Mapa de las checas de Madrid
Guerra Civil
Las checas en Madrid: anatomía de la represión republicana en la retaguardia
Con el comienzo de la Guerra civil española, la represión violenta se hizo con las calles de España. Madrid no fue una excepción, el odio sembrado por el régimen frentepopulista culminaba con una revolución en la que el terror estaba incluido. La fuerte impronta soviética hizo que toda una serie de organizaciones se sirvieran de estas influencias para cometer auténticas atrocidades.
Vladimir Ulyanov, que firmaba como Lenin, lideró la creación de la llamada Comisión Extraordinaria para la Lucha contra la Contrarrevolución y Sabotaje de Toda Rusia, más conocida como «cheka». El elegido para el encargo fue Félix Dzerzhinsky, un comunista polaco, fundador de la policía revolucionaria bolchevique. Este nuevo órgano lideró el Terror Rojo y asesinó a miles de sospechosos disidentes del régimen leninista.
El modelo de las «checas» se implantó en España con la Segunda República. El Frente Popular perseguía el objetivo de eliminar aquellos obstáculos para el avance del modelo que se quería implantar. De esta manera, los diferentes partidos y sindicatos del Frente crearon sus propias prisiones, ajenas a las oficiales. Los miembros de la izquierda y los anarcosindicalistas apresaron y torturaron a miembros de la oposición política fuera del marco legal. En la capital, las víctimas mortales ascienden a 1.823 asesinados, aunque no se sabe con certeza debido a la cantidad de desapariciones y detenciones sin aviso que se llevaron a cabo durante la época.
Estas prisiones llegaron a su momento de mayor actividad entres agosto y septiembre de 1936, con la creación de las checas oficiales de Fomento y Bellas Artes y la formación de las Milicias de Vigilancia de Retaguardia, controladas por los sindicatos y la izquierda.
Vista de celdas abiertas de una checa
Según el estudio del Instituto de Estudios Históricos de la Universidad CEU San Pablo, el número de checas en Madrid asciende a 345 junto con otros cincuenta lugares de detención. Hasta los edificios más insospechados guardaban una de estas prisiones en su interior. En el amplio listado figuran los edificios del Círculo de Bellas Artes, el Convento de Dominicas de Santo Domingo el Real, la Real Fábrica de Tapices, el Palacio de Juan March, el Cuartel de Conde Duque, la real Parroquia de San Antonio de Florida, el Convento de las Salesas e, incluso, el Palacio Real. La muestra recoge edificios de naturalezas distintas: desde construcciones religiosas hasta palacetes arrebatados por los revolucionarios a partir del estallido de la Guerra Civil. Esta disposición en el mapa urbano no obedecía a ninguna estrategia a la hora de decidir su ubicación.
En el interior de las checas, los milicianos torturaban y asesinaban a los que no apoyaban a la revolución. Tras arrasar el interior de los edificios, especialmente aquellos de carácter religioso, estos lugares se convirtieron en cárceles, donde la tortura iba más allá de lo físico. El tormento psicológico hizo de las checas un terror particularmente cruel.
En Barcelona las autoridades republicanas quisieron construir un sistema carcelario basado en el modelo soviético. El encargado del diseño de las celdas fue Alfonso Laurencic, también conocido como «el monstruo de las checas». De origen yugoslavo, trabajó para el Servicio de Investigación Militar (SIM) republicano y ofreció su ayuda como «decorador» y arquitecto en la construcción de las celdas de la calle Vallmajor.
Conocidas como «mazmorras alucinantes», estos cubículos de no más de seis metros cuadrados, impresionaron incluso al líder nazi Heinrich Himmler en su visita a Barcelona en 1940. El diseño innovador de Laurencic presentó un panel de cemento inclinado para impedir el sueño del preso y la disposición de ladrillos de diferentes alturas en el suelo para dificultar que este caminara. En la pared, se pintaron dibujos, copia de la Escuela Bauhaus, con el fin de desconcertar al prisionero. Otro modelo consistía en un tipo de armario estrecho, con el techo inclinable, ajustable a la altura del preso, que tenía un barrote entre las piernas. A la altura de los ojos, veía una luz permanentemente encendida a través de unos agujeros, un metrónomo y un reloj que cada cuatro horas, adelantaba una, para alterar su noción del tiempo.
En Madrid, las detenciones que realizaban los miembros de las checas respondían a denuncias anónimas y, en otras ocasiones, se buscaba a miembros de partidos políticos, sacerdotes, religiosos y religiosas. En Barcelona sucedió lo mismo, el groso de las víctimas de las checas fueron religiosos, además de personas acusadas de fascistas, conservadores y mujeres, sospechosas de ser quintacolumnistas.
Mientras que, en la Ciudad Condal, el periodo de actividad de las checas se prolongó hasta el fin de la Guerra Civil, en Madrid se redujo de forma considerable por la estabilización del bando nacional en la ciudad y el traslado del gobierno republicano a Valencia. Su desmantelamiento físico no borró la huella de estas prisiones extraoficiales. El terror en la retaguardia republicana, aún hoy desconocido por muchos, socavó la supuesta legitimidad democrática que el propio gobierno frentepopulista defendía ante el mundo.