El famoso balcón de la casa de 'Julieta Capuleto' en Verona

El famoso balcón de la casa de 'Julieta Capuleto' en VeronaGetty Images/iStockphoto

El balcón de ‘Julieta’ en Verona y otras mentiras por San Valentín para turistas románticos

La fecha de San Valentín llena destinos como Verona, Venecia o París, aunque buena parte de lo que adoramos de su aura amorosa no sea más que inventos bien contados

Es difícil caminar por el centro de Verona (Italia) y no acabar, casi por inercia o llevado por la masa, en Via Cappello. Las señales indican que allí se encuentra el balcón más romántico de la literatura. La marea humana hace el resto. A pocos minutos de Piazza delle Erbe, de ese corazón medieval de la ciudad, el tramo más célebre de la calle se estrecha y empieza a apreciarse una cola que avanza despacio. Abundan las parejas jóvenes, móviles preparados. También hay familias con esos niños que arrastran el cansancio de interminables jornadas turísticas que tal vez empezaron en la vecina Venecia. «¿Quién era Shakespeare, mamá?».

La estatua de 'Julieta' recibe su dosis diaria de ritual, que no es otro que tocar uno de sus pechos de bronce, se supone que para tener suerte en el amor

La entrada a la Casa di Giulietta funciona como un umbral. Se atraviesa un pasaje y, de pronto, el patio aparece como un pequeño teatro a cielo abierto. En las paredes del túnel que conduce a dicho patio se acumulan mensajes románticos, dibujos de corazones, nombres unidos por flechas de Cupido… Se dice que, a falta de pegamento, existía la no muy higiénica costumbre de pegar esas notitas con chicle y que el Ayuntamiento tuvo que tomar cartas en el asunto. Ya en el patio, la estatua de Julieta recibe su dosis diaria de ritual, que no es otro que tocar uno de sus pechos de bronce, se supone que para tener suerte en el amor. ¿De dónde vendrán estas leyendas urbanas? El niño aburrido con la historia de El bardo parece animarse ante la estatua de bronce.

Agrandar el mito

Estatua y balcón de 'Julieta' en Verona

Estatua y balcón de 'Julieta' en VeronaGetty Images/iStockphoto

Para entrar en el patio de la casa de Julieta no hay que pagar, así se engrande el mito. Sí hay que hacerlo si se quiere acceder al interior y, naturalmente, al famoso balcón. En estas fechas cercanas a San Valentín, lo uno y lo otro son casi una quimera. Ya lo advierte el Ayuntamiento para evitar decepciones. Y ahí está la paradoja. El balcón más famoso del romanticismo europeo no tiene nada de real y, aun así, atrae a multitudes.

El balcón más famoso del romanticismo europeo no tiene nada de real y, aun así, atrae a multitudes

La casa, sí, es medieval y está documentada desde el siglo XIV, pero su conversión en icono fue una operación deliberada. Durante mucho tiempo fue un edificio práctico, incluso llegó a albergar una posada bastante humilde. La identificación fue tan eficaz como oportunista: la calle se llama Via Cappello y el apellido de los antiguos propietarios sonaba lo bastante cerca de los Capuleti como para que la leyenda encontrara domicilio. En 1905 el edificio fue adquirido por el Ayuntamiento de Verona y, entre 1939 y 1940, el director de los Museos Cívicos, Antonio Avena, impulsó la restauración y añadió el balcón para dar al relato un marco físico. La escena necesitaba un escenario, y el cine ayudó a reforzar esa necesidad. La versión hollywoodiense de Romeo y Julieta, dirigida por George Cukor en 1936, popularizó la historia en medio mundo y terminó de convertir a Verona en decorado romántico internacional.

Día de San Valentín en Verona (Italia)

Día de San Valentín en Verona (Italia)Getty Images/DEVECCHI NICOLA

Pero hay un detalle de esta historia que no se suele contar y que no deja de ser curioso. La oficina turística habla de una composición hecha con restos de mármol del siglo XIV reutilizados. Es decir, reconoce que no era una pieza original de la casa: era una pieza necesaria para que el mito pudiera existir en tres dimensiones. Lo que suele ocultarse es que el balcón añadido procede en realidad de piezas tomadas de un sarcófago. El balcón más romántico por antonomasia, armado con fragmentos de una tumba.

El «secretario de Julieta»

Cartas a 'Julieta' en la Casa di Giulietta

Cartas a 'Julieta' en la Casa di GiuliettaGetty Images/Alena Matrosova

Verona, además, no se conformó con crear un balcón. Más o menos por la misma fecha, decidió que Julieta, que en realidad era un personaje de ficción, tendría también una tumba. Esta de verdad, no convertida en balcón. Y empezó, cómo no, la peregrinación. En los años 30, Ettore Solimani, custodio de esa tumba atribuida a Julieta, empezó a recoger las cartas que dejaban los visitantes, con historias de desengaños, dudas, confesiones, y tuvo la idea de responder. Así nació la figura del primer secretario de Julieta. Con el tiempo, esa tradición se institucionalizó en el Juliet Club, que sigue respondiendo cartas llegadas de todo el mundo dirigidas simplemente a «Julieta, Verona» gracias a un equipo de voluntarios que responden a misivas llegadas de todas partes del mundo. Ni Shakespeare pudo imaginar tan curioso desenlace.

