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Vidas ejemplaresLuis Ventoso

Mari Carmen y el posado de Ana Belén e Irene

Todos tenemos corazón y nos apena lo ocurrido, ¿pero debe quedar la ley en suspenso en nombre de los sentimientos? Esa es la ruta hacia la jungla

La noticia ha abierto todos los informativos de televisión y las ediciones de la prensa de izquierdas. Una vecina de Madrid de 87 años, Mari Carmen, ha sido desahuciada de un piso cercano al Retiro donde vivía desde hace 70 años. Algo muy triste, sin duda, y un durísimo golpe para ella, que además sufre una minusvalía y cobra una pensión de 1.350 euros.

La vivienda fue alquilada originalmente por su padre, que murió poco después, y pasó a su madre. Tras el fallecimiento de la progenitora siguió viviendo en el piso su hija, Mari Carmen, lo cual no era legal, según ha fallado la Justicia tras cinco años de litigio. La inquilina sabía que estaba en una situación irregular desde que cambiaron las leyes en los ochenta y los noventa. Pero prefirió pasarse décadas viviendo en el alambre –y ahorrándose mucho dinero– en lugar de buscar una solución cuando era todavía relativamente joven. Aun así, verla desvalida saliendo a la calle por última vez desde su piso nos toca a todos el corazón.

Estamos ante un caso en el que se enfrentan la letra de ley y el dolor de un drama humano. ¿Cuál es la solución correcta? ¿Debe hacerse una excepción y privar a un propietario de su legítimo derecho sobre una vivienda que hoy tiene un gran valor? ¿O debe cumplirse la ley y ayudar a Mari Carmen mediante ayudas sociales de las administraciones públicas y privadas? La Comunidad de Madrid ha ofrecido por dos veces a la anciana una plaza gratuita en una residencia y el Ayuntamiento de la capital ha hecho también lo propio. Ella ha desdeñado esas ayudas y ha preferido irse a vivir con un familiar.

La izquierda cree que la respuesta correcta sería saltarse la ley, castigar al legítimo propietario de un inmueble que puede reportarle notables ingresos y dejar a Mari Carmen en el piso de por vida, con una renta por debajo del –altísimo– precio de mercado que impera hoy en el centro de Madrid. Pero si anteponemos los sentimientos a las leyes enfilamos una ruta muy peligrosa, que acabaría en la ley de la jungla. ¿Aniquilamos el derecho a la propiedad privada porque algunos casos personales nos dan mucha pena? ¿Quién decide en qué situaciones debe primar la compasión sobre las leyes?

La historia de Mari Carmen ha dado alas a la habitual hipocresía y colmillo de nuestra izquierda populista, y más cuando urge material fresco para distraer del caos de Ceuta. ¿Quién tiene la culpa del desahucio de la anciana? Pues Ayuso, por supuesto, aunque ha sido una decisión de la Justicia y a pesar de que la Comunidad de Madrid ha ofrecido la pertinente ayuda social a la afectada. En Cataluña se registran el triple de desahucios que en Madrid. Huelga decir que no escucharán jamás a las televisiones del régimen hablando de que el perverso Illa está «vendido a los fondos buitre», como se repite de sol a sol en el caso de Madrid.

El amargo desenlace del caso de Mari Carmen contó con el apoyo de figuras públicas. La ministra de Vivienda, dueña de siete propiedades, ofreció la preceptiva demagogia. Irene Montero, la hacendada de Galapagar, y la cantante Ana Belén, que vive en un chaletazo en Chamartín, acudieron a dar su apoyo a pie de portal a Mari Carmen. Queda muy bien hacerse la foto, pero a ninguno de los solidarios de la izquierda caviar se le ha ocurrido ofrecerle una habitación en una de sus dachas.

La izquierda se manifiesta, pero no resuelve. Al final deja tirados a aquellos a los que dice proteger, porque no aporta soluciones prácticas más allá del pataleo. Curiosamente, quien más ayuda en España lo hace sin alharacas, siguiendo la recomendación evangélica de dar limosna con tal discreción que «tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha». Se llama Cáritas. Ayuda a pagar suministros y facturas energéticas, entrega alimentos, ofrece un techo en casos de emergencia… y jamás busca fotos a la mayor gloria del ombligo narcisista.

Intxaurrondo, Fortes, Ana Belén y la potentada ministra de Vivienda se reservarán un pequeño detalle: la norma que ha dejado en la calle a Mari Carmen es obra de una doble reforma de ese PSOE que ahora se manifiesta, que en 1985 y 1994 aprobó sendos decretos para acabar con el alquiler antiguo de Franco.

Pero bueno, que nadie se preocupe. Seguro que el Gran Wyoming, socialista de pro y más solidario que un botijo en la canícula, ya está ofreciendo a la pobre Mari Carmen una estancia a precio simbólico en alguna de sus 19 propiedades.

Ya lo decía Zapatero: «Ser socialista es tener muy poco y estar dispuesto a dar mucho». Lástima que luego llegaron los joyones...

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