Gucci, ni fu ni fa
La presencia majestuosa de Naty Abascal y de Olympia de Grecia, puntos fuertes del desfile
Nay Abascal, en el desfile de Gucci
Demna Gvasalia está sudando la camiseta. Desde su llegada a Gucci, con más miedo al fracaso que disfrute, se ha enfrentado con la dirección artística de la gran casa de modas florentina, que es la gallina de los huevos de oro del actual grupo Kering. Tras algún que otro «faux pas» en sus pasados proyectos, el economista del Este se ha visto favorecido con esta magnífica opción profesional, tan apasionante como peligrosa.
Es fácil imaginar la presión con la que se encuentra internamente un hombre tosco y rebelde, venido de la Georgia de la Unión Soviética, cuya bandera ha sido escandalizar al público, ahora a cargo de una verdadera «vache à lait» que durante años ha pagado las nóminas de Kering. Entre briefings e instrucciones varias, ha conseguido acercarse al estilo «Guccisiano» de la era de Tom Ford, nunca acertando ni en la sobriedad chic ni en el justo punto «sexy» que el diseñador texano daba a sus colecciones.
Olympia de Grecia desfiló con un modelo muy «Gucci de la época Ford»
Por lo tanto, la colección presentada para la primavera verano 2027 ha salido como una especie de ni fu ni fa, ni frio ni caliente, ni Don Pedro ni Periquillo. En detalle, decir que lideraron la buena impresión de la colección las prendas clásicas como las gabardinas, especialmente la llevada por la monumental Naty Abascal, que desfiló espectacular.
También fueron muy «Gucci de la época Ford» los vestidos de lycra largos con aberturas, los conjuntos de falda y cazadora/chaqueta como el que llevó la divina Olympia de Grecia y unos gigantescos abrigos de pieles sobre pantalones negros y faldas. Con salones de tacón finísimo y bolsos retomados de los años 2000, esos conjuntos fueron una versión interesante -casi réplicas, en realidad- del trabajo de Tom Ford en su día. No en vano, el georgiano cuenta con un archivo impecable de las colecciones desde los años 20.
Pero de repente, zaca: apareció una serie de modelos vestidas con breeches de montar blancos, botas altas negras ad hoc y chaquetas ceñidas, casi como traídas directamente de Equus en Madrid o de Pariani en Milán. Como mucho, se diría que replicó por completo algunas colecciones de Polo Ralph Lauren de décadas pasadas, en las que solo hubieran faltado jerseys azul cielo con coderas de ante y un polo a juego.
La modelo Rosie Huntington-Whiteley
Ya sabemos que Guccio Gucci empezó con su tiendecita de Florencia con algunos accesorios de viaje inspirados en los que llevaban sus clientes del hotel Savoy de Londres -donde él portaba las maletas- en ocasiones inspirados en el mundo ecuestre británico. Pero la mezcla entre las prendas de noche sensuales para un Nueva York de Studio 54 en los años 80 y los conjuntos de equitación casi sacados de un catálogo de hípica de los años 90 o de una entrega de premios en el Club de Campo, no casan bien.
La moda ecuestre también estuvo presente en el desfile
Demna, consciente de la ensalada de estilos que ha empaquetado tras mucho corta y pega, ha declarado: «Necesito entender qué identidades de Gucci son las que elijo como base de mi visión. Así que tengo por un lado a la aristócrata, por otro a la snob, y finalmente a la excéntrica… y las he puesto a todas juntas, porque de lo contrario no sería Gucci. Necesitaba encontrar un equilibrio entre las tres para crear así una nueva identidad». Las declaraciones denotan que este hombre no sabe a qué mujer va, ni conoce a fondo el estilo femenino al que se dirige: lo expone todo con la esperanza de que el conjunto de lugar a un buen mix. A ver si la próxima temporada el georgiano se encuentra más cómodo y deja de presentar una fiesta de disfraces, un desfile excesivamente interpretado.