Facundo Rico en Plaza Castilla en 2017

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Sucesos

El último eslabón de la crónica negra madrileña: un crimen pasional en una urbanización de lujo que termina en suicidio

Nada hacía presagiar en la mañana del pasado 14 de julio a los habitantes de una tranquila urbanización de la calle Cirauqui de Las Tablas, al norte de Madrid, que ese día iba a escribirse a escasos metros de sus casas el último capítulo de la crónica negra madrileña.

Era un martes cualquiera de un caluroso mes de julio en la capital, cuando la vida se paró para Facundo Rico, un ingeniero de 37 años, español de origen argentino, que nunca había dado problemas, más allá de alguna fiesta, en la urbanización en la que vivía de alquiler desde hacía años.

Según la reconstrucción de los hechos elaborada por los investigadores del caso, el asesino acudió esa mañana al domicilio de Facundo armado con un cuchillo de cocina de 20 centímetros y un spray de gas pimienta, dispuesto a lo peor. ¿Su móvil? Uno de los más antiguos y letales: los celos. Y es que el autor del asesinato, Alberto Juan, un español de 65 años, estaba convencido de que Facundo mantenía una relación con su esposa, con la que se encontraba en proceso de separación a instancias de ella.

Al parecer, según pudo averiguar El Periódico de fuentes de la investigación, el ingeniero y la mujer del asesino se habían conocido en el gimnasio que ambos frecuentaban, muy cercano al lugar del crimen.

Así las cosas, absolutamente desconocedor del fatal desenlace, Facundo abrió la puerta a su agresor cuando éste llamó al timbre esa mañana. Nada le hacía sospechar que estaba abriendo la puerta voluntariamente a su asesino.

El hombre roció a Facundo con gas pimienta y ambos mantuvieron un enfrentamiento que terminó con el ingeniero muerto en la cocina con 14 puñaladas, 11 en la parte frontal del cuerpo y tres por la espalda. Los servicios de emergencia, que llegaron más tarde alertados por los vecinos por un «fuerte olor a químico», tuvieron que entrar por la ventana de la vivienda, ubicada en un sexto piso, y nada pudieron hacer por salvar la vida de Facundo, ante la brutalidad del ataque.

En el entretanto, al autor le dio tiempo a parapetarse detrás de unas gafas de sol y una gorra y huir del edificio montando en un coche rojo, tal y como contó más tarde el portero de la finca, que fue testigo de la salida de Alberto Juan.

Éste, según apuntan las pesquisas, condujo durante alrededor de hora y media hasta el municipio de La Adrada, en Ávila, a poco más de cien kilómetros del lugar del homicidio, donde tenía una segunda vivienda, en la que se encontraba su esposa, de unos 50 años. El asesino aparentó total normalidad con ella y le contó que había estado haciendo unos recados. Al día siguiente, cuando la noticia del trágico suceso ya circulaba por toda España, Alberto Juan se dirigió a la zona del Charco de la Hoya, muy cercana a La Adrada, donde decidió poner fin a su vida tirándose por un barranco.

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