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Txeroki, exjefe militar de ETA

Violencia ETA

El historial de sangre de Txeroki, el violento etarra que rompió la tregua y ahora ha salido de prisión

Bajo su mando, ETA ejecutó algunos de sus ataques más notorios del siglo XXI

El gesto serio y la mirada huidiza de Garikoitz Aspiazu Rubina, Txeroki, se convirtieron durante años en uno de los más temidos del País Vasco y de la escena antiterrorista europea. Para el Estado español y Francia, era el jefe militar de ETA, responsable del fin de la tregua de 2006 y del atentado de la T-4 de Barajas, un símbolo del sector más duro de la banda. Para sus compañeros, era el organizador disciplinado que evitaba filtraciones y garantizaba que cada acción se ejecutara sin errores. Su rostro, apenas conocido públicamente hasta su detención en 2008, terminó siendo sinónimo de terrorismo en Occidente y de fidelidad al ideal armado para una fracción de la izquierda abertzale que aún apostaba por la confrontación.

Sus primeros años transcurrieron en Santutxu, un populoso barrio de Bilbao. Nacido en 1973, Garikoitz creció en calles donde la rutina cotidiana se mezclaba con la kale borroka. Hizo la catequesis en la parroquia de San Francisquito y estudió en la ikastola Karmelo. Allí, como recordaban antiguos compañeros y vecinos, era un adolescente «solitario», «que iba a su aire», pero que a veces se le veía colgando pancartas por los presos de ETA junto a otros jóvenes del entorno radical. Su vida ordinaria incluía salidas por los bares de Bilbao la Vieja y trabajos temporales, como camarero, en el corazón de la ribera, un barrio que hoy se ha regenerado, pero que entonces respiraba juventud y rebeldía.

A finales de los noventa, mientras estudiaba Educación Física en Vitoria, Aspiazu pasó desapercibido como alumno era flojito en clase, poco reflexivo, apartado del grupo. Su radicalización se aceleró a raíz de la ruptura del alto el fuego de ETA en 1998-1999 y su paso definitivo a la clandestinidad llegó en 2000, cuando ingresó formalmente en la banda y adoptó el alias de Txeroki. Desde entonces, su vida se centró en la estructura militar de ETA; primero como colaborador del comando Vizcaya, reconstruyéndolo tras detenciones, y más tarde como jefe coordinador de todos los comandos, encargado de planificar y supervisar atentados mortales.

Mientras tanto, en Francia se convirtió en la mano derecha de Mikel Albizu Antza y Soledad Iparraguirre, quienes le adiestraron en el uso de armas y explosivos, y a su vez Txeroki formó a nuevos comandos. La organización de la banda bajo su mando priorizaba la seguridad, evitando que los integrantes supieran demasiado unos de otros y limitando fugas de información. Según investigaciones posteriores, Txeroki incluso habría apretado él mismo el gatillo en el asesinato de los guardias civiles Fernando Trapero y Raúl Centeno en Capbreton en 2007, un acto que confirmó su implicación directa en la violencia.

Párking de la T4 (Madrid-Barajas) días después del atentado de ETA del 30 de diciembre de 2006

Bajo su mando, ETA ejecutó algunos de sus ataques más notorios del siglo XXI, como la colocación de bombas lapa contra el dirigente socialista Eduardo Madina, que le costó una pierna; la explosión de coches bomba en Bilbao y Amorebieta; y el atentado en la T-4 que acabó con la última tregua.

Con 22 causas pendientes, entre asesinatos y atentados, Txeroki fue condenado a más de 400 años de prisión. Sin embargo, no pasará su vida entre rejas. A partir de este lunes, se le ha concedido un permiso para dejar la cárcel de lunes a viernes, con el único requisito de regresar para dormir ahí. El último as en la manga del vecino «de ventana con ventana» de Santutxu, que se convirtió en uno de los rostros más visibles de esa ETA violenta y obsesionada con la disciplina, capaz de poner fin a un proceso de paz con un solo atentado.