TribunaJosé-Andrés Gallegos del Valle

Madrid es elección: esfuerzo personal e institucional sostenido y apoyado por todos

El éxito de Madrid -como el de la inmensa mayoría de los españoles- es su oposición a ese igualitarismo del mínimo común denominador, que arrastra en su remolino violento a las familias menos prósperas, con menos medios para defenderse de la mediocridad intelectual que lo genera y resulta

Hablamos del presente y el futuro de nuestra gente joven, examinado entre 760.000 coetáneos de 15 y 16 años en 90 países desarrollados y prósperos. Según el Informe PISA 2025, recién publicado, Madrid es política exterior. Y de la buena.

En Matemáticas, obtiene 477 puntos respecto a 463 de la OCDE y la UE. Primera por Comunidades Autónomas en España.

En Ciencias Madrid logró 495 puntos. Ambas Organizaciones, intergubernamental y supranacional: 482 y 481. También primera en nuestro país.

En Lectura (¡clave total!) 469, ante 461 y 459. A sólo dos puntos del primer puesto español para lograr el triplete.

Nadie confunda a nadie: se trata del acervo humano que constatamos en todo nuestro país, los mismos valores, la misma población, de la que una parte inmigró en su día y hoy es nosotros; la misma formación familiar, un trabajo personal serio para la formación profesional y para el estudio abstracto y técnico superior. Integra además la educación especial y cariñosa, capaz de dar todo su impulso a hijos con necesidades particulares.

Madrid es la misma España abrazada por la Transición, en la que nadie sobra, que mira «Más Allá», como alienta su Escudo, reforzada por esa amable cortesía nuestra que expresa en el fondo un insondable respeto por la dignidad humana. Madrid, como todo el país, distingue bien entre valor y precio. Por eso el modelo educativo regional presenta récords en dotación de profesores, becas, ayudas a las familias, presupuesto.

Un conjunto inscrito en la media docena de rasgos que podrían definir esa Comunidad Autónoma: conocimiento del mundo; amor a la libertad; puertas abiertas al porvenir; capacidad de decisión; elección personal de objetivos individuales y colectivos; solidaridad de todos para alcanzarlo todo. Me permitirán además que dé la vuelta a esa perspectiva para desvelar su sentido más completo: en Madrid no cuajan la cultura de la cancelación, la imposición -tan cerrada- de corrección política y corrupciones o extremismos mal leídos con brochazos pseudo-identitarios.

Desde su política educativa, Comunidad y Ayuntamientos se proponen sin aspavientos ensanchar la altura donde respiran nuestros grandes ingenieros de caminos, esa selección masculina de fútbol que gana mundiales, jurisconsultos, pilotos de Fórmula 1, historiadores del arte, creadores digitales y aquellos hombres y mujeres que quieren rodear el orbe, como Elcano desde Guetaria, gracias a familias y maestros que firman generaciones para cambiar el mundo.

Todo desde la racionalidad del día a día, que instala aire acondicionado en los colegios, mientras busca con empeño facilitar viviendas a precios razonables.

En ese marco, Comunidad, ayuntamientos y, sobre todo, los entornos familiares con su voto buscan tres metas, como buscó el gran Canciller Konrad Adenauer en Institutos alemanes -die Gymnasien- ante la post-barbarie nazi: la formación del carácter con una sólida madurez intelectual, moral y humana; el desarrollo del pensamiento analítico, capaz de conocer e interpretar la realidad y tomar decisiones, entre ellas, la defensa de la democracia alejada del mínimo esfuerzo y del minimalismo ético; y el estímulo a las aptitudes del alumno, para acercarlo a la más elevada exigencia académica.

El éxito de Madrid -como el de la inmensa mayoría de los españoles- es su oposición a ese igualitarismo del mínimo común denominador, que arrastra en su remolino violento a las familias menos prósperas, con menos medios para defenderse de la mediocridad intelectual que lo genera y resulta.

¿Antídoto?: igualdad de oportunidades, sin duda. Esa Comunidad subraya que la educación es derecho de los padres -no del Estado, como anhelaba la momia de Lenin-, que las Autoridades democráticas apoyan cuando el patrimonio familiar no basta, y no sólo para facilitar las clases, sino para que la familia elija el tipo de centro que mejor se acomoda a sus valores: concertado, privado o público, diferenciado o mixto, religioso o laicista, con mayor o menor enseñanza de idiomas, calidad deportiva, proximidad al hogar...

Esa diferenciación sostenible de cada establecimiento docente con la supervisión y el estímulo necesarios multiplica a menudo su excelencia, como Madrid nos muestra hoy de nuevo.

Comunidad, Ayuntamiento-capital y demás municipios de la región muestran que los alumnos se sitúan en Matemáticas por delante de la media de sus coetáneos en la RFA, Estados Unidos, Finlandia, Suecia o Francia; mientras en Lectura sobrepasan a alemanes, franceses, noruegos o lituanos -ocho puntos sobre la media OCDE y diez por encima de la UE-, mientras en Ciencias alcanzan mejores notas que neerlandeses, suecos o belgas.

España es una cultura, internacionalizada hace muchos siglos. También un idioma, que la transmite al resto del mundo. Una presencia mundial en numerosos campos. Los hablantes de español crecieron 30 millones en 2025 (+5 % respecto al año anterior), hasta superar los 635.000 potenciales, un ritmo que, de mantenerse, llevaría a 100 millones sus estudiantes antes de que termine el siglo si crece el nivel de institucionalización de su enseñanza en otros países.

Pues bien, cabe recordar con cierto interés el discurso de despedida del presidente socialista francés, François Mitterrand, ante el Parlamento Europeo el 17 de enero de 1995. Traduzco: «Apenas quedan hoy dos culturas, la cultura anglo-americana y la cultura española, capaces de afrontar los desafíos (de la globalización)».

Los españoles, que conocemos bien y defendemos con seguridad todas las demás grandes culturas europeas, necesitamos líderes que refuercen la mejor formación de las generaciones jóvenes y contribuyan a potenciar la nuestra.

José-Andrés Gallegos del Valle es Embajador de España
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