El Puente de los Suspiros

Góndolas de Venecia bajo el Puente de los Suspiros

Góndolas de Venecia bajo el Puente de los SuspirosGetty Images/iStockphoto

Desde Verona, el mapa romántico europeo, muy concurrido en estas fechas, suele dar el salto a Venecia. Y sigue la ficción que alimenta los mitos turísticos y, de paso, las arcas municipales. Y aquí el truco es todavía más inquietante, porque no se fabrica una pieza arquitectónica, sino que se cambia el significado de un lugar entero. El Puente de los Suspiros se vende hoy como uno de los puntos de beso más codificados del continente: la góndola, el atardecer, el momento exacto, preferentemente al anochecer.

Dos iconos de Venecia: el carnaval y el Puente de los Suspiros

Dos iconos de Venecia: el carnaval y el Puente de los SuspirosGetty Images

Sin embargo, ese corredor conectaba el Palacio Ducal con las prisiones. No era un mirador para amantes, era un pasaje para reclusos. Que miles de parejas se besen debajo de ese puente es uno de los logros más extraños de la industria del turismo: convertir la sombra de la cárcel en una postal dulce.

Los viajeros mínimamente cultos saben que 'los suspiros' provenían de quienes estaban condenados a cadena perpetua o a una dura pena de prisión

Los viajeros mínimamente cultos saben que los suspiros provenían de quienes estaban condenados a cadena perpetua o a una dura pena de prisión que podía suponer la muerte, y suspiraban por no ver más la laguna, o la vida. El puente es tan hermoso, que lo cierto es que cuesta pensar en todas las historias de asesinos, todos los capítulos de torturas que guarda en su interior. Naturalmente, mejor pensar en el amor eterno mientras uno trata de abrirse paso para situarse lo más cerca posible y conseguir la codiciada foto.

«Siempre nos quedará París»

París en San Valentín

París en San ValentínGetty Images/iStockphoto

Y hablando de fotos relacionadas con el amor, llegamos, cómo no, a París. Nos parece que París ha sido siempre la ciudad del amor, pero durante mucho tiempo fue principalmente la ciudad del libertinaje: la capital del cabaret y de una libertad moral que fascinaba y escandalizaba. El París romántico que hoy consumimos como escapada de pareja se consolidó sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial, cuando había que reactivar la economía (Bienvenido Mr Marshall) y una imagen deseable de París para los norteamericanos.

El beso del Hotel de Ville (1950) de Robert Doisneau

El beso del Hotel de Ville (1950) de Robert Doisneau

Y aquí entra en juego una de las historias amorosas más prefabricadas. La famosa foto del beso tomada por Robert Doisneau nació como encargo de la revista Life, precisamente en un reportaje que pretendía exaltar el lado romántico de la ciudad y terminó convertida en la postal definitiva: un París donde se besa en la calle con naturalidad, como si la ciudad entera estuviera hecha para ese gesto.

El fotógrafo de la famosa foto del beso se vio obligado a aclarar que la escena había sido posada con jóvenes actores

Décadas después, cuando la fotografía ya era un icono reproducido hasta el infinito, aparecieron demandas millonarias de las personas que intervinieron en el reportaje y el propio fotógrafo se vio obligado a aclarar lo que muchos no querían saber: la escena había sido posada con jóvenes actores. El mito de la espontaneidad romántica tenía, también, dirección artística. Como es de esperar, la foto se sigue vendiendo como postal en los quioscos de recuerdos y en papelerías.

El mito romántico parisino le debe mucho al cine, desde Audrey Hepburn y Woody Allen hasta la célebre historia de amor de Humphrey Bogart e Ingrid Bergman en 'Casablanca’

El mito romántico parisino le debe mucho al cine también, desde Audrey Hepburn y Woody Allen hasta la célebre historia de amor de Humphrey Bogart e Ingrid Bergman en la mítica Casablanca. Emily in Paris lo ha llevado a Netflix y a las nuevas generaciones. Y aunque a veces llueva sin tregua, no asome el sol aunque se llame la Ciudad de la Luz, los hoteles sean carísimos, el Metro viaje en hora punta perpetua y paguemos 10 euros por un café servido por un camarero arrogante que aún discute si lo queremos con leche o sin ella, ‘siempre nos quedará París’. Aunque quizá, en pleno febrero, sería más sugerente pasear por las calles de Casablanca. Pero ya se sabe: contra el mito romántico nada ni nadie puede.

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