tiempos de Borbones, el rey Felipe V unió su biblioteca personal francesa y la que había heredado de los Austrias y con parte de esos fondos decidió crear la Real Librería Pública, que se situaría en el famoso pasadizo.

La Real Librería fue abierta al público y se habilitó la entrada desde el exterior. Adquirió el carácter de Biblioteca Nacional cuando en 1716 un Real Decreto le concedió el privilegio de obtener un ejemplar de cada impreso que se hiciera en el reino, es decir, la función que tiene ahora mismo la BNE. En 1734, cuando se quemó el Real Alcázar, el pasadizo siguió existiendo pero dejó de estar conectado al palacio. Continuó siendo la Real Librería hasta 1807, cuando se trasladó al convento de Trinitarios Calzados en la calle de Atocha y se derribó el pasadizo.

Pero ese no fue el único gran pasadizo del palacio. Existió también el túnel de Bonaparte, un pasadizo construido en 1811 que conectaba el Palacio Real con la Casa de Campo, concretamente, con la Casa de los Vargas, que era de propiedad real. Era lo suficientemente ancho para que un coche de caballos pudiera atravesarlo. Como su nombre indica, el pasadizo fue mandado construir por José Bonaparte durante su corto reinado, con el objetivo de poder escapar discretamente en caso necesario. Finalmente, cuando llegó el momento de marcharse no tuvo que usarlo, y tampoco sabemos si lo usaría antes. Las leyendas cuentan que lo usaba para escaparse a la Casa de Campo para relajarse, para hacer escapadas nocturnas en busca de diversión y amoríos…

Plano Pasadizo de la Encarnación en el siglo XVIII

Plano Pasadizo de la Encarnación en el siglo XVIIIBiblioteca Nacional de España

Pero en realidad, no tenemos ninguna constancia de que lo usara. En 1931, Alfonso XIII lo utilizó para huir con su familia del palacio tras la proclamación de la Segunda República, recuperando su intención original. Entonces fue abierto al público y se usó durante unos años hasta que en la Guerra Civil se convirtió en almacén y refugio del ejército republicano. Una vez concluyó la Guerra, el túnel pasó a manos de Patrimonio Nacional y se usó para acceder al Museo de Carrozas hasta que fue clausurado en los años 80. Desde febrero de 2025 está en proceso de restauración, aunque parte del túnel fue destruido cuando se soterró la M-30. Pero puede que en el futuro se habilite el recorrido en los primeros metros del túnel.

Debajo del Palacio Real en sí, hay dos niveles de sótanos. Estos pasillos tienen un kilómetro de superficie y están a más de doce metros por debajo del nivel de la Plaza de Oriente. En este caso, sí que nos encontramos con oscuros corredores de bóveda de cañón, que en su tiempo eran almacenes, aljibes y talleres. Se accedía a ellos desde el propio Palacio y desde la gruta de las Camelias en el Campo del Moro.

El Palacio Real es más que cuatro paredes: un lugar con tantos siglos de historia, con intrigas, misterios y todo tipo de aventuras debía tener pasadizos secretos que permitiera a los monarcas desplazarse. Y probablemente habría muchos más de los que hemos podido conservar y registrar en la actualidad, porque los verdaderos secretos no se exponen tan fácilmente… Aún queda mucho por descubrir.

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