Aeropuerto de Barajas

Aeropuerto de BarajasEuropa Press

Madrid

Un recorrido por los 95 años de historia del aeropuerto de Barajas: de los primeros vuelos a la revolución de la T4

Del páramo yermo marcado por un círculo blanco pintado en el suelo al gran eje aéreo entre Europa e Iberoamérica: Barajas ha recorrido casi un siglo de historia para convertirse en lo que es hoy

El pasado 30 de abril de 2026 se cumplieron 95 años de la inauguración oficial del Aeropuerto que hoy conocemos como Adolfo Suárez Madrid-Barajas. Casi un siglo de historia en el que el aeropuerto ha pasado de ser un pequeño campo de vuelos situado a las afueras de Madrid a convertirse en una de las principales puertas de entrada y salida de España.

A finales de los años veinte, Madrid disponía de diferentes instalaciones aeronáuticas, pero fue necesario disponer de un aeropuerto de mayores dimensiones. En 1929 comenzó el proceso para elegir el emplazamiento del futuro aeropuerto y finalmente se seleccionaron unos terrenos próximos al entonces municipio de Barajas, posteriormente incorporado a Madrid.

La ubicación contaba, entre otras ventajas, con una buena comunicación con la capital a través de la carretera de Francia. Para construir el nuevo aeropuerto, que sustituiría a los aeródromos que hasta entonces ofrecían su servicio a Madrid, destacando los de Getafe y Carabanchel, se escogió un terreno de unas 330 hectáreas.

El terreno era un páramo yermo, sin cultivar, muy diferente del aeropuerto que conocemos actualmente. El campo de vuelos era de terreno natural y, para facilitar la orientación de los pilotos, un gran círculo blanco pintado sobre el suelo con la palabra «Madrid» en su interior servía como referencia para identificar el aeropuerto desde el aire.

El Aeropuerto Nacional de Madrid se abrió al tráfico aéreo público en 1931 concretamente el 22 de abril y fue inaugurado oficialmente el 30 de abril del mismo año. Sin embargo, las operaciones comerciales que transformarían por completo el aeropuerto no llegarían hasta dos años después.

Primeros vuelos comerciales

El 15 de mayo de 1933 aterrizó en Barajas un trimotor Fokker VII/3M, avión equipado con tres motores, iniciando así el tráfico civil comercial. Las primeras líneas regulares de LAPE (Líneas Aéreas Postales Españolas) tenían como destinos Barcelona y Sevilla.

Las cifras de aquellos primeros años permiten hacerse una idea de cuánto ha cambiado el aeropuerto desde entonces. En 1933 se realizaron un total de 378 vuelos y viajaron 2.873 pasajeros. Además, su primer director fue el teniente coronel Jacobo de Armijo y Fernández de Alarcón.

Actualmente, esas cifras pueden parecer «chocantes» en comparación con los miles de pasajeros que concurren las diferentes terminales. Pero, en aquella época representaban el comienzo de una nueva etapa para la aviación comercial en Madrid. Barajas había pasado de ser un campo de vuelos de terreno natural a convertirse en una infraestructura destinada a conectar la capital con otras partes del mundo.

Un aeropuerto en constante crecimiento

El crecimiento de la aviación y la evolución de las aeronaves obligaron a Barajas a transformar progresivamente sus instalaciones. En 1944 se construyó la primera pista pavimentada, con una longitud aproximada de 1.400 metros.

La década de los cincuenta supuso otro importante salto. A mediados de esta década, Barajas recibía alrededor de medio millón de pasajeros al año. En 1954 comenzó la construcción de una nueva terminal, conocida posteriormente como Terminal Nacional, lo que actualmente conocemos como la T2. También se desarrollaron instalaciones destinadas al transporte de mercancías y al estacionamiento de aviones de carga. En 1965, el aeropuerto pasó a denominarse oficialmente Aeropuerto de Madrid-Barajas.

Durante los años setenta, la llegada de los grandes aviones comerciales volvió a transformar las necesidades del aeropuerto. La incorporación de los conocidos Jumbo, aviones compuestos por cuatro motores y con una gran capacidad para transportar personas, contribuyó al crecimiento del tráfico aéreo, que llegó a superar los cuatro millones de pasajeros anuales. En 1971 comenzaron las obras de una nueva terminal destinada al tráfico internacional, que posteriormente se convertiría en la actual T1.

Barajas comenzó así a consolidar una de sus funciones más importantes y con mayor reconocimiento: servir como punto de conexión entre Europa e Iberoamérica.

Durante la década de los noventa, el aeropuerto sumó una tercera pieza a su mapa de terminales. En 1997 se inauguró el llamado «Dique Norte», concebido como terminal exclusiva de Iberia para los vuelos del espacio Schengen. A finales de los noventa, hubo una reorganización y por ello pasó a conocerse como T3, aunque nunca llegó a funcionar como una terminal independiente: comparte con la T2 sus zonas de embarque y de recogida de equipajes, y hoy conserva únicamente un área de facturación propia.

La gran transformación: la T4

Con la llegada del siglo XXI, el crecimiento del tráfico aéreo hizo necesaria una nueva ampliación. En torno a los 2000 se puso en marcha el llamado Plan Barajas. Este se basaba en un aumento de la capacidad del aeropuerto. El proyecto contemplaba la construcción de nuevas pistas, una nueva torre de control y una gran área terminal. Dicha transformación culminó el 4 de febrero de 2006, cuando entraron en funcionamiento la actual T4 y su edificio satélite, la T4S.

La nueva infraestructura superaba los 750.000 metros cuadrados y contaba inicialmente con capacidad para unos 35 millones de pasajeros al año. Además, la ampliación permitió elevar la capacidad operativa del aeropuerto, calculando aproximadamente 120 vuelos por hora.

La T4 fue diseñada por los arquitectos Antonio Lamela y Richard Rogers. La terminal apostó por grandes espacios, abundante luz natural y un sistema de colorimetría para facilitar la orientación de los pasajeros.

El atentado de ETA en la T4

Sin embargo, la historia de Barajas estuvo marcada por momentos trágicos. Apenas unos meses después de la inauguración de la T4, el 30 de diciembre de 2006 a las 09:00 horas la banda terrorista ETA hizo explotar una furgoneta bomba en uno de los aparcamientos de la nueva terminal.

En el atentado murieron Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio y provocó numerosos daños materiales que obligaron a interrumpir temporalmente la actividad de la terminal.

Cambio de nombre

Durante décadas, el aeropuerto fue conocido como Madrid-Barajas, hasta que en 2014 volvió a cambiar su denominación.

Más concretamente el 24 de marzo de 2014, el Gobierno aprobó incorporar el nombre de Adolfo Suárez, primer presidente del Gobierno de la democracia española. Se buscaba homenajear su papel durante la Transición española y en la construcción de la democracia y la aprobación de la Constitución de 1978.

Desde entonces, su nombre oficial es Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas. De esta manera, el nombre actual mantiene la referencia histórica a Barajas y a su vez, rinde homenaje al político español.

95 años de historia

Desde aquel campo de vuelos construido sobre un terreno prácticamente vacío hasta las actuales terminales, han pasado 95 años. Barajas ha acompañado el crecimiento de Madrid, la evolución de la aviación y la transformación de los viajes aéreos.

El contraste resulta casi difícil de imaginar: los 2.873 pasajeros que cruzaron sus pistas en 1933, durante todo un año, son hoy los que pasan por una sola puerta de embarque en una tarde cualquiera. En 2025, se calculó que el aeropuerto movió más de 68 millones de viajeros. Del páramo yermo marcado por un círculo blanco pintado en el suelo al gran eje aéreo entre Europa e Iberoamérica: Barajas ha recorrido casi un siglo de historia para convertirse en lo que es hoy.

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