Aguas subterráneas en Madrid
La historia del acuífero de 2.600 kilómetros cuadrados que se esconde bajo Madrid
Bajo el subsuelo de la capital se encuentra el acuífero terciario detrítico, una enorme reserva de hasta 3.000 metros de profundidad sobre la que se asienta la ciudad
Hace 23 millones de años se empezó a formar el acuífero terciario detrítico de Madrid, una formación geológica natural que terminó de consolidarse 18 millones de años después, durante el período geológico conocido como el Terciario. Se extiende unos 2.600 kilómetros cuadrados que alcanzan profundidades de casi 3.000 metros y sobre los que se asienta la capital.
«Fui sobre agua edificada, mis muros de fuego son, esta es mi insignia y blasón». De esta manera rezaba la leyenda del primer emblema de Madrid, grabado en los escudos de las milicias de Alfonso VIII allá por el siglo XII, que alude a las dos grandes riquezas naturales de la ciudad: el agua oculta bajo el suelo y el pedernal de sus murallas.
De los casi 3.000 metros de profundidad con los que cuenta este acuífero, tan solo son explotables los 800 primeros para su abastecimiento. Sin embargo, y sorprendentemente, estas reservas de agua no tienen nada de protagonismo en el consumo de agua diario de la ciudad, ya que permanecen tranquilas para urgencias.
Esto se debe a que el suministro habitual proviene íntegramente de los embalses superficiales y, de forma muy puntual, de pozos subterráneos. El acuífero, los ríos y otros ecosistemas asociados apoyan la agricultura, abastecen a un gran número de poblaciones y hacen frente a los efectos generados por las sequías.
De hecho, la mayor sequía reciente en Madrid data de los años 2005 y 2006, dejando los embalses en niveles críticos por debajo del 40 %. Gracias al acuífero y la extracción de sus aguas, se pudo paliar la escasez de agua embalsada, llegando a sacar miles de millones de litros de agua anuales para mezclarlos de forma directa con las reservas superficiales.
Recarga anual de 150 hectómetros cúbicos
Desde un punto de vista geológico, las permeabilidades del terreno donde se asienta son muy bajas, lo que quiere decir que el agua avanza con muchísima dificultad y lentitud, o directamente se queda retenida. Aun así, esto no impide que el acuífero pueda recargarse naturalmente por la infiltración del agua de lluvia, logrando una capacidad de recarga anual de unos 120-150 hectómetros cúbicos (150 mil millones de litros).
Una vez el agua entra en el acuífero, las arcillas la retienen e impiden que se escape, se evapore o se mezcle con contaminantes de la superficie, razón por la que se mantiene pura y se puede reservar durante miles de años. Cabe destacar que, desde el Canal de Isabel II afirman que este agua cumple con los parámetros a pesar de tener más minerales que la de los ríos, y garantizan que todos los años se realiza una campaña de muestreo para asegurar que la calidad sigue siendo óptima.
Al terciario detrítico hay que sumarle otra masa de agua subterránea gestionada por el Canal: el acuífero cretácico carbonatado, bajo la zona de Torrelaguna. Es mucho más pequeño, con una extensión de 56 kilómetros cuadrados, pero también se incorpora al sistema de abastecimiento de la Comunidad.
La importancia de las aguas subterráneas
El agua subterránea, según datos de la UNESCO, proporciona el 99% de toda el agua dulce en estado líquido en todo el planeta. En cuanto a reservas, solo se encuentra por detrás de los casquetes polares y muy por delante de los lagos y embalses.
Para el Canal de Isabel II, los acuíferos de la región están considerados como el decimocuarto embalse y son vitales para los madrileños en las épocas de menor abastecimiento.