El jardín de Diana en la Gran Vía madrileña
Historias de San Valentín
La historia de amor secreta en Gran Vía: Diana y Endimión
Muchas personas dicen que la ciudad de Madrid se llena de amor el día de San Valentín. Lo que varios de ellos no tienen en cuenta es que en la Gran Vía se esconde a plena vista una historia de amor durante todos los días del año.
Si al pasar por la famosa calle que se empezó a construir en 1910, y que acuñó posteriormente el nombre de Gran Vía, has mirado hacia arriba alguna vez en los últimos nueve años, tus ojos posiblemente se hayan cruzado con la figura de alguna de las dos estatuas que se posan a ambos lados de los tejados de la ancha avenida. Unas imágenes que representan la parábola de un amor imposible que sucedió hace miles de años.
Cuenta la mitología griega, probablemente la mejor creadora de leyendas, que la diosa Diana, deidad de la luna y de la caza, se enamoró una vez perdidamente de un mortal, llamado Endimión, un apuesto pastor. Narra la historia, que Diana bajaba de la luna para visitar todas las noches a su enamorado y admirarlo, mientras él dormía, ante la imposibilidad de su amor, entre una diosa y un ser humano.
La hermosa diosa de la caza se enamoró perdidamente, pero en su corazón se anidaba poco a poco el gran temor de la muerte de su amado con el paso del tiempo. Ante el miedo de perder a su anhelado mortal, Diana tomó una decisión y acudió a la mayor fuente de poder. Le pidió a Zeus, el dios del cielo, que le concediera a Endimión el sueño eterno, que le permitiría a su amado estar junto a ella por siempre, sin perder jamás su belleza, por más que pasasen los años.
Zeus, que tendrá representación posterior en los mitos romanos como Júpiter, el dios supremo de todos los demás dioses, padre de Diana, desaprobó brutalmente su enamoramiento y, ante tal acto de rebeldía por parte de su hija, decidió enviar a un ave fénix para secuestrar a su amado Endimión, con el propósito de que no pudieran volver a verse nunca más.
Es en el momento de la huida del ave fénix con Endimión, que está retratado en los tejados de la capital española, en los números 31 y 32 de su Gran Vía, cuando Diana, acompañada de sus perros de caza, disparó flechas al ave fénix para evitar el secuestro de Endimión; de la misma forma en que Cupido llegó a flecharla a ella y enamorarla por primera vez cuando conoció a Endimión. Sin embargo, los disparos de Diana fallaron y no llegaron a detener el robo de su gran amor. A causa de ello, se ven sus flechas clavadas en el suelo de la Gran Vía apuntando hacia a Endimión y el fénix, surcadas en el suelo de la acera en frente de los grandes almacenes de Primark.
Las misteriosas flechas de Gran Vía
Pero esta escena mitológica no ha estado en la Gran Vía desde su creación. La estatua del ave fénix lleva en el tejado del número 32 de la calle desde los años 50, mientras que la de la diosa de la caza fue instalada en el año 2017, bajo encargo del Hotel Hyatt, a la arquitecta y escultora, Natividad Sánchez (Jaén, 1960). Un encargo que la convirtió en la primera mujer en idear una escultura para la avenida madrileña y así completar, varias décadas después, este romance mitológico.
Mientras las parejas celebran San Valentín bajo el cielo nocturno de Madrid, el mito de Diana y Endimión recuerda que el amor, en su forma más pura, es un intento de vencer a la mortalidad en una promesa eterna.