Vista general de la misa por las víctimas de Adamuz en la catedral de la Almudena
Madrid se une por las víctimas de Adamuz en La Almudena: «No vivamos encapsulados en búnkeres ideológicos»
El cardenal José Cobo ha hecho especial hincapié en que la fe y la Iglesia son el apoyo en estos momentos de dolor y duelo
La catedral de La Almudena de Madrid ha acogido jueves una solemne misa en honor a las 45 víctimas mortales del accidente de tren en Adamuz (Córdoba), pedida al Arzobispado por la presidenta regional, Isabel Díaz Ayuso. El templo se ha llenado de miles de madrileños que han acudido a rendir homenaje y transmitir el pésame a los familiares de las víctimas. En concreto, fuentes del Arzobispado han indicado que han asistido más de 1.500 personas.
A la eucaristía, celebrada por el cardenal José Cobo, han asistido miembros del Gobierno regional; entre ellos Isabel Díaz Ayuso y sus consejero; el alcalde de la capital, José Luis Martínez-Almeida; la portavoz del PSOE en el Ayuntamiento, Reyes Maroto; así como el delegado del Gobierno en Madrid, Francisco Martín, mientras que desde Más Madrid no ha acudido nadie.
El obispo Alcalá de Henares, Antonio Prieto, ha pronunciado unas palabras antes de esta solemne misa. Así, ha indicado que «pedimos por el eterno descanso, los heridos y las familias. Expresamos nuestro pésame al hermano de una de las víctimas. Cristo se hace presente como luz en las tinieblas, pongamos nuestra fe en Cristo».
El cardenal Cobo le ha seguido con el inicio de la eucaristía y ha señalado que «nos reunimos en esta iglesia con la historia de cada uno, con nuestra historia, venimos a la casa para iluminarnos por Dios. Abrir nuestro corazón y que la luz de Dios entre en nuestros corazones».
El salmo responsorial ha sido el 22: ‘El Señor es mi pastor nada me falta’ que fue cantado por el caro. El evangelio que se leyó ha sido el de Lucas 23, 33. 39-43 que habla sobre la crucifixión de Jesucristo y las palabras de los dos ladrones que estaban junto al Hijo de Dios.
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, en el funeral de la Almudena
La homilía del cardenal José Cobo ha girado en torno a tres pilares: estar atentos de las personas cercanas, estar al servicio del bien común y a las víctimas que no están solas. El cargo de la Iglesia ha comenzado señalando que «hoy la Iglesia permanece en silencio junto a un pueblo que se siente herido. Muchas diócesis sentimos la necesidad de reunirnos para afrontar desde la fe el dolor de las víctimas».
«Con la iglesia de España queremos presentar la vida de estas víctimas mortales y presentar el dolor de los heridos y de tantas familias afectadas. Ahora junto a la sorpresa y la muerte inesperada nos queda el silencio desconcertante del Sábado Santo, un silencio que no es vacío. Un silencio lleno de nombres, de vínculos rotos demasiado pronto. Porque cada vida perdida deja una vacío en el corazón de la gente», ha apuntado Cobo.
Asimismo, ha recalcado que «aquí el lenguaje humano se convierte insuficiente. La Iglesia no ofrece respuestas rápidas, comparte el peso del duelo, a no marcharse cuando el sufrimiento incomoda. Nuestro objetivo es estar y abrazar en la distancia».
Ayuso saluda a uno de los familiares de las víctimas de Adamuz
«Cuando compartimos la fragilidad y la ponemos ante Dios, entonces nos responsabilizamos porque descubrimos que estamos llamados a cuidarnos unos a otros, no a enfrentarnos ni a vivir encapsulados en nuestros propios búnkeres personales o ideológicos», ha señalado Cobo
«Esta noche como Iglesia queremos estar con quienes han perdido a un hijo, una esposa, un amigo, un vecino... estar con quienes sientes que una parte de su vida se ha caído. Queremos estar incluso cuando no sabemos que decir. Ante tragedias como estas surge la pregunta de ¿dónde está Dios en estos momentos? Esta noche podemos escuchar su palabra y como la fe cristiana responde», ha comentado el cardenal madrileño.
Así, ha contestado que «Dios no es el causante del mal y de la muerte, él no se complace del dolor humano, él se queda, aunque sufrimos. Atraviesa el dolor mientras nosotros también sufrimos. Jesús no pasó de largo ante el dolor, se paró y tocó la herida».
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, en el funeral de la Almudena
«Él padeció una muerte prematura e injusta y sabe del sufrimiento, no explicándolo sino compartiendo desde dentro. Él está presente en cada gesto y en cada mano que sujeta a otra. Ante el dolor surge la experiencia de fragilidad», ha subrayado Cobo.
En este sentido, ha comentado que «por mucho que queramos progresar, el misterio de la muerte sigue ahí y que la vida no nos pertenece. Nos abrimos a una buena noticia que se anuncia desde el patíbulo del crucificado. Esta es una oportunidad para escuchar a Jesús muerto y resucitado. Esta noche os invito a escuchar su voz desde la oscuridad. Desde nuestras propias fragilidades».
«Una voz que nos dice 'hoy estarás conmigo', se lo dice a cada uno de los fallecidos y a quien quiera escucharle. Jesús en la cruz no da un discurso, dice 'hoy estarás conmigo en el paraíso'. El paraíso del que habla Jesús no es lejano, es estar con Cristo y dejarse acompañar por él. A nuestros difuntos, Cristo no les promete una idea, sino que va a estar ahí», ha confesado el cardenal.
Ayuso da el pésame a una mujer, familiar de las víctimas de Adamuz
A renglón seguido, ha apuntado que «Cristo ofrece su presencia y su abrazo para caminar sobre las sendas de la vida. Cristo nos dice hoy que la muerte no tiene la última palabra. Él es nuestra esperanza y no niega el dolor. Hay muerte y hay dolor, pero la muerte no rompe lo esencial. La última palabra siempre la tiene la vida, la última victoria es de Dios que es amor».
«A quienes hoy lloran les decimos que no están solos, la Iglesia camina con vosotros. La memoria no se apaga, el dolor compartido no desaparece, pero pesa menos. Que esta eucaristía sea una manera de abrir los corazones y se convierta en una llama que se coloca en cada cruz para ser más humanos, mas resucitados, mas atentos ante la fragilidad de la vida», ha remarcado Cobo.
El cardenal ha culminado la homilía diciendo que «que Dios nos ponga al servicio del bien común y a las víctimas y sus familias que Dios os conceda consuelo, sanación y luz perpetua».