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Alba Abiega

Alba Abiega, directora de la bodega Alba En Ribera

Una experta en vino revela el error más frecuente que estropea una botella de tinto

Alba Abiega, directora de la bodega Alba en Ribera, explica las claves para conservar un vino sin que afecta a su calidad

Un vino mal conservado puede generar un dolor de cabeza mayor que el de una resaca. Bien lo sabe Alba Abiega, directora de la bodega Alba en Ribera, en Olmedillo de Roa (Burgos). «Yo diría que uno de los mayores errores es guardar vinos que no son de guarda. La mayoría de los vinos tintos tienen una evolución parecida a una campana de Gauss: mejoran durante un tiempo después del embotellado —exceptuando, lógicamente, los vinos pensados para consumirse muy jóvenes—, pasan por una fase en la que su consumo es óptimo y, finalmente, empiezan a perder calidad, frescura y expresión», declara en conversación con El Debate. «Por eso, tan importante como conservar bien un vino es consumirlo en el momento adecuado. No todos los vinos mejoran indefinidamente por el simple hecho de guardarlos», comienza explicando.

«A partir de ahí, lo ideal es conservar las botellas sin exposición directa a la luz y en unas condiciones de temperatura y humedad relativamente constantes. La razón es sencilla: los cambios importantes de temperatura provocan dilataciones y contracciones tanto en el vino como en los materiales de cierre, principalmente el corcho. Esto puede facilitar la entrada de oxígeno y acelerar la evolución del vino».

Alba Abiega

Alba Abiega

Alba Abiega abandonó a finales de 2024 un puesto de alta dirección en Tesla para regresar a sus orígenes y continuar con el proyecto de su padre Enrique, un vasco que compró una parcela de 18 hectáreas de viñedo a finales de los años 90. Reconoce que es un pena ver cómo después del trabajo que hay en una botella el consumidor no sabe conservarla. Explica que el principal problema una vez abierta una botella es la oxidación provocada por el contacto del vino con el aire. Un poco de oxígeno al abrirla puede incluso ser positivo y ayudar a que el vino se abra y exprese mejor sus aromas; el problema aparece cuando esa exposición se prolonga.

«Cuando hablamos de oxidación, lo que nota el consumidor es que el vino va perdiendo precisamente aquello que queremos encontrar cuando abrimos una botella: fruta, frescura, aromas y viveza. Poco a poco se vuelve más plano, cambia su expresión y empiezan a aparecer aromas más evolucionados. También puede cambiar el color: los blancos tienden a oscurecerse y los tintos van perdiendo sus tonos más vivos».

Vinos blancos

En el caso de los blancos, una vez abiertos recomienda conservarlos siempre en la nevera y bien cerrados. Con el corcho o tapón normal, como regla general, no recomendaría tener una botella abierta más de 3 o 4 días si queremos disfrutarla en buenas condiciones.

El vaivén térmico, con ciclos continuos de calor y frío, hace que tanto el vino como los materiales de cierre, principalmente el corcho, se dilaten y contraigan. Esto puede favorecer la entrada de aire a través del cierre y acelerar la oxidación y la evolución del vino.

«Más que obsesionarnos con una temperatura exacta, lo importante es que sea fresca y, sobre todo, estable. Como referencia, un entorno alrededor de los 12–14 °C es muy bueno para conservar vino».

Guardar botellas en la cocina, encima o al lado de la nevera, cerca del horno o en un trastero que alcanza temperaturas muy altas en verano son algunos de los errores más habituales.

